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¿Conoces el poder de la actitud mental positiva?

Edwin Carpio San Miguel | Activo$ Bolivia

Considerado como el escritor estadounidense más prestigioso en la literatura de autoayuda y superación personal, Napoleón Hill fue asesor de varios presidentes de Estados Unidos, entre ellos Woodrow Wilson y Franklin D. Roosevelt y su obra “Piense y hágase rico (Think and Grow Rich)” se encuentra en las más clásicas y vendidas en todo el mundo.

“Piense y hágase rico” es un libro publicado el año 1937 en Estados Unidos, en un periodo económico crítico conocido como “La Gran Recesión”. Desde su publicación ha vendido más de 70 millones de copias legales y es catalogado como la guía práctica de negocios más relevante del siglo XX.

Sus sucesivas ediciones están nutridas de enriquecedores testimonios de muchas personalidades del campo empresarial, político, deportivo y científico, entre otros. A través de una serie de artículos de la obra de Hill descubriremos los 13 pasos hacía la riqueza.

“Los pensamientos son cosas” afirma el escritor y con este punto de partida hilvana lo que en el interior de la persona debe crecer, vale decir, esa fuerza que le permita al individuo obligar a la vida a decir que SÍ en lugar de NO a los planes que se traza. Pero los pensamientos pueden ser poderosos si se combinan con “firmeza de propósito, perseverancia y un ardiente deseo de traducirlo en riqueza”, remarca Hill.

El deseo y la determinación son vitales a la hora de conseguir tus objetivos.

BARNES Y EDISON

En su obra, Hill cuenta que Edwin C. Barnes era un empleado común y corriente norteamericano, pero tenía un ardiente deseo de ser el socio industrial del gran Thomas Alva Edison.

Sin embargo, ese su anhelo tenía dos grandes dificultades: no conocía personalmente a Edison y no tenía el dinero para costearse un boleto de tren hasta New Jersey, donde estaba la oficina del inventor.

Pese a las dificultades, los deseos de Barnes eran más fuertes que sus limitaciones. Consiguió tocar a la puerta del despacho de Edison y declaró su deseo de ser socio industrial.

Su determinación impresionó a Edison y viendo la firme determinación del joven le dio la oportunidad trabajar con él, pero no como su socio sino como empleado en su compañía con un salario normal.

Los sueños de Barnes no se aplacaron con el tiempo y crecían cada vez más. “La oportunidad tiene el hábito de llegar por la puerta trasera, parece disfrazarse de desgracia o derrota temporal. Tal vez esa sea la razón por la que muchos se retiran de la carrera hacia sus sueños, porque no logran reconocer la oportunidad en su esencia”, comenta Napoleón Hill.

Edison acababa de inventar un nuevo dispositivo para oficinas conocido como Máquina Dictadora Edison, pero todos los vendedores habían perdido la esperanza de vender el equipo y dudaban de su éxito.

Barnes vio una oportunidad y la tomó como un león hambriento que tiene a su presa frente a él y le aseguró a Edison que podía vender el nuevo invento. Esa tarea fue tan exitosa que Edison firmó a Barnes un contrato para vender la máquina por todo el país y ser su socio comercial.

Así, Barnes se hizo rico en dinero, pero también dejó en claro que su determinación era muy fuerte y que uno puede «meditar y hacerse rico».

El afamado escritor norteamericano Napoleón Hill.

ABANDONAR DEMASIADO PRONTO

Otra historia interesante se remonta a la época de la «fiebre del oro» en los Estados Unidos. La anécdota corresponde al tío de R. U. Darby quien partió hacia el Oeste en busca de oro.

Luego de tres semanas de dura labor, encontró el codiciado mineral; no obstante, necesitaba maquinaria y otros instrumentos para extraerlo.

De regresó a su ciudad convocó a sus amigos y parientes comentando su gran hallazgo e hizo una colecta para comprar la maquinaria necesaria para su proyecto. Ya en la mina, extrajo la primera vagoneta del mineral y no tardó en enviarlo a fundir comprobando que estaba en posesión de una de las minas más ricas de Colorado.

Las excavaciones prosiguieron, pero luego la veta desapareció y ya no había oro. El minero comenzó a desesperarse y a excavar con mayor ímpetu, pero los resultados fueron iguales. Finalmente, abandonó la mina y vendió todo lo que había a un chatarrero que por unos cientos de dólares.

El hombre que compró la chatarra contrató a un ingeniero de minas para que estudiara el yacimiento abandonado y el resultado fue que las fallas geológicas demostraron que la veta de oro se había movido exactamente a un metro de distancia desde su origen. ¡Y allí fue exactamente donde se hallaba la veta de nuevo!

El hombre ganó millones porque buscó el consejo de un experto antes de abandonar la partida.

Tiempo después, Darby recordó que perdió una fortuna por haberse detenido a tres pies del oro, pero la experiencia le dejó la enseñanza de no rendirse demasiado pronto.

Según Hill, cientos de hombres de éxito de Norteamérica le confesaron que su mayor éxito lo obtuvieron al dar un paso más allá del punto de la derrota. “El fracaso es un bromista que posee un agudo sentido de la ironía. Le divierte colocar zancadillas cuando uno está a punto de alcanzar el éxito”, señala el escritor.

FORD Y EL MOTOR IMPOSIBLE

Cuando Henry Ford decidió fabricar su famoso motor V8 y pensó en construir un equipo en el que 8 cilindros trabajasen de manera simultánea, lo encargó a sus ingenieros, quienes luego de muchas pruebas y fracasos declararon «imposible» esa misión.

«De todos modos, fabríquenlo», fue la orden del magnate y añadió: “Dedíquense a esa tarea hasta que logren el éxito, no importa cuánto tarden».

No había remedio, había que ejecutar el proyecto. Pasaron seis meses sin novedades y los ingenieros reforzaban su idea con la palabra «imposible». Al finalizar el año, Ford se volvió a reunir con los ingenieros para decirles que prosigan en su esfuerzo.

“¡Quiero ese motor y lo conseguiré!”. Esa fuerte determinación hizo posible lo que parecía imposible y una vez más venció el magnate en esta nueva empresa.

Para Napoléon Hill, Ford era un hombre de éxito porque su deseo, determinación y plena seguridad de lo que quería eran mayor que cualquier obstáculo.

“Al igual que Henry Ford, usted puede transmitir su propia fe y perseverancia a otros y hacer que se haga bien lo imposible. Cualquier cosa que puede concebir y creer la mente humana podrá conseguirse”, concluye el escritor.