
Redacción | Activo$ Bolivia
Ocho de cada 10 personas ocupadas en Bolivia trabajan en la informalidad, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) correspondientes al primer semestre de 2025. Frente a esta realidad, la Fundación Milenio plantea cambiar el enfoque: que la formalidad no sea solamente una lista de obligaciones, sino una herramienta que permita a las empresas vender más, acceder a crédito, invertir, crecer y generar empleo.
La propuesta forma parte de un estudio desarrollado por la Fundación Milenio con apoyo del Centro Internacional para la Empresa Privada (CIPE), dentro del proyecto regional “Avanzando las libertades económicas en América Latina”.
El análisis identifica un círculo en el que la informalidad, la baja productividad y el escaso crecimiento empresarial se refuerzan, especialmente en los negocios pequeños.
“Cuando las personas pueden decidir cómo trabajar, producir, invertir y competir con el menor número de obstáculos innecesarios, se crean las condiciones para que los habitantes de un país puedan prosperar”, señaló Morgan King, gerente de Programas para América Latina y el Caribe de CIPE.
Formalizarse no garantiza crecer
Para una pequeña empresa, registrarse, obtener permisos y cumplir obligaciones no necesariamente significa conseguir mejores clientes o acceder a financiamiento.
Tener un NIT no garantiza mayores ventas y estar registrado tampoco asegura automáticamente un crédito. Por ello, la investigación propone entender la formalización como un proceso que debe conducir hacia mayor productividad, ventas, empleo, inversión y acceso a financiamiento.
La evidencia analizada muestra que las empresas con mayores niveles de formalidad tienden a ser también más grandes y productivas, registran mayores ventas, generan más empleo y tienen mejores posibilidades de acceder al crédito.
El desafío, por tanto, es lograr que los beneficios de ser formal sean más visibles que los costos de cumplir las reglas, especialmente para los pequeños negocios.
Henry Oporto, director ejecutivo de la Fundación Milenio, define esta propuesta como “libertad económica efectiva”, entendida como la posibilidad real de desarrollar actividades empresariales bajo reglas previsibles y con costos que no se conviertan en barreras para crecer.

Menos trámites y más oportunidades
Milenio identifica varias condiciones para reducir la informalidad de manera sostenible: simplificar los trámites y disminuir sus costos, facilitar el acceso al financiamiento, abrir oportunidades para llegar a nuevos mercados y fortalecer la seguridad jurídica de las inversiones, activos y contratos.
La apuesta es cambiar el círculo actual por otro en el que la formalidad contribuya a generar inversión, productividad, expansión empresarial y empleo.
El estudio también advierte que esta transformación no depende únicamente de las empresas. Las instituciones públicas tienen un papel central en el diseño y aplicación de reglas que pueden facilitar o dificultar el crecimiento.
Escuchar a quienes producen
Las conclusiones coinciden con el debate desarrollado en el foro regional “LATAM Sin Barreras”, realizado el 17 de septiembre en Bogotá, donde se analizaron investigaciones de Argentina, Bolivia, Colombia, El Salvador y Guatemala.
Uno de los puntos comunes fue que las decisiones públicas no siempre incorporan suficientemente las necesidades de quienes trabajan, producen e invierten.
Para una pequeña empresa, conocer los requisitos desde una oficina no es lo mismo que entender cuánto tiempo demanda realmente un trámite, cuánto cuesta, qué dificultades enfrenta el empresario y qué necesita después para crecer.
Por ello, el foro plantea fortalecer la descentralización junto con instituciones locales con mayor capacidad técnica y mecanismos efectivos para escuchar a empresas, trabajadores y ciudadanos.

Digitalizar no basta
Otro aprendizaje apunta a la aplicación de las normas. El problema no siempre es la cantidad de reglas, sino que pueden ser confusas, rígidas o interpretadas de manera diferente por distintas instituciones.
Esto puede traducirse en más trámites, documentos repetidos, costos y dudas para quienes buscan cumplir.
Entre las propuestas están la simplificación de procesos, digitalización, capacitación de funcionarios y empresarios, evaluación del impacto de nuevas regulaciones y diálogo permanente entre el sector público y quienes desarrollan actividades económicas.
Una recomendación es simplificar antes de digitalizar. Un trámite complejo no se vuelve necesariamente sencillo por pasar a internet si mantiene requisitos innecesarios o exige presentar varias veces la misma información.
Hacer que la formalidad abra puertas
Para Bolivia, el desafío es que formalizarse no implique únicamente asumir más costos y obligaciones. Si cumplir las reglas facilita acceder a crédito, conseguir nuevos clientes, participar en mercados, invertir y crecer, la formalidad puede convertirse en una herramienta de desarrollo empresarial.
Por ello, el reto no es solamente reducir la cantidad de trabajadores informales, sino hacer que ingresar y permanecer en la economía formal tenga un valor concreto para quienes producen y generan empleo.
La pregunta de fondo, según el planteamiento de Milenio, es qué obtiene una empresa cuando cumple las reglas y qué tan fácil es avanzar después de cumplirlas.
La respuesta puede marcar la diferencia entre una formalidad percibida como una carga y una formalidad que abra oportunidades de productividad, inversión y crecimiento.