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Willy Soria Arze, 50 años entre el huevo y la gallina

Edwin Carpio San Miguel | Activo$ Bolivia

Oriundo de Santiváñez y con 83 años de vida, Willy Soria Arze sigue velando por los intereses del gremio avícola desde su modesta oficina en la sede de la Asociación de Avicultores de Cochabamba (ADA), donde sus memorias reviven el medio siglo que esa institución cumplió hace unos meses y a la que preside.

De niño, vivió en la casa de su abuelo, un terrateniente de Santiváñez, rodeado de animales de granja. Estudió la primaria en su pueblo, luego se mudó a la ciudad de Cochabamba para continuar la secundaria y después egresó de la Facultad de Economía de la Universidad Mayor de San Simón.

Hablar de su vida es hablar del sector avícola de Cochabamba, su gran pasión.

El empresario avícola Willy Soria.

33 años, nada más…

Cuenta que, en 1970, a sus 33 años, recibió la visita de Hugo Murillo Daza, un ingeniero agrotécnico que tenía una hacienda en la zona de La Tamborada. Tenía maquinaria y equipos para montar una fábrica de alimento balanceado para aves y requería un administrador que se hiciera cargo de Molino San Sebastián.

“Después de muchos cabildeos con el ingeniero Murillo, acepté su propuesta de organizar y administrar la fábrica, aunque no sabía nada sobre alimentos balanceados”, comenta.

Por esos años había muy poca producción de pollo parrillero, era más usual la crianza de aves ponedoras de huevos y el alimento balanceado era importado de Estados Unidos.

Puesto en operación, Molino San Sebastián se convirtió en el punto de encuentro de los avicultores y fue donde se gestó ADA, justamente en la oficina del administrador, de la mano de personalidades como el exalcalde de Cochabamba Humberto Coronel Rivas, el propio Hugo Murillo, Raúl Rivera, José Quiroga y Soria, quien fue nombrado Tesorero.

El gremio creció rápidamente y surgió la inquietud de producir pollo parrillero, pero había un problema: en Bolivia no había aves reproductoras de pollo bebé, había que importarlas de Estados Unidos.

“Luego de mucho esfuerzo y gestiones, se crea la Empresa Avícola Boliviana y se hace cargo de la cría del pollo bebé y funcionaba en Santa Cruz, no en Cochabamba, debido la altura”, recuerda Soria.

Una nueva actividad productiva había surgido en el país y fue tildada como “la burguesía huevera de Cochabamba” por el desaparecido líder del PS-1, Marcelo Quiroga Santa Cruz.

Willy Soria en su oficina de la Asociación de Avicultores de Cochabamba.

El Cóndor contra los pollos

Como ave carroñera, el Plan Cóndor ensombreció el país con la dictadura de los años 70. Intervino las instituciones privadas y produjo la primera crisis en el seno de ADA.

Solo el gobierno de facto podía nombrar a coordinadores en el sector privado y, para fortuna de los avícolas, Willy Soria emergió como uno de ellos.

Durante el régimen militar, Cochabamba incrementó la producción de carne de pollo, copando el 70% del mercado nacional con presencia en Oruro, El Alto y La Paz.

Todo iba muy bien hasta que, a fines de los años 70, la pandemia Newcastle llegó al país y arrasó con casi todas las aves de granja. Una dura lección que motivó a los avicultores a crear un organismo sanitario.

Gracias a gestiones realizadas ante Naciones Unidas y la FAO, ADA consiguió financiar la construcción del primer laboratorio de patología aviar, que funcionó donde ahora se encuentra el Senasag. Actualmente, ADA tiene sus propios laboratorios bien equipados.

Willy Soria recibe un reconocimiento por su trayectoria de parte de la FEPC, a principios de 2020.

Al fin sede propia

Contar con sede propia era el sueño de los avicultores que peregrinaron por años entre casas de amigos y oficinas temporales.

Durante la década de los 80, considerada como la de los años dorados para los avícolas, la carne de pollo llegó a costar tres veces más que la de res, era un alimento suntuoso consumido solo en ocasiones muy especiales, recuerda el entrevistado.

El gobierno de entonces solicitó a los avícolas no subir el precio y, en compensación, les dotarían vehículos con liberación total de aranceles para mejorar su producción.

La iniciativa prosperó, pero solo se redujo el 50% de los aranceles: 30 vehículos se otorgaron a los productores de carne de pollo y 30 a los productores de huevo.

En retribución, la casa automotriz regaló dos vehículos al entonces presidente de ADA. Soria los rechazó, pero después los aceptó a condición de que se fueran registrados a nombre de la institución.

Con uno de los vehículos, gestionó la permuta por un terreno de 2.000 metros cuadrados y con el dinero del otro construyó la anhelada sede avícola que ahora poseen con orgullo en el kilómetro 6 de la avenida Blanco Galindo.

El directivo empresarial es la memoria viviente de los avicultores. Aún no ve a su sucesor en el cargo que ocupa, pero confía en que la fortaleza institucional legada será la guía para las futuras generaciones.

Cuando a los productores avícolas de Cochabamba se les pregunta ¿quién fue primero, el huevo o la gallina? Ellos responden: Willy Soria Arze.

Willy Soria junto a un asociado de ADA Cochabamba cuando se celebraban los 46 años de la institución.

Mujer, niña y amiga

El primer ministro inglés Winston Churchill solía decir: “Detrás de un gran hombre hay una gran mujer”. Willy Soria no comparte esa visión porque su esposa Alina Kauffmann siempre estaba delante suyo.

Su compañera, musa, cómplice y quien lo gobernaba, como confiesa él mismo, ya no está a su lado; hace cuatro meses el cáncer le arrebató la vida. El dolor de esa pérdida se adivina en el rostro parco de Soria cuando pronuncia su nombre.

Cruceña de ascendencia alemana, Alina era una mujer fuerte, disciplinada, organizada. “Si tenía que pelar pollos hasta amanecerse, lo hacía; si tenía que conducir una peta o un camión de diez toneladas, lo hacía; si tenía que salir a vender al mercado, lo hacía. Sin ella no hubiera logrado nada”, así retrata el longevo a su compañera, a quien involucró en el sector avícola. Willy producía pollo parrillero y Alina dirigía una granja de gallinas ponedoras.

El año de 1970 significa mucho para Soria: se involucró con los avícolas sin conocer nada del rubro; fundó ADA sin criar un solo pollo bebé y contrajo nupcias con Alina, sin pensarlo dos veces.