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No lamentes tus errores; mejor aprende de ellos

Edwin Carpio San Miguel | Activo$ Bolivia

«Los hombres sensatos no se sientan para lamentar sus pérdidas, sino que procuran animosamente reparar sus daños», dijo Shakespeare, frase con la cual descubriremos otra faceta de la incómoda “preocupación” junto al gurú de la felicidad, el escritor norteamericano Dale Carnegie.

Siempre inquieto por identificar a la camaleónica “preocupación” y luchar contra ella, el escritor narra varias historias para fundamentar sus fórmulas y sabias recomendaciones para que la gente pueda disfrutar de una vida plena.

Admirador del destacado periodista y editor norteamericano Fred Fuller Shedd, Carnegie destaca de él su don para exponer una “vieja verdad” de manera diferente y pintoresca.

Comenta que, en una ocasión, Fulleer Shedd, al dirigirse a unos estudiantes que se graduaban, preguntó si alguno de ellos había aserrado alguna vez madera. La mayoría asintió. Luego indagó: ¿cuántos habían aserrado el aserrín? Nadie levantó la mano. Shedd exclamó: “¡Desde luego, ustedes no pueden aserrar el aserrín! Ha sido aserrado ya y lo mismo ocurre con el pasado. Cuando uno comienza a preocuparse por cosas que han pasado y acabado, no hace otra cosa que empeñarse en aserrar el aserrín”.

Es preciso ver los errores como oportunidades de aprendizaje para lograr el crecimiento personal.

Carnegie señala que las personas –por lo general- suelen sin ninguna lógica quedar estancadas en algo que ya pasó y que no se puede reparar ni remediar con preocuparse.

Para el escritor, solo existe una forma de que el pasado pueda ser constructivo y consiste en analizar con calma los errores, sacar de ellos provechosas enseñanzas y olvidarlos.

NO LLORES SOBRE LA LECHE DERRAMADA

“No lloremos nunca sobre la leche derramada”, dijo un profesor a sus alumnos en los ambientes de un laboratorio, tras dejar caer y quebrar una botella de leche sobre el lavadero. A continuación, pidió a sus alumnos contemplar de cerca lo ocurrido y evidenciar cómo esa leche desaparecía por el desagüe.

“Nada que pudiera hacerse sería suficiente para recoger gota a gota la leche y lo único por hacer es olvidarlo y seguir adelante. Pero, muchas veces, las personas suelen complicarse sin ningún beneficio aserrando el aserrín”, afirma es escritor.

Si aplicáramos los proverbios milenarios no harían falta los consejos. Sin embargo, el autor asegura que el conocimiento no es poder hasta que es aplicado y su propósito, como investigador del comportamiento humano, es motivar a la gente es hacerlo.

JACK DEMPSEY Y LA ACEPTACIÓN

En otra oportunidad, Dale Carnegie cuenta que compartió una cena con el afamado campeón mundial (1919 y 1926) de peso pesado William Harrison «Jack» Dempsey, donde el excampeón le contó cómo perdió el campeonato ante su compatriota Gene Tunney.

“En medio del combate, comprendí que había envejecido… Al final de la décima vuelta estaba todavía de pie, pero eso era todo… Mi rostro estaba hinchado y cortado y mis ojos casi cerrados… Vi que el árbitro levantaba el brazo de Tunney en señal de victoria… Ya no era campeón del mundo. Un año después combatí de nuevo con Tunney. Pero era inútil. Estaba acabado para siempre. Era difícil no preocuparse, pero me dije: ‘No voy a vivir en el pasado. ¡Voy a aguantar este golpe en la barbilla y a no dejarme tumbar!”, contó el excampeón.

Finalmente, Jack Dempsey aceptó su derrota; pero ya no se preocupó por ello, se concentró en los planes para el futuro y lo hizo dirigiendo el Restaurante Jack Dempsey de Broadway y el Gran Hotel del Norte de la Calle 57.

Asimismo, organizó combates de boxeo y dio exhibiciones, ocupándose en actividades constructivas de modo que no tuvo tiempo ni ganas para preocuparse por el pasado.

«Mi vida ha sido más feliz en estos últimos diez años que en mis tiempos de campeón», aseguró Dempsey y con eso evitó “aserrar el aserrín”

LA CÁRCEL DE SING SING

En otra oportunidad, Carnegie cuenta que visitó la cárcel de Sing Sing y quedó muy impresionado al ver a los presos muy felices como si estuvieran libertad.

Lo comentó con el alcaide de la cárcel, Lewis E. Lawes, quien le dijo que, al principio, los criminales llegaban muy resentidos y amargados; pero luego de unos meses, la mayoría lograba borrar de su espíritu sus desdichas, se adaptaba, aceptaba la prisión y trataba de sacar el mayor provecho de su situación.

Con todas sus investigaciones, Carnegie insiste en que se debe asumir que lo pasado pertenece al pasado y más bien se debe dar lugar a la reflexión interna para que los errores cometidos sean enseñanzas que permita proyectarse y crecer.