Saltar al contenido
Portada » Ucureña atesora campeones y nadie lo sabe

Ucureña atesora campeones y nadie lo sabe

Alan y Shanti García Grágeda, los hermanos que acumulan casi 100 medallas de sus competiciones ganadas.

Por Luzgardo Muruá Pará

Ella ayuda en la cocina cuando no acude a la «U»; él reparte los platos en el restaurante; ella sueña ser ingeniera, él profesor. Ambos suman 98 medallas, cerca de treinta trofeos y un cúmulo de diplomas gracias a la destreza de sus pies. Nacieron en Ucureña, uno de los pintorescos pueblecitos del municipio de Cliza que apenas se lo recuerda cada 2 de agosto porque la historia cuenta que allí se acunó la Revolución Agraria del 53. También en Cureña se formó el primer Sindicato Agrario Campesino de Bolivia en 1936, en la Hacienda Santa Clara, y allí se creó la primera escuela campesina en 1937.

Ucureña, no obstante, discurre sus días sin muchas ínfulas, ensimismado como todos los pueblitos que salpican el Valle Alto, macerando su chicha de maíz, cultivando sus chacras, arreando sus animales o destilando sus anhelos de convertirse en un pueblo más grande, quizás más importante.

De este terruño son Shanti y Alan García Grágeda, los hermanos de 19 y 17 años que se descubrieron a sí mismos como atletas y a partir de ello forjaron su talento con sus propias manos, pero, sobre todo, con sus propios pies.

«Un día un compañero de curso me dijo si quería correr siete kilómetros en una competición en Arani. Corrí y salí en el puesto quince», rememora Shanti, quien hace dos años egresó del colegio Técnico Humanístico Nacional Ucureña y hoy cursa el cuarto semestre de Ingeniería Civil en la Universidad Mayor San Simón (UMSS).

Desde ese puesto 15 logrado aquel día, debió transcurrir un año para que finalmente levantara su primer trofeo y se colgara al cuello su primera medalla de ganadora. Lo consiguió en una competición en Quillacollo.

Alan, por su lado, dos años menor que su hermana, sentía en sus pies ese anhelante impulso de correr distancias largas desde pequeño. Pero recién comenzó en serio a sus 11 años, inscribiéndose en la única escuela de atletismo que por entonces había en Cliza. Lo propio que Shanti, un año después cosechó su primera medalla. Era la carrera clasificatoria para competir en Sucre. Ocupó el tercer cajón del podio.

«Luego de esa medalla, me entrené con más ganas, porque mi sueño siempre era representar a Cliza o a Cochabamba en campeonatos más importantes», reseña el atleta caracterizado por su caminar menudo, rostro de niño, tez morena y ademanes inquietos. Mide 1,60 metros, tres centímetros más que su hermana. En cualquiera de los casos, la estatura es lo de menos cuando se quiere ser grande.  

Parte de las medallas obtenidas por Alan y Shanti.

Carreras

Shanti, antes de lograr el primer lugar en Quillacollo, compitió en tantos certámenes pudo que le sirvieron de lección. Disputó la carrera Comteco 10 kilómetros a pesar que no conocía la ciudad ni la ruta. Se anotó en varios Cross Country de atletismo y desafió sus propias metas en la carrera de Los Reyes en la laguna Alalay. En este evento el tercer lugar fue su gloria.

Así fue forjándose, carrera tras carrera, incluida la del campeonato nacional de 2016 desarrollada en Santa Cruz donde, aparte de correr 3 mil metros y lograr el tercer puesto, pugnó en bala y lanzamiento de jabalina.

«Es el resultado del auto-entrenamiento», manifiesta escueta Shanti dejando que sus 59 medallas, su amalgama de trofeos y su manojo de diplomas que adornan su habitación hablen de su éxito por sí solos.

Cualquiera esperaría que la joven, a esas alturas, recibiera algún estímulo o patrocinio para fomentar su talento y agrandar sus logros, sin embargo, jamás nadie la respaldó, menos la financió, excepto sus padres.

Para Alan, en cambio, la medalla más importante fue la que obtuvo en el Cross Country de atletismo de la laguna Alalay, porque allí clasificó como uno de los mejores corredores que representaría a Cochabamba en un torneo nacional en Sucre.

Ese día, al trepar el podio y levantar el trofeo, como tantos otros que vendrían después, su pensamiento lo dirigió al cielo, donde está seguro radica su abuelo, Fermín Grágeda, su mentor y constante inspiración. Desde sus primeras carreras, su abuelito le exclamaba: «Tú puedes, Alan, tú tienes un don de corredor».

Así, guiado también por su entrenador, José Luis Delgadillo, corrió en certámenes locales, provinciales, departamentales y nacionales, acumulando 39 medallas, 10 trofeos y su fajo de diplomas.

En su caso, Alan sólo una vez recibió un reconocimiento aparte de los galardones protocolares: un par de tenis y una polera por parte de BancoSol.

Los trofeos de Shanti decoran su habitación.

«Gracias a mis padres»

Cuando se les solicita a Shanti y Alan hablar de algún momento difícil por el que hayan atravesado, ambos callan, la garganta se les hace un nudo, dirigen la mirada hacia la nada, como queriendo encontrar algo que no existe y lo saben. Fue un problema entre papá y mamá. «Lo básico para ser feliz: tener el amor de mis padres», se emociona Alan.

Shanti también se conmociona: «Quiero seguir el ejemplo de mis padres. Ellos siempre me han apoyado en todo, comenzando por ir a verme correr». Los papás son Pascual García y Rosemary Grágeda, ambos profesores. Por fortuna, toda la familia logró superar ese trance amargo. Hoy están más unidos que nunca.

Respecto de su natal Ucureña, Shanti implora que allí funcione una subalcaldía, para que sus autoridades se preocupen por construir infraestructuras deportivas. «Nuestras canchas son de tierra; hay una que estaban construyendo, pero la dejaron a medias», expresa decepcionada. 

En tanto, Alan anhela y sueña con que un día abran una escuela deportiva, porque «acá hay buenos futbolistas, buenos salonistas, sólo falta que los vean en los campeonatos y los apoyen».

Alan pone a punto su motocicleta para correr enduro, otra de sus pasiones.
 

Anhelos

Shanti no sólo piensa en obtener su titulación porque así mandan las reglas de la casa, sino porque es la mayor de sus tres hermanos, lo que le supone asumir la responsabilidad de ser el ejemplo para los más chicuelos.

A pesar que está convencida que la mujer cochabambina todo lo puede en la vida, le aconseja no decaer en absoluto ante las dificultades. Lo propio con la mujer boliviana: «lamentablemente existe mucha violencia machista, ante ello, la mujer no debe callar, eso no debe ocurrir», asegura.

Como deportista, rastrea las huellas de las salonistas Martha Chura y «La Peque» (María Cristina Gálvez), refrentes de esta disciplina en Bolivia. Pasa que Shanti también adora el fútbol sala. Es más, ya forma parte de la selección de la UMSS con la cual ya consiguió un subcampeonato interuniversitario nacional en Tarija.

En esta temporada de pandemia, al no poder acudir a sus clases de la «U», pica papas, saltea verduras, adereza carnes y hace un sinfín de cosas en la cocina con su mamá, preparando deliciosos platos criollos que sirve en El Escondite, vivienda y a la vez restaurante de la familia.

Alan, por su lado, se inspira en el Barcelona y suspira por el Wilster. Por ahora está concentrado en su examen de ingreso a la normal de Paracaya para ser profesor de primaria. También entrena ciclismo. Lo hace pedaleando por las rutas de Cliza, Villa Rivero, Punata y regresa a Ucureña, un tramo de 45 kilómetros. Su entrenador es su tío, Víctor Hugo. Igual se da tiempo para jugar baloncesto y voleibol. Como si eso fuera poco, no descarta entrarle a la música, porque cuando cursaba el colegio tocaba trompeta, tambor y tritón. «Música era mi materia preferida», revela y sonríe.

Mientras realiza todo ese bagaje de actividades, Alan ayuda en el restaurante. Es el que anota los pedidos, distribuye los platos en las mesas, limpia las sillas, las rocía con alcohol y coloca la música. Cuando no hay clientes, se pierde en un rincón de la casa donde está su moto. Hurga algún tornillo, empuña el manubrio y la acelera. Al parecer está lista. Alan también practica motociclismo enduro.

Así fluctúa la vida en Ucureña, la tierra donde a los lugareños se los denomina «Campesinos ch’ampaguerreros», por aquello de la revolución agraria. Pero, a estas alturas, está claro que Ucureña también es fecunda en fieros y apasionados deportistas, como los hermanos Shanti y Alan. Lo malo, como sucede con tantos talentos desperdigados en los pueblitos remotos, nadie lo sabe.

5.- Alan y Shanti muerden sus medallas como lo hacen los grandes ganadores.