
Sandra Arias Lazcano | Activo$ Bolivia
En el corazón de una granja boliviana, hace un cuarto de siglo, comenzó una travesía que cambiaría para siempre la manera en que se vive la Navidad en miles de hogares del país. Era el año 2000 cuando Humberto Arana decidió apostar por un desafío poco explorado: la crianza de pavos.
Tras experiencias previas con pollo y pato y viendo una oportunidad en un mercado prácticamente virgen, Arana consolidó lo que hoy es Pavos Santa Isabel, una empresa familiar que ha crecido paso a paso hasta convertirse en referente nacional.
Los inicios
Comenzar no fue sencillo, el primer gran desafío fue conseguir el pavito BB, recuerda Arana. En ese entonces, debían importarlo desde Aristía, de Chile. Hoy llegan de Gramogen y San Fernando, de Perú. A ello se sumaban los extensos trámites y controles exigidos por el Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (SENASAG), necesarios para garantizar bioseguridad y sanidad. Sin embargo, la perseverancia pudo más.
Poco a poco, el mercado comenzó a responder, especialmente cuando la empresa empezó a difundir recetas, métodos de cocción y nuevas presentaciones que rompen la idea de que el pavo es un producto exclusivo de Navidad.
Con el pasar de los años, Pavos Santa Isabel triplicó su producción y, actualmente, alcanza las 10.000 unidades al año con presencia en todo el territorio nacional. Una red logística basada en cadena de frío garantiza la frescura y calidad del producto desde la granja hasta el consumidor final.

Innovación y sostenibilidad
Parte clave de ese crecimiento es el compromiso con la sostenibilidad. La empresa está alineada con ocho Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) e integra prácticas que cuidan el medioambiente, como la utilización de excremento como abono agrícola.
En la granja, los pavos son criados con insumos cuidadosamente seleccionados, alimentados con maíz y soya, lo que se refleja en un sabor limpio y auténtico. Para Arana, esa diferencia es clave. “Nuestro pavo es tierno y jugoso”, asegura con orgullo.
Las innovaciones también han sido decisivas. Desde sus inicios trabajan con comederos Giordano de Italia, bebederos Ziggity americanos y un sistema automático de control de temperatura que vela por el bienestar de las aves.
En la parte comercial, este año implementaron un chatbot para reservas mediante WhatsApp al 607-07011, una herramienta que facilita el proceso para el cliente, genera un QR de pago y automatiza todo el flujo de compra.

Variedad y valor de marca
Si bien el consumo de pavo en Bolivia aún es bajo (con 10.000 unidades en un país de casi 12 millones de habitantes), Santa Isabel ha sabido diversificar su portafolio. Además del tradicional pavo entero, ofrecen jamón de pavo, mortadela, jamón inglés, pasta de hígado, chorizo Viena, presas, piernas y muslos ahumados, carne molida y pechuga, lo que permite al consumidor usarlo cotidianamente como un producto que además protege la salud. “La gente está buscando proteínas magras, alimentos nutritivos y opciones versátiles; el pavo es todo eso”, afirma Arana.
La empresa ha apostado por educar al consumidor con recetas, calendarios temáticos y consejos de cocción. Según Arana, esto ha transformado la experiencia de muchas familias. “Los que han comenzado a cocinar con nuestras recetas no nos cambian; vuelven cada año”, comenta.
Pero quizá el valor más profundo de la marca está en su concepción de familia. Para Pavos Santa Isabel, la Navidad no es solo una cena, es un ritual de unión. Su eslogan, “El sabor que une a la familia”, resume un mensaje que Arana repite con convicción: “La preparación no debe recaer solo en la mamá. Toda la familia debe participar, disfrutar y construir ese momento compartido que hace inolvidable la fiesta”.
En medio de una competencia creciente y un mercado exigente, Pavos Santa Isabel mantiene la fortaleza de lo auténtico. Es una empresa familiar que produce para familias bolivianas, con calidad, compromiso y una visión sostenible.
Y aunque los próximos años no contemplan un crecimiento explosivo, Arana tiene clara su proyección de crecimiento anual del 10% , especialmente en embutidos. “Vamos a mantenernos firmes en lo que sabemos hacer bien”, dice con la confianza de quien conoce su rubro.
En cada mesa donde un pavo Santa Isabel se convierte en protagonista, se cuenta también una historia de trabajo honesto y tradición. Una historia que, como la Navidad misma, sigue alimentando unión, esperanza y sabor.