27.3 C
Cochabamba
martes, abril 7, 2026
InicioEmpresasBARDERÓ y su historia de tenacidad

BARDERÓ y su historia de tenacidad

La marca BARDERÓ nació de la convicción y también de las cicatrices de su fundador, el ingeniero Juan Murillo Carrillo.

Edwin Carpio San Miguel | Activo$ Bolivia

En una planta industrial de Cochabamba, entre tanques de acero inoxidable y un olor tenue a alcohol destilado que anuncia que algo se está creando, toma forma una historia empresarial distinta. No es solo la historia de una marca de bebidas, sino la de una reconstrucción paciente. La marca BARDERÓ nació de la convicción (y también de las cicatrices) de su fundador, el ingeniero Juan Murillo Carrillo, quien ha vivido en carne propia los altibajos que marcan a la industria boliviana, que día a día enfrenta mercados pequeños, informalidad persistente, presión impositiva y trámites que ponen a prueba cualquier plan de crecimiento.

Un pasado que marcó el rumbo

Antes de pensar en botellas y mezclas listas para beber, Murillo fue protagonista en el sector avícola con la empresa Mr. Pollo, que llegó a posicionarse como la segunda más importante del país. Pero el contexto social y económico cambió drásticamente y la compañía no logró sostenerse.

La avicultura, como él mismo reconoce, es un negocio de márgenes estrechos y riesgos constantes porque tiene ciclos productivos cortos, sobreoferta recurrente y precios que se desploman cuando todos deciden producir al mismo tiempo. Con un producto perecedero, cualquier desequilibrio se paga caro. La empresa terminó cerrando tras intentar sostener deudas en un entorno que no daba respiro. Aquella experiencia, lejos de ser el final, se convirtió en el punto de partida de una nueva etapa.

Algunos de los productos de BARDERÓ.

Aprender para volver a empezar

Tras ese golpe, Murillo tuvo un breve paso por Bebidas S.A., donde entendió desde adentro la lógica comercial e industrial del negocio de bebidas. Ese aprendizaje fue decisivo. Hace casi 15 años, junto a su socio Johnny Cardona Castro, decidió apostar por una categoría que en Bolivia aún era incipiente, la de las bebidas alcohólicas listas para consumir o RTD (Ready To Drink).

La apuesta fue cuidadosa. Durante un año completo trabajaron en la identidad de marca, el diseño de botellas propias, etiquetas diferenciadas y formulaciones exclusivas. El objetivo era evitar productos genéricos fáciles de copiar en un mercado donde la informalidad puede diluir cualquier ventaja competitiva.

El portafolio inicial incluía Chuflay, Cuba y San Mateo. Con el tiempo, la realidad del mercado obligó a hacer ajustes. Actualmente, la línea se compone de Cuba, San Mateo, Mojito y Blue (una mezcla de guaraná con vodka), siendo San Mateo y Blue los favoritos del público.

La obsesión por la calidad

Uno de los sellos de BARDERÓ es su énfasis en la pureza del alcohol. A diferencia de muchas “bebidas fantasía” elaboradas principalmente con saborizantes, la empresa aplica procesos rigurosos de destilación y filtrado que buscan eliminar impurezas y reducir al máximo los efectos de la resaca.

El reposo del alcohol con chips de roble —una técnica inspirada en prácticas del mundo del vino— aporta notas más complejas al perfil sensorial sin necesidad de largos periodos de añejamiento. Es un detalle técnico que refleja su filosofía de competir con calidad incluso en un segmento de consumo masivo.

Juan Murillo Carrillo, fundador de BARDERÓ.

Golpe inesperado: la pandemia

Como para muchas empresas del rubro, la pandemia significó un golpe duro. Las restricciones a la venta de bebidas alcohólicas, los decomisos y los horarios limitados redujeron drásticamente la actividad. BARDERÓ acumuló deudas y tuvo que replantear su operación. “Fue empezar por segunda vez”, resume Murillo al recordar esa época.

La respuesta fue diversificar. Así nació la línea Melisa, bebidas funcionales sin alcohol orientadas al bienestar con opciones con vitaminas, minerales y fórmulas pensadas para apoyar la relajación. Aunque no alcanzan el volumen de las bebidas RTD, lograron posicionarse en supermercados dentro del segmento saludable.

Operar en un entorno desafiante

La producción se mantiene en Cochabamba, mientras la distribución alcanza todo el país. Los mercados más fuertes son Santa Cruz de la Sierra y La Paz, donde la empresa cuenta con presencia comercial. Antes del COVID-19, la plantilla superaba las 45 personas; hoy ronda las 25, apoyada por una red de distribuidores y mayoristas.

El modelo combina ventas directas a cadenas de supermercados con distribución en canales tradicionales, una estrategia flexible para adaptarse a un mercado que cambia rápidamente pero que también presenta límites estructurales para el crecimiento.

Mirar hacia adelante

El plan de expansión en Cochabamba se frenó por dificultades para obtener permisos y condiciones operativas. La decisión estratégica fue migrar parte del proyecto industrial. Por eso, la empresa adquirió un terreno en el parque industrial de Santa Cruz donde levantará una nueva planta.

El ambicioso objetivo es ingresar a la producción de licores como ron y vodka en nuevas presentaciones, tanto en vidrio como en lata, consolidando una oferta más amplia y competitiva.

Cochabamba, sin embargo, no quedará fuera del mapa. Se mantendrá como centro de distribución nacional, mientras el núcleo productivo se traslada a un entorno con mejores condiciones logísticas y regulatorias.

Una lección de resiliencia

La historia de BARDERÓ es, en esencia, un recordatorio de que emprender en Bolivia exige más que capital, requiere adaptabilidad, disciplina y la capacidad de reinventarse. De la quiebra en la avicultura al crecimiento en el sector de bebidas, el recorrido de sus fundadores refleja la resiliencia de quienes aprenden de las crisis y vuelven a apostar.

Porque, al final, detrás de cada botella hay algo más que una fórmula, hay una historia de persistencia que invita —literal y simbólicamente— a levantar el vaso y seguir adelante.

Dejar un comentario

¿Qué Te Parece la Noticia?

Reviews (0)

Este artículo aún no tiene reseñas.

Debes Leer