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LUIS LAREDO ARELLANO: Con la industria en los genes

Por: Sandra Arias L. | Activo$ Bolivia

Es el nuevo presidente de la Federación de Entidades Empresariales Privadas de Cochabamba (FEPC), pero no es nuevo en las lides empresariales ni en posiciones de liderazgo.

Su carrera comenzó en la Cámara Junior Internacional (JCI, por sus siglas en inglés), pero su historia familiar permite deducir que fue mucho antes, alrededor de los 9 años, cuando su padre, Jaime Laredo, iba a recogerle del Instituto Americano, donde estudiaba, y hacía que le acompañara a terminar sus labores del día.

Así, el niño, sin saberlo, presenciaba reuniones donde se tomaban decisiones en empresas que fueron parte de la historia de Cochabamba, como Coboce y Comaco, o instituciones como la Cámara Departamental de la Construcción de Cochabamba (Cadeco).

La huella que dejó la familia
Laredo padre fue fundador de Coboce, donde ocupó el cargo de presidente del Consejo de Administración por varias gestiones. También fue presidente de Cadeco, porque era gerente general de la empresa Comaco, que a la vez conformó la empresa constructora Fameco, de la que también estaba a cargo porque esa firma empleaba los materiales de construcción de Comaco. Esas tareas lo llevaron a ser segundo vicepresidente de Cadeco en aquella época.

Como es lógico para un niño, las conversaciones de negocios resultaban aburridas; pero aprendió los principios que regían la vida de su padre, como la honestidad, el valor del trabajo y la importancia del esfuerzo para lograr algo.

“Creo que lo primero que heredé de mi papá es ser querendón de su tierra. Era un cochabambino acérrimo y siempre apostó por Cochabamba. Nos motivaba a que siempre que decidamos hacer algo, lo hagamos bien, no a medias ni con mediocridad y a que salgamos siempre por la puerta, nunca por la ventana. Era una persona sumamente honesta y un hombre muy estricto”, relata Luis Laredo.

Un hecho que siente que significó una lección de vida para él y sus hermanos fue lo ocurrido en los años 80, en la época de la desdolarización. “Muchos empresarios tuvieron grandes oportunidades, mucha gente hizo dinero. Mi papá tuvo la oportunidad de sacar un préstamo en dólares y pagar con centavos porque, en ese momento, un gran amigo suyo tenía el poder de decisión sobre los créditos; pero mi papá dijo: No lo voy a hacer, no voy a manchar mi apellido. Y creo que eso nos marcó”.

“Creo que lo primero que heredé de mi papá es ser querendón de su tierra. Era un cochabambino acérrimo y siempre apostó por Cochabamba. Nos motivaba a que siempre que decidamos hacer algo, lo hagamos bien, no a medias ni con mediocridad y a que salgamos siempre por la puerta, nunca por la ventana. Era una persona sumamente honesta y un hombre muy estricto”.

El equilibrio maternal
La madre, doña Elba Arellano, equilibraba la rigidez de su esposo dando a sus hijos mucha calidez y dedicación que se extendía también a los compañeros de colegio. El empresario recuerda que su casa de la avenida Papa Paulo, donde nació, siempre estaba llena de amigos y su madre tenía atenciones con todos, mimándolos con la comida como buena cochabambina.

“¡Oh, mi mamá! Era de un carácter dulce, era muy buena. En la época de colegio, mi casa siempre estaba llena de gente, con amigos míos y de mis hermanos. Yo nací en la Muyurina, frente al mercadito de la avenida Papa Paulo donde viví toda mi vida, y mi mamá siempre era muy acogedora. Todos nuestros compañeros se acuerdan de ella. Ha sido un pilar fundamental para mi papá, él tenía un carácter fuerte, pero detrás de esa fortaleza estaba el apoyo de mi mamá”.

Una propia industria
La familia tuvo que enfrentar la muerte de uno de sus hijos y los hermanos Laredo Arellano, cuatro varones y una mujer, continuaron creciendo y formándose; mientras, su padre, Ingeniero Civil, maduraba la idea de emprender.

Siempre trabajó en el rubro de la construcción, estuvo en una empresa que hizo la apertura del camino a Villa Tunari, también en la Empresa de Luz y Fuerza Eléctrica Cochabamba (Elfec), con el tendido de redes, y después pasó a Comaco, donde empezó a innovar con materiales de construcción en una época en que solo se usaba cemento, adobe o ladrillo común.

Laredo recuerda que su padre siempre tuvo la idea de tener su propia fábrica de materiales de construcción, pero no haciendo lo mismo que la competencia, porque el cemento era caro, pesado y no servía para pisos, por eso vio como mejor opción fabricar cerámica y así nació Cerámica Cimco Ltda.

En aquella época, sólo había dos fábricas muy pequeñas, que ahora ya no existen, y Cimco era de una talla mayor. Se estableció con el concurso de los tíos paternos, pero Laredo padre era accionista mayoritario con el 70%. “Ahí íbamos a trabajar con mis hermanos, desde ahí empezamos a hacer empresa con el ánimo de hacer construcciones también, algo que logramos después, hicimos varias”.

El empuje paternal
El padre orientó a uno de los hermanos Laredo a terminar el ciclo intermedio en el Instituto Americano y luego pasar a lo que ahora es Infocal, para egresar como técnico medio en construcción y Luis también iba a seguir ese camino; pero Infocal cerró por un tiempo, así que concluyó el bachillerato en el colegio con la idea de estudiar ingeniería mecánica y terminó graduándose como ingeniero mecánico electricista.

Su vida profesional se fue afianzando en Cimco, donde desde 1991 ocupó el cargo de jefe de Producción, desde 1996 fue gerente técnico y desde 2006 hasta la fecha, tras el fallecimiento de su hermano, ocupa el cargo de gerente general.

“Mi hermano estaba a cargo, por un tema generacional le tocaba a él dirigir la empresa. Yo era más técnico, mi idea era dedicarme a la planta, por eso me especialicé en Administración de la Producción. Si hubiera sabido que iba a estar aquí, dirigiendo mi empresa, pienso que debí estudiar Ingeniería Industrial; pero así se dieron las cosas, sin saber nada entré a comandar Cimco. Uno va aprendiendo y haciendo”.

Hubo un tiempo en el que su vida pudo tomar otro rumbo y fue durante su formación académica en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). Tenía un docente medianamente joven con el que tenía mucha afinidad, quien detectó que Laredo sentía fascinación por los motores y mucha habilidad para poner a punto cualquier vehículo. Como en Argentina había mucha actividad con las carreras de autos, le propuso quedarse y abrir un taller mecánico para preparar vehículos de competición. Luis no aceptó la propuesta, pero admite que, actualmente, saca tiempo al tiempo para dedicarse a su pasión y, recientemente, armó una camioneta antigua.

23 años de liderazgo
En la familia Laredo, hacer empresa parece ser una cuestión de genes y algo similar sucede con las dotes de liderazgo. Laredo recuerda que cuando comenzó a formar parte de la JCI, en una encuesta interna le preguntaron cuáles eran sus expectativas en esa organización y él respondió: ser presidente de la JCI Cochabamba.

Y lo consiguió. En una conferencia de área, que es como se denomina a una conferencia de las Américas, fue reconocido como el mejor presidente del área en 1998.

“Es un reto que me impuse y lo logré. También tuve algunos cargos nacionales, fui vicepresidente nacional y secretario nacional por cuatro años. Cuando tenía que ser presidente nacional, las circunstancias de la vida no lo permitieron, enfermó mi esposa y, como uno tiene prioridades, dejé eso”, recordó. Su esposa falleció y él quedó a cargo de sus dos hijos.

Años después, su hermano Jaime, que era presidente de la Cámara Departamental de Industrias de Cochabamba, le motivó a formar parte de esa institución. En 2006, Luis ingresó a la Cámara como director, cargo que ocupó durante varias gestiones y fue en esa época que se propuso reflotar el sello “Hecho en Bolivia”, que había sido lanzado en 2001, e impulsó una agresiva campaña.

En 2011, cuando ocupó el cargo de presidente de los industriales cochabambinos, se cumplieron 10 años del sello y en su gestión surgió la propuesta de crear la Fundación Hecho en Bolivia, de la que actualmente también es presidente.

Hace 15 años que vive la experiencia de ser un industrial, tarea que disfruta, pero que considera “quijotesca” por la falta de incentivos a uno de los sectores económicos que genera empleo y riqueza para el país. Sobre los emprendedores del siglo XXI, considera que tienen mejores herramientas, pero deben saber aprovecharlas. Aconseja no rendirse ante la primera caída y ser persistentes.

“Si uno tropieza, tiene la obligación de levantarse y continuar. No es imposible emprender una actividad empresarial, hay que ponerle ganas y perseverar”.

Luis Laredo reflexiona sobre lo que es hacer empresa y les dice a los jóvenes que no deben rendirse ante la primera caída y ser persistentes.