
Redacción | Activo$ Bolivia
Arrancando este 2026, es importante mirar con lupa cómo le fue a la economía boliviana en 2025. Uno de los indicadores que más miraron analistas e inversionistas fue el Riesgo País, que tuvo un comportamiento intenso, volátil y, hacia el final del año, sorprendentemente favorable.
Según el análisis del economista Fernando Romero, el desempeño del Riesgo País boliviano en 2025 refleja más un cambio de expectativas que una transformación económica profunda. Aun así, el movimiento fue clave.
El Riesgo País de Bolivia en 2025
El Riesgo País, medido a través del EMBI de JP Morgan, cerró el 2025 en 673 puntos. Este indicador, que mide la percepción de riesgo sobre la deuda externa de un país, funciona de manera simple: a mayor puntaje, menor confianza para invertir.
Con ese nivel, Bolivia terminó como la segunda economía más riesgosa para invertir en América Latina y el Caribe, solo por detrás de Argentina y a apenas 112 puntos de distancia.
Pero ese dato final no cuenta toda la historia. Durante 2025, Bolivia tuvo un comportamiento extremo porque el Riesgo País llegó a un máximo de 2.242 puntos en abril, mientras que su nivel más bajo fue de 656 puntos en noviembre. El promedio anual fue alto con 1.599 puntos.

Un año partido en dos
Romero destaca que el 2025 fue un año claramente dividido. En el primer semestre, el Riesgo País se mantuvo elevado y persistente, reflejando dudas sobre la situación fiscal, la escasez de divisas y la sostenibilidad macroeconómica. En ese periodo, Bolivia era vista como una economía en estrés, pagando un “premio por riesgo” muy alto.
Sin embargo, todo cambió en el segundo semestre. Influido por las elecciones nacionales, el cambio de gobierno y una mayor apertura hacia la cooperación e inversión internacional, el Riesgo País comenzó a caer de forma sostenida.
Entre enero y diciembre de 2025, el indicador se redujo en 68%, y desde su punto más alto hasta el más bajo del año, la caída fue cercana al 70%. Ningún otro país de la región mostró un ajuste tan marcado en tan poco tiempo.
Un dato simbólico es el del 7 de noviembre de 2025, un día antes de la posesión del presidente Rodrigo Paz, el Riesgo País boliviano bajó de los 1.000 puntos por primera vez en más de dos años. Tres días después, ya estaba en 930 puntos.
En palabras simples, el mercado dejó de castigar a Bolivia de manera extrema, aunque todavía no la considera una apuesta segura.

¿Cómo quedó Bolivia frente a la región?
El 2025 fue complicado para casi toda América Latina. El Riesgo País global cerró el año en 231 puntos, mientras que el promedio latinoamericano se ubicó en 308 puntos. Bolivia, junto con Argentina y Venezuela, quedó en el grupo de economías con mayor percepción de riesgo.
La región no vivió una crisis generalizada, sino un proceso de diferenciación. Los inversionistas premiaron disciplina fiscal, estabilidad política y credibilidad institucional, y castigaron fragilidad e incertidumbre.
Países como Brasil, Chile, Perú, Colombia, Uruguay, Costa Rica y República Dominicana lograron reducir su Riesgo País gracias a políticas macroeconómicas más consistentes. En cambio, Argentina, Bolivia y Ecuador mantuvieron niveles altos, aunque más estables hacia el final del año.
El caso extremo sigue siendo Venezuela. Aunque su Riesgo País cayó en 2025, sigue en niveles extraordinariamente altos y sin acceso real a los mercados. Y el panorama para 2026 luce aún más complejo.
¿Qué nos dice todo esto?
La conclusión de Fernando Romero es que el Riesgo País se consolidó como un termómetro central de credibilidad económica. Bolivia logró una mejora importante en la segunda mitad de 2025, pero no por reformas estructurales de fondo, sino por un cambio en las expectativas del mercado.
Actualmente, un inversionista que quiera traer capital al país exigiría una rentabilidad cercana al 11%, casi la mitad de lo que pedía a mediados de 2025. Es una mejora, sí, pero todavía alta para estándares regionales.
El 2026 será clave para saber si Bolivia logra consolidar esta tregua del mercado o si el Riesgo País vuelve a subir. Por ahora, el mensaje es que el mercado dejó de castigar, pero todavía no confía del todo.