
Sandra Arias Lazcano | Activo$ Bolivia
Hace siete años, una necesidad concreta abrió la puerta a una oportunidad. El empresario Willian Camacho Sandoval y la arquitecta y diseñadora de interiores Mónica Ramírez García comenzaron a notar un patrón entre sus clientes en Cochabamba y era que necesitaban materiales e insumos de construcción, novedosos y de calidad. Esa brecha fue el punto de partida de una importadora que hoy compite en un mercado exigente.
Así nació Importadora Camacho, que comenzó a proveer al mercado productos de alta gama como porcelanatos, cerámicas, pisos flotantes, revestimientos y una amplia variedad de zócalos que, con el tiempo, se convertirían en una de sus principales fortalezas.
Primeros desafíos
Camacho, gerente de la importadora, recuerda que emprender en este rubro no fue sencillo. La incertidumbre del mercado, la competencia con empresas consolidadas y la búsqueda de proveedores confiables marcaron los primeros años. Brasil y China aparecieron como aliados estratégicos, no solo por volumen, sino por su capacidad de innovación constante.
El reto no era solo importar, sino hacerlo bien. Garantizar calidad, negociar precios y construir confianza con clientes que ya tenían referentes en el sector fue parte del aprendizaje.
El punto de quiebre
El crecimiento llegó con una fórmula que combina precio competitivo y atención personalizada. Para Camacho, ese fue el verdadero punto de inflexión y la empresa comenzó a consolidarse cuando los clientes no solo compraban, sino que regresaban.
La cercanía con el consumidor final permitió entender mejor sus necesidades. No se trataba solo de vender materiales, sino de asesorar en colores, instalación y uso. Ese acompañamiento marcó una diferencia en un mercado donde el servicio suele ser impersonal.
A pesar de la escasez de divisas y las tensiones económicas, la empresa decidió mantener una política de precios estables. Mientras otros incrementaban costos, ellos optaron por ajustes mínimos. El resultado fue inesperado pues, en tiempos difíciles, las ventas mejoraron.

Tendencias globales
La construcción ya no responde solo a la necesidad, sino también a la estética y la innovación. Arquitectos e ingenieros marcan el ritmo de las tendencias, influenciados por redes sociales y dinámicas globales.
En ese escenario, la empresa busca mantenerse actualizada. Nuevos formatos, colores y materiales llegan constantemente, especialmente desde China, hoy uno de los principales centros de producción mundial. Entre los productos más demandados destaca el piso SPC, valorado por su resistencia y versatilidad.
Expansión
El crecimiento llevó a cruzar fronteras internas. Hace dos años, la empresa abrió su primera sucursal en Santa Cruz de la Sierra, un mercado más grande, pero también más competitivo.
Allí, la lógica cambia. Mientras en Cochabamba el cliente prioriza precio, en Santa Cruz la calidad pesa más. Adaptarse a esas diferencias ha sido clave para avanzar en un entorno que el propio Camacho describe como una lucha entre pequeños y grandes actores.

Clientes y estrategia
El consumidor final y los constructores independientes son el núcleo del negocio. A diferencia de grandes constructoras que ya tienen proveedores definidos, este segmento busca asesoramiento, variedad y precios accesibles.
La empresa responde con rapidez logística, stock propio y una red de proveedores que permite atender pedidos específicos en tiempos competitivos.
Mirada al futuro
El desafío ahora está en consolidar el crecimiento. La apuesta por redes sociales, la incorporación de tecnología para gestionar inventarios y la ampliación de operaciones en Santa Cruz forman parte de la hoja de ruta.
Pero más allá de la expansión, hay un principio que se mantiene. Ser justos con el cliente. En un mercado donde la confianza puede romperse fácilmente, la reputación se construye en cada venta.