
Sandra Arias Lazcano | Activo$ Bolivia
Hay vocaciones que no nacen de un instante, sino de una escena repetida en la memoria. Para el doctor Daniel Coscio Salinas, la medicina no fue una revelación súbita, sino una presencia constante en la figura de su padre atendiendo pacientes en la rutina silenciosa de una consulta. Desde niño, sentado junto al escritorio paterno, comenzó a construir una idea de lo que significaba sanar.
Esa imagen temprana se convirtió en su destino. No solo eligió la medicina, sino también la misma especialidad: la otorrinolaringología. Una decisión que, más que una herencia, fue una continuidad consciente. “Quise seguir sus pasos”, dice con naturalidad, como quien entiende que algunas elecciones están profundamente ligadas a la identidad.
Formación y mirada integral
Su formación comenzó en Cochabamba, en la Universidad del Valle, y se consolidó en México, donde realizó su especialidad en la UNAM y una subespecialidad en cirugía y patología de oído. Fue también en ese país donde incorporó a sus destrezas la gestión empresarial. Trabajar en una clínica privada le permitió observar que la medicina no solo se ejerce, también se organiza, se proyecta y se mejora.
De regreso en Bolivia, hace ya más de dos décadas, retomó el legado familiar y lo amplió. Actualmente, su práctica combina experiencia clínica, tecnología de punta y una lógica de crecimiento sostenido. Su enfoque está en brindar al paciente todas las herramientas posibles para llegar a un diagnóstico certero y, sobre todo, a un tratamiento efectivo.
La medicina como resultado
Si algo define su manera de ejercer la medicina, es el pragmatismo. En un contexto donde los costos de los medicamentos han aumentado, el doctor Coscio prioriza tratamientos accesibles y efectivos. El éxito, explica, no está solo en el diagnóstico, sino en la recuperación real del paciente. Y en algo más silencioso, pero igual de poderoso: la recomendación.
Escuchar más allá del síntoma
Sin embargo, detrás de esa lógica técnica, hay también una dimensión humana que se ha ido afinando con los años. Escuchar —en el sentido más amplio— es parte esencial de su práctica. No solo los síntomas, sino las historias. Pacientes que llegan con dolencias y se quedan conversando sobre su vida. Otros que buscan, más que una respuesta médica, una contención.
En ese vínculo cotidiano ha aprendido que la empatía no es un añadido, sino una herramienta clínica. Entender al paciente en su contexto permite también entender mejor su enfermedad y también asegurarse de recetar tratamientos accesibles.

Lo que no se debe ignorar
En su experiencia, uno de los mayores desafíos es la subestimación de ciertos síntomas. La pérdida de audición, por ejemplo, suele atribuirse a causas menores, como un tapón de cera, cuando en algunos casos puede tratarse de una urgencia médica, como la hipoacusia súbita.
El problema no es solo la falta de diagnóstico, sino el tiempo porque muchas personas esperan que el malestar desaparezca por sí solo, perdiendo así oportunidades clave de tratamiento.
Las señales de alerta son claras: disminución auditiva, zumbidos, vértigo. Síntomas que, aunque a veces transitorios, pueden ser indicio de condiciones más complejas. La prevención, insiste, sigue siendo una tarea pendiente. La mayoría de las personas acude al especialista solo cuando el problema ya afecta su calidad de vida.
En ciudades como Cochabamba, además, existen factores adicionales. La contaminación no es solo ambiental, también es sonora. La exposición constante a ruidos por encima de los 80 decibeles puede generar daños progresivos en la audición. Un riesgo invisible, pero acumulativo.
Tecnología que transforma
Frente a este panorama, la tecnología ha transformado radicalmente su especialidad. Por ejemplo, dispositivos como los implantes cocleares permiten que personas con sordera recuperen la capacidad de escuchar. Procedimientos mínimamente invasivos mejoran la voz de profesionales que dependen de ella. Y técnicas como la rinoplastia ultrasónica combinan precisión funcional y estética.
Pero quizás uno de los avances más relevantes está en la comprensión del sueño. Trastornos como el ronquido o la apnea, antes normalizados, hoy se abordan como problemas de salud que afectan directamente el descanso, el rendimiento y la calidad de vida.

Acceso y conocimiento
A pesar de estos avances, el acceso no es el principal obstáculo. Según el doctor Coscio, muchos de estos estudios y tratamientos son más accesibles de lo que se cree. El verdadero problema es la falta de información. Saber que existen soluciones sigue siendo, en muchos casos, el primer paso.
Por eso, cuando se le pregunta por hábitos esenciales, su respuesta es: descanso adecuado, alimentación equilibrada y controles médicos periódicos. Tres prácticas básicas que, sin embargo, suelen ser postergadas.
Un desafío estructural
En paralelo a su labor clínica, también enfrenta un desafío estructural y es la escasez de especialistas. Aunque su propio centro ha contribuido a la formación de nuevos otorrinolaringólogos, considera que aún es insuficiente para cubrir la demanda. La necesidad de fortalecer el recurso humano es, a su juicio, una prioridad en el sistema de salud.
Atención integral
Mirando hacia adelante, su visión combina expansión y coherencia. Su objetivo es llevar el modelo de atención de CeoPlus, su centro especializado, a otras ciudades, manteniendo estándares de calidad y formando equipos capaces de replicar esa experiencia. No se trata solo de crecer, sino de asegurar que cada paciente, en cualquier lugar, reciba una atención integral.
En el fondo, su trayectoria es una extensión de aquella escena inicial: un niño observando, aprendiendo sin saber que algún día estaría del otro lado del escritorio. Después de más de veinte años de ejercicio, esa vocación sigue intacta. Escuchar, entender y curar. En ese orden.