
Sandra Arias Lazcano | Activo$ Bolivia
Para el cirujano boliviano Guillermo Prudencio, elegir la cirugía bariátrica como especialidad no fue una decisión improvisada ni una moda médica. Su vocación comenzó durante su formación en cirugía general, cuando empezó a enfrentarse de cerca con una realidad que ya se perfilaba como uno de los mayores desafíos sanitarios del siglo XXI: el sobrepeso, la obesidad y las enfermedades metabólicas asociadas, como la diabetes.
“Son lo que hoy se llaman pandemias silenciosas”, explica. Según las proyecciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas patologías no solo seguirán creciendo, sino que acompañarán a las sociedades durante décadas. Comprender esa magnitud fue lo que terminó de convencerlo de especializarse en un área que no apunta a resolver un problema estético, sino a mejorar la salud pública y la calidad de vida de miles de personas.
Formado como médico en la Universidad Católica de Santa Cruz de la Sierra y especializado en cirugía general en la Caja Petrolera, Prudencio completó su preparación en cirugía laparoscópica y bariátrica en centros de referencia de Chile, Colombia y otros países de la región. A la fecha, con casi 15 años de experiencia, calcula haber intervenido quirúrgicamente a más de 2.500 pacientes.

Historias que marcan
A lo largo de su carrera, asegura que no hay un solo caso que lo haya marcado, sino cientos. “Cada paciente es una historia distinta”, dice. Los mensajes de agradecimiento, las palabras que hablan de una vida recuperada, de volver a moverse sin dolor o de reencontrarse con la autoestima, son el motor que lo impulsa a seguir.
La cirugía bariátrica, aclara, no pertenece al campo de la cirugía plástica. Es una intervención que transforma integralmente: el cuerpo, la mente y la vida social del paciente. Las limitaciones laborales, emocionales y personales que acompañan a la obesidad suelen ser invisibles para muchos, pero están siempre presentes. Superarlas es, para él, el verdadero éxito del procedimiento.
Una especialidad en plena evolución
La cirugía bariátrica ha cambiado radicalmente en los últimos años. De las cirugías abiertas se pasó a técnicas laparoscópicas cada vez más seguras y menos invasivas. Primero fue la manga gástrica, luego el bypass gástrico y, más recientemente, procedimientos avanzados como el mini bypass y las cirugías revisionales, destinadas a pacientes que presentan reganancia de peso o complicaciones años después de una primera intervención.
“El gran desafío es entender que la cirugía no es magia”, enfatiza. Existe lo que llama la “luna de miel” de la cirugía bariátrica, que puede durar entre ocho y diez años. Después, si no hay cambios reales en los hábitos, puede aparecer nuevamente el aumento de peso. Por eso, insiste, la disciplina debe ser de por vida.

Un trabajo en equipo
La cirugía bariátrica no funciona de manera aislada. Requiere un enfoque multidisciplinario que incluya nutricionistas, psicólogos y un seguimiento médico constante. “No se trata de quitar la comida y que el paciente sufra”, señala. Se trata de acompañar un proceso que también implica trabajar el hambre emocional, el entorno y la relación con la comida.
Uno de los errores más frecuentes es pensar que basta con operarse. La adaptación, especialmente en las primeras semanas, puede ser difícil, y la falta de disciplina es una de las principales causas de frustración. Por eso, el vínculo médico-paciente es clave. A diferencia de otras cirugías, aquí el seguimiento es permanente y genera una relación de confianza y empatía.
Mitos y realidades
Entre los mitos más comunes está la idea de que se trata de una cirugía de alto riesgo o que impide llevar una vida normal. Si bien existen riesgos, no son parte del “día a día” cuando se trabaja con protocolos y equipos certificados. Los pacientes pueden retomar sus actividades laborales y personales, aprendiendo a alimentarse de forma distinta.
Otro mito frecuente es que la suplementación con vitaminas y proteínas es para toda la vida. Con las técnicas actuales, esto no siempre es así y depende del tipo de cirugía y de la evolución de cada paciente.

Obesidad y salud pública
Para el Dr. Prudencio, la obesidad sigue sin ser abordada como un problema de salud pública en Bolivia y en gran parte de Sudamérica. La falta de programas preventivos, la alimentación poco saludable en escuelas, el crecimiento de la comida rápida y la ausencia de educación nutricional desde la familia han generado un escenario preocupante.
“El Estado actúa cuando el paciente ya está enfermo, no antes”, señala. Esto genera un impacto económico enorme en medicamentos, hospitalizaciones y tratamientos crónicos. La prevención, desde la infancia, sigue siendo una deuda pendiente.
Innovación y futuro
El manejo de la obesidad avanza también fuera del quirófano. Medicamentos inyectables, dispositivos endoscópicos y nuevas tecnologías ofrecen alternativas, aunque el cirujano advierte sobre el uso indiscriminado y sin control médico de estos tratamientos. “Son herramientas útiles, pero deben estar siempre bajo supervisión profesional”, remarca.
Formar a los que vienen
Además de su práctica clínica, el cirujano es docente universitario en pregrado y posgrado, y participa activamente en la formación de nuevas generaciones. Transmitir conocimiento, actualizar técnicas y formar profesionales responsables es, para él, parte esencial de su rol.
Actualmente, divide su trabajo entre el sistema público, en la Caja Petrolera de Santa Cruz, y el ámbito privado, en la Clínica Niño Jesús. Desde ambos espacios, sigue enfrentando una enfermedad que no hace ruido, pero que condiciona millones de vidas. Y lo hace con la convicción de que la cirugía bariátrica, bien entendida, no solo reduce kilos, sino que devuelve futuro.