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El rubro gastronómico, al borde de un ataque de nervios

Edwin Carpio San Miguel | Activo$ Bolivia

Parafraseando al director de cine Pedro Almodóvar, podría decirse que el rubro gastronómico de Cochabamba se encuentra al “borde de un ataque de nervios”.

La crisis en el sector gastronómico no ha pasado y de ello da cuenta el presidente de la Asociación de Empresarios de Restaurantes y Ramas Afines Cochabamba (Aserac), Tonny Salazar. “El sector está en sobrevivencia. Es crítica la situación porque cuando hay el anuncio de una ola de contagios, golpea directamente al gremio, genera temor en la gente, que está más preocupada en preservar su vida y otras obligaciones que en acudir a los restaurantes”, declaró.

Señaló que Aserac trabaja generando varios convenios y acuerdos para que los socios puedan salir de la crisis. Parte de ese trabajo es promover la marca “Cochabamba, ciudad creativa en gastronomía”, un proyecto lanzado por la Alcaldía de Cochabamba, en el marco de un convenio suscrito con la Organización de Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (Unesco).

El objetivo, según Salazar, es revalorizar la gastronomía regional como centro generador de identidad cultural, constructor de la cadena de valor con miras a la reactivación económica y gestor cultural inagotable a largo plazo.

Silpancho, uno de los platos emblema de la cocina cochabambina.

Un sector altamente generador de empleo

Aserac cuenta con 135 afiliados cuyos restaurantes, en algunos casos, tienen sucursales o son franquiciables, informó Salazar. Pese a la situación adversa, han seguido remando contra la corriente.

Según datos recopilados por Aserac, a mayo de 2021, en Cochabamba, había alrededor de 5.500 establecimientos que generaban 100 mil fuentes de empleo, datos que muestran el gran impacto que tiene la gastronomía en la economía local. Es por eso que nuevas restricciones, cuarentenas flexibles o rígidas hacen inestable la situación del negocio y de sus trabajadores.

Reactivar el sector no será nada fácil, asegura el líder gremial; pero varias iniciativas han permitido mejorar los protocolos de bioseguridad y una de ellas fue la de crear el “Sello Restaurante Seguro” para devolver a los clientes la confianza en gremio.

Tener delante un plato cochabambino es mirar toda la cadera productiva, el trabajo de muchas personas: las manos de los agricultores, de los proveedores, el transporte, los cocineros, personal de servicio y todos los que intervienen. Es por eso que este sector batalla para mantener la nariz fuera del agua y superar la crisis.