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Vende hierbas 15 horas diarias para dar de comer a su familia

Por Edwin Miranda V. | Activo$ Bolivia–La Paz

La falta de oportunidades para generar dinero obligó a Eulalia Quispe, de 60 años, dedicar 15 horas diarias a comercializar hierbas medicinales en la ciudad de La Paz para llevar el sustento diario a su familia.

La ardua faena, que implica cargar aproximadamente 15 kilos de plantas curativas sobre los hombros, comienza a las 04.00 en el mercado Rodríguez, el más popular y emblemático de la capital paceña.

«Tengo que madrugar si quiero vender manzanilla, eucalipto, matico, romero y wira wira, a precio justo y barato», relata Quispe quien, sin un puesto de venta permanente, debe recorrer a diario el casco viejo de la ciudad para vender sus hierbas. Termina la jornada laboral pasada las 18.00.

La ciudadanía paceña que hasta antes que apareciera esta feroz pandemia, mantenía a distancia a la medicina tradicional, pero con el Covi–19 en la puerta de sus casas, cambió de actitud y ahora echan guiño a las plantas como una alternativa, accesible y barata, pero además efectiva para sanar el mal del Siglo XXI.

La venta a nivel urbano de las plantas medicinales está a cargo de los llamados «hierberos, hemolienteros, yerbateros y chifleras».

En los departamentos de La Paz, Oruro y Potosí la práctica de la medicina tradicional, por su alta diversidad cultural y biológica, es una actividad milenaria.

Así, las plantas medicinales son comercializadas en La Paz y El Alto mediante puestos urbanos atendidos por mujeres (chifleras) de origen aymara.

«Las señoras, los caballeros, jóvenes, incluso muchos profesionales, compran ahora lo que pueden y a precio de oportunidad, porque a falta de medicamentos, las hierbas sanan, curan y, sobre todo, ahuyentan la mortal enfermedad», refuerza la información Quispe.

Cien dólares en hierbas para comer al día

Para generar dinero y algo de plusvalía, Quispe debe invertir, a la semana, un promedio de Bs 700 ($us 100 dólares aproximadamente).

«Con suerte recupero el capital invertido, pero cuando el negocio va bien, llevo al bolsillo hasta Bs 200 por día, lo que significa que al final de los siete días, gano aproximadamente Bs 1.400; claro está, trabajando duro y, muchas veces, sin probar bocado», describe la mujer.

Para ganar clientes y alcanzar el rótulo de «caserita» (comerciante de confianza y preferencia habitual), Eulalia también proporciona consejos y recetas a quienes compran su producto.

Con firmeza señala cómo deben preparar las infusiones (mates), bajo qué condiciones beberlos y, sobre todo, a qué hora tienen que ser ingeridos, para que tengan la efectividad que buscan. «Aprendí algo de farmacia popular y aconsejo a la población que debe hacer para sanarse o prevenir enfermedades», explica y asegura que, como cualquier otro día, espera conseguir lo que busca: ganarse el pan del día para llevar sustento a la familia en medio de una pandemia que ha generado miles de desempleados.