
Edwin Carpio San Miguel | Activo$ Bolivia
¿Será posible que de la aguja al ladrillo se pueda hilvanar una vida exitosa? De ello solo puede dar fe Álvaro Verduguez, quien hizo que su negocio de alta costura, donde priman el glamour y elegancia, se constituya en la piedra fundamental y primer escalón hacia su nueva actividad empresarial: el campo inmobiliario.
Verduguez, gerente propietario de la sastrería “El Corte Inglés”, se ha labrado un camino propio, uno donde cada decisión parece calculada con la precisión de un buen corte. Su trayectoria es la historia de un emprendedor nato que se ha formado capa por capa.
Es un empresario que no sólo diseña hermosas prendas o edifica estructuras físicas, también ha creado una identidad empresarial sólida que trasciende desde Cochabamba.
Los primeros pasos de este inquieto ejecutivo fueron en el mundo de la moda, entre finos y delicados hilos y telas. Su primer negocio fue una sastrería para caballeros, orientada a un público exigente que valora la elegancia clásica, el buen gusto y el detalle artesanal.
Esta reconocida empresa no solo le dio un conocimiento profundo sobre la importancia del trato personalizado y la estética, sino que sentó las bases para el enfoque centrado en el cliente y en los detalles que hoy aplica en el sector de la construcción.
Emprender creando valor
Cuando Álvaro Verduguez terminó su carrera de Administración de Empresas, decidió lanzarse al mercado con una idea que desafiaba la lógica convencional del negocio textil en Bolivia.
En un sector saturado por el contrabando, la ropa de segunda mano y las prendas importadas, apostó por un enfoque radicalmente distinto: la confección a medida con altos estándares de calidad, fusionando tecnología y talento artesanal.
Esta visión permitió a “El Corte Inglés” posicionarse como un referente en vestimenta personalizada, ofreciendo un producto que ninguna prenda industrial podía igualar. La propuesta no solo apuntaba a una prenda exclusiva, sino a una experiencia completa, eliminando las tediosas pruebas y entregando productos terminados en tan solo 24 horas.

“La calidad y la excelencia en los procesos nos han hecho crear una marca de prestigio a nivel nacional”, afirma.
El éxito fue tal que la empresa, hoy con 32 años de trayectoria ininterrumpida, logró expandirse con agencias en Cochabamba, La Paz, Sucre y Santa Cruz.
Desde la fundación de su empresa en 1993, “El Corte Inglés” (Verduguez y Vargas SRL), hasta su más reciente incursión en el rubro inmobiliario, el empresario ha consolidado una trayectoria donde la pasión por el detalle, disciplina organizacional y un entendimiento profundo de lo que significa crear valor desde el servicio, se fusionan como un sello distintivo de su marca.
El gusto de explorar nuevas áreas
En 2018, Verduguez dio un nuevo paso, esta vez, hacia la industria de la construcción y el desarrollo inmobiliario. Aunque podría haberse conformado con el éxito alcanzado en el rubro textil, decidió crecer y explorar una nueva área de negocios. “Es muy reconfortante poder satisfacer dos necesidades primordiales del ser humano: vestimenta y vivienda”, reflexiona.
La decisión no fue fortuita. Desde su visión, el crecimiento empresarial no depende tanto del rubro, sino de las políticas internas de calidad, organización y visión estratégica. Así, trasladó los valores que marcaron su éxito en la confección —disciplina, atención al detalle y orientación al cliente— al desarrollo de proyectos inmobiliarios.
Actualmente, lleva adelante emprendimientos en la ciudad de Santa Cruz, con la misma obsesión por la excelencia y la innovación.

Espacios con alma
En un medio donde la construcción se reduce a lo estructural, Verduguez apuesta por proyectos donde se combinen practicidad, belleza y soluciones adaptadas al cliente. “No se trata solo de levantar paredes; se trata de crear espacios con alma, que respondan al estilo de vida de quienes los habitan”, afirma.
Cochabamba es la base de su actividad en el campo inmobiliario, pero ahora se ha expandido a la ciudad de Santa Cruz, donde el negocio es prometedor y donde está consolidando su nueva faceta.
No sigue tendencias, las interpreta y las adapta al contexto local. Su mirada va más allá de lo funcional. Sabe que, en un entorno donde competir por precio suele ser la norma, el verdadero valor está en diferenciarse por calidad, experiencia de usuario y cuidado en el servicio.
Filosofía empresarial
Álvaro Verduguez no se considera un empresario hecho, sino uno en permanente construcción y dispuesto a reinventarse. Cada proyecto es para él una oportunidad para aprender algo nuevo, para mejorar procesos, para repensar el negocio.
Tiene la sensibilidad del diseñador y la mente estratégica del empresario. Su fórmula exitosa es saber delegar, pero nunca pierde de vista el control de calidad. Cree en los equipos interdisciplinarios, en la formación constante y en las alianzas con proveedores que compartan su ética profesional.
El mismo criterio que Verduguez aplicó en su sastrería –la medida exacta, el gusto del cliente, el equilibrio entre forma y función– hoy aplica en el sector de la construcción. Cada proyecto es un “traje a medida”, pensado desde una lógica de armonía estética y eficiencia operativa. “No vendemos metros cuadrados, vendemos calidad de vida”, dice, resumiendo su filosofía empresarial en este nuevo y dinámico campo.