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viernes, agosto 29, 2025
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Carol Ilievski y la coca legal que conquista al mundo

La empresaria orureña Carol Ilievski.

Sandra Arias Lazcano | Activo$ Bolivia

Cuando se piensa en industrialización de la hoja de coca, muchos imaginan debates políticos, obstáculos legales y promesas incumplidas. Pero Carol Ilievski, empresaria boliviana de mirada estratégica y agenda global, logró ir más allá de los discursos y creó una industria legal basada en la coca que ya factura millones, abastece a Europa, Asia y EE.UU., y ahora incursiona en el mundo de la cosmética de lujo, también usando coca. Todo esto, sin perder su esencia de ingeniera, su mirada humanista y su estilo de liderazgo firme, ético y metódico.

Su historia no empieza con trajes ejecutivos ni en un laboratorio de alta tecnología, sino con el legado familiar: un padre ingeniero y una madre gremialista. De ahí sacó la pasión por las ciencias exactas y el temple para liderar. Estudió ingeniería, luego economía y gobierno en Harvard, se especializó en administración y finanzas, y más tarde amplió su visión en filosofía, derecho y relaciones internacionales. También pasó por Oxford. ¿Suena a mucho? Sí, pero para Carol el tiempo se administra como una inversión: “Soy testimonio de que sí se puede construir una vida productiva sin sacrificar lo esencial”. Y lo ha demostrado.

Coca Blast, una revolución verde

Cuenta que, en 2009, mientras estudiaba en Harvard, presentó un proyecto en su clase de finanzas internacionales: una bebida energizante llamada Coca Blast, elaborada con hoja de coca “descocainizada” (sin cocaína u otros alcaloides psicoactivos). Lo que empezó como un experimento académico se transformó en una innovación de alto vuelo. Patentó la fórmula, registró la marca comercial y cedió los derechos por diez años a la empresa IMB Innovations en Estados Unidos. Sin embargo, cuando los acuerdos económicos no se cumplieron como esperaba, Carol tomó una decisión firme y guardó el producto; pero no la visión.

La industrialización de la hoja de coca se convirtió en un proyecto de vida. Hoy, su empresa produce más de 400 productos derivados de la hoja ancestral, desde suplementos hasta materia prima para otros laboratorios. Se venden en Europa, Australia, Estados Unidos y Japón, operando bajo estrictos estándares legales, con aprobaciones de la DEA, la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU.) y autoridades regulatorias internacionales. “Lo que el Estado boliviano no pudo hacer en décadas, nosotros lo hicimos con inversión, ciencia y visión”, asegura.

Carol Ilievski junto a su hijo, a quien cedió el manejo de sus negocios.

El arte de multiplicar coca sin escándalo

Para proteger sus fórmulas, Carol diseñó una estrategia digna de thriller corporativo y es que desarrolló cuatro híbridos de hoja de coca, cultivados en lugares tan dispares como Perú, Ecuador, Sri Lanka y Estados Unidos. Así evita que alguien pueda copiar sus productos, ya que cada variedad aporta una parte específica de la fórmula. “No tenemos patentes, tenemos trade secrets como Coca-Cola. Las patentes caducan; los secretos industriales, no”.

Las plantas procesadoras se encuentran en Charlotte (Carolina del Norte) y cerca de Boston. Desde ahí se ensamblan los ingredientes para producir lo que ella llama “coca legal”. Es un negocio global que opera lejos de los titulares políticos y con absoluta legalidad. Con tres tiendas online y dos centros de distribución, las ventas de su línea de suplementos oscilan entre los 5 y 10 millones de dólares anuales.

Coca en versión beauty

Después de años de trabajo legal e inversión en permisos y certificaciones, Carol ya tiene su nueva joya empresarial: Obelisk Beauty, una línea de cosméticos a base de coca. El proceso tomó dos años y más de 5 millones de dólares en trámites legales, además de otros 20 millones en patentes, desarrollo e infraestructura. Hoy, Obelisk Beauty tiene luz verde para vender en Japón, Suiza, Estados Unidos y la Unión Europea.

¿Una crema facial con coca? Sí. Y no, no te va a poner eufórica. Pero sí está diseñada para regenerar tejidos, hidratar y proteger la piel, con el aval de laboratorios y agencias de control internacionales. “Queríamos demostrar que la hoja de coca puede usarse de forma correcta, con ciencia y sin tabúes”, explica Carol.

¿Y la política?

Aunque su incursión en el ámbito político boliviano ha sido reciente, Carol prefiere hablar de logros tangibles, no de slogans. Por razones legales y éticas, cedió el manejo operativo de sus empresas a su hijo y esposo, ya que las reglas en EE.UU. impiden que personas políticamente expuestas (PEP) participen en compañías privadas. Hoy, desde Bolivia, observa, analiza y actúa como una ciudadana más; pero con un historial que la respalda y un liderazgo que no pasa desapercibido.

No se considera una outsider, pero tampoco encaja en los moldes de la política tradicional. Ha dicho públicamente que la administración pública necesita “menos populismo y más gestión”, y que las decisiones deben basarse en datos, evidencia y responsabilidad. Sin estridencias ni poses mesiánicas, busca posicionar un discurso técnico en un entorno saturado de promesas.

Convergencia Renovadora (CORE) es la sigla de su partido político y dice que ya fue aprobado por el Tribunal Supremo Electoral (TSE); pero decidieron no presentarse porque, al ser un partido nuevo, no llegarían al 3% de votación requerido para no perder su personería jurídica. Entonces, no abandona la política, sino que su objetivo próximo son las elecciones subnacionales. “Es una cuestión estratégica, que se maten entre los que están arriba por ahora, entre todos los emergentes, antiguos y demás”.

Mientras muchos aún debaten qué hacer con la hoja de coca, Carol Ilievski ya la transformó en bebidas, cápsulas, cremas y una marca internacional. ¿Cuál es la clave de su éxito empresarial? Tal vez esté en la ecuación entre ética, estrategia y una hoja milenaria que, en sus manos, dejó de ser un problema y se convirtió en una oportunidad que ella tomó.

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