Jenny Cartagena | Activo$ Bolivia

Motivado por las imágenes que le compartió un amigo desde Chile sobre el uso de colchones especiales, fabricados en el exterior a raíz de la pandemia, para acostar boca abajo a los pacientes con COVID-19, Osmar Zurita Sánchez empezó a trabajar para replicar el diseño, sacar los moldes y fabricarlo para los centros médicos interesados.

Pero no se contentó con replicar el modelo. Su pasión por el diseño de muebles sumada a los requerimientos de los pacientes y estudios médicos difundidos en la web, realizó algunos ajustes en el diseño del cojín y le adaptó fibra siliconada para dar mayor comodidad a los enfermos.

Es un colchón que, además de estar hecho con materiales especiales, tiene aberturas en caso de que el paciente necesite ser entubado y se ajusta a la anotomía de las personas.

En marzo del 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó que los pacientes hospitalizados con COVID-19, con dificultades respiratorias agudas, deben ser acostados boca abajo durante varios días porque esta posición, conocida como decúbito prono, permite mejorar la oxigenación y puede evitar el uso de un ventilador.

El colchón para pacientes COVID-19 fabricado por Osmar Zurita.

Se trata de una antigua técnica, usada en las unidades de terapia intensiva con pacientes entubados y sedados. Con la crisis sanitaria, el concepto cambió y se utilizó en los hospitales del mundo porque permite que las funciones del pulmón que, normalmente están hacia abajo y hacia atrás, se inviertan. Quedan así más liberados, mejorando la ventilación, el flujo sanguíneo y la posibilidad de eliminar fácilmente las secreciones, razones por las cuales la OMS recomendó su uso.

Un ensayo clínico colaborativo internacional, coordinado por el Hospital Universitario de Tours (Francia) y publicado en la prestigiosa revista científica The Lancet Respiratory Medicine, demostró que la posición de decúbito prono, es decir, colocar al paciente boca abajo, mejora la evolución de los pacientes con COVID-19 grave y tratados con oxigenoterapia de alto flujo.

Respaldado en estos reportes, porque no cuenta con aval médico específico, admite Osmar Zurita, en la cuarentena de 2020 fabricó su primer colchón. Pero como en ese momento no era muy conocido en el país, no tuvo la respuesta esperada y solo vendió uno.

En 2021, la situación cambió, le contactó el dueño de una tienda importadora de camillas, sillas de ruedas y equipamiento médico que había visto el producto ofertado a través de Facebook y le propuso comercializar los colchones. Las ventas comenzaron a aumentar.

Cuenta que visitó varios hospitales y clínicas para ofrecer el producto, pero no tuvo éxito, al parecer porque su costo no es muy accesible. Cada uno cuesta 900 bolivianos debido a que están hechos de materiales de alta calidad y puede ser utilizado por personas con peso superior a los 100 kilos. Para hacerlo más económico, diseñó un nuevo modelo, más simple, y a un costo de 400 bolivianos.

Inquietud por innovar

La fabricación de los colchones y el diseño gráfico no son la única dedicación de Osmar. Además de cursar el penúltimo semestre de la carrera de Administración de Empresas y practicar atletismo, es una “máquina” de ideas innovadoras y emprendimientos que le generen ingresos para autosustentarse.

Diseñó llaveros portacelulares en 2018 y también unos ganchos sujetadores de bolsas de mercado, dos iniciativas que tuvo que abandonar, en el primer caso por el alto costo de los materiales y en el segundo caso por la demora en el registro (patente) del producto.

Participó, con dos compañeras de la universidad, en el Challenge 2018 de la NASA con la propuesta de paneles publicitarios hechos con musgos de colores. El objetivo era contribuir a la absorción del dióxido de carbono del aire y reducir el calentamiento global. Quedaron calificados entre los 100 mejores proyectos entre 2.800 que se presentaron.

“Me gusta dibujar, hacer planos, hacer diseños de muebles. Soy muy detallista en los trabajos que realizo, por lo que las mismas personas que me encargaron muebles me hacen publicidad, y paralelamente a la universidad, siempre estoy ideando cosas. Todo por sobrevivir y ayudar a mi familia”, señala Osmar.