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El humo de los anticuchos es buena señal

La venta de anticuchos de Ronald Rosales y su esposa Paola en la Av. Beijing y Av. Juan de la Rosa.

Por Luzgardo Muruá Pará | Activo$ Bolivia – Cochabamba

Aún falta una cuadra para llegar a la intersección de dos avenidas, pero, desde ya, se avista un espiral de humo que se eleva y trae consigo un deleitoso efluvio a cocido. Son los anticuchos que Ronald Rosales y su esposa Paola Aguilar estofan a todo vapor en su pequeña parrilla, cuyo aromático sahumerio se esparce y se traduce en señal inequívoca de que la comida vuelve a las calles de Cochabamba y la normalidad comienza a mover la economía, muy a pesar del invisible Covid–19, que insiste en quedarse.

«Poco a poco uno se hace conocer. Depende de la atención que uno brinde para que la gente vuelva», enseña Ronald quien, desde hace unos días, a las 18.00, planta su mesita y enciende su parrilla en la esquina de las avenidas Beijing y Juan de la Rosa, y allí se queda asando sus anticuchos hasta las 21.30.

Ahora se instala con más tranquilidad que hace una semana ya que, desde el lunes 14 de septiembre, los restaurantes y todos los negocios relacionados con comida han reabierto sus puertas, con el aval de la Alcaldía, después de un mes y medio de engorrosos trámites.  

De acuerdo con la presidente de la Asociación de Empresarios de Restaurantes y Ramas Afines (Aserac), Vivian Cardona, «la reapertura de los restaurantes se está desarrollando de manera paulatina», por lo que, en estos primeros días, sólo un 15% ha rehabilitado su negocio. Sin embargo, abriga la esperanza que, hasta el siguiente mes, el porcentaje supere el 50%. Pero eso dependerá, además, del control que se tenga sobre el abominable Covid–19.

Ronald y Paola no pertenecen a ninguna asociación, quizás porque jamás pensaron que ingresarían al rubro de la comida de un día para otro. Dada la pandemia, Ronald fue cesado del área de catering de la aerolínea BoA. Su esposa, Paola, trabajaba en una panadería, pero ésta cerró y a ella también la despidieron.

«Hay que sobrellevar la situación. Hay que ver a qué uno puede meterse y generar algo de dinero. Si uno quiere es posible. Depende de uno si quiere salir adelante», se autogestiona Ronald mientras cuenta algunas monedas para dar cambio a uno de sus clientes. Aparte del negocio de los anticuchos, este hombre labura de taxista durante el día. Cuenta 35 años y su esposa 26.

El humo y olor de los anticuchos presagia que la normalidad vuelve a Cochabamba.

La comida mueve

En un recorrido por la avenida América, la más comercial y gastronómica de Cochabamba, se nota un mayor movimiento de comensales. Es que en esta arteria radican las sucursales de comida más renombradas de la ciudad. Están, por ejemplo, Pollos Panchita, Tropical Chicken, Pollos Don Lucho, Gibas, Chicken’s Kingdom, De Pura Carne, Pollos América, Hamburguesas Frankfurt, Casa Campestre, Pollos Tasty, en fin.

Pero estos restaurantes son ligas mayores con relación a los anticuchos de Ronald. Por cierto, no descarta agrandar el negocio. De hecho, los primeros días, su venta llegaba a Bs 40. Hoy oscila entre Bs 100 y Bs 150, vendiendo a Bs 3 cada anticucho. Claro está, escoltado por sus papitas ahumadas y aderezado con su placentera llajua de maní. A ello le ha sumado chorizos «normales» y chorizos parrilleros.

Mientras tanto, la Aserac, la Asociación de Chef de Bolivia (ACB), el Movimiento de Integración Gastronómico Boliviano (MIGA), la Federación de Actividades Turísticas y Entretenimiento de Cochabamba (Fatec), la Cámara de Industria de Cochabamba, la Cervecería Boliviana Nacional y la Asociación de Cerveceros Artesanales (Acerart) reman lo más que pueden para sobreponerse a la crisis. Exigen a la Comuna, sin embargo, que así como a ellos se les obliga a cumplir un extenso protocolo de bioseguridad, también se les exija a los negocios que no tributan.

La titular de Aserac, Vivian Cardona, menciona como ejemplo negocios de comida de la zona sur, donde pasan por alto las medidas sanitarias, cuya consecuencia lógica es que el Covid–19 haga de las suyas y la cuarentena se prolongue para todos.

Como sea, muchos comensales han comenzado a postear fotos manducando en los restaurantes, lo cual dista mucho de cuando estos permanecían con candados en sus puertas cuando ingresó la pandemia.

Ronald, por su lado, asegura que seguirá sahumando sus anticuchos en plena esquina, porque de ello depende alimentar a sus tres hijos de 9, 7 y 5 años. Eso sí, está consciente que la agradable humareda que desprende sus anticuchos es una excelente señal para él y para la economía de la Capital Gastronómica de Bolivia.

La comida callejera es una de las esencias de la gastronomía cochabambina.