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jueves, febrero 5, 2026
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El GLP se mantiene barato, pero dejando el costo al futuro

Imagen referencial. (Foto: ABI)

Redacción | Activo$ Bolivia

El precio de la garrafa de GLP no se mueve, sigue en Bs 22,50 en todo el país. Y para muchos, eso ya es una buena noticia. Pero detrás de esa aparente calma hay un mecanismo bastante fino y poco visible que vale es necesario entender.

El economista Gonzalo Chávez explica que el Decreto Supremo 5534 no elimina el subsidio, simplemente lo vuelve invisible para el presente y lo traslada al mañana.

¿Qué hace exactamente el decreto?

El DS 5534 no toca el precio final al consumidor. Lo que sí hace es reconstruir toda la cadena de precios del GLP para que el número final no cambie. Hasta ahí, todo normal.
Pero en esa cadena aparece algo llamativo, son números negativos, llamados “diferenciales” o “descuentos”.

Chávez explica que, en castellano simple, el precio real del GLP debería ser más alto, pero se lo baja artificialmente para que la garrafa siga costando lo mismo. Esa diferencia es el subsidio, solo que ahora está explícito en la fórmula.

Entonces, ¿quién paga esa diferencia? Ahí entran en escena los NOCRES o Notas de Crédito Fiscal. No es dinero ni transferencias, son un papel del Estado que le dice a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB): “Te debo este monto y más adelante puedes usarlo para no pagar impuestos”.

Este mecanismo funciona de la siguiente manera:

  • YPFB vende el GLP barato hoy.
  • El Estado no desembolsa dinero ahora, no toca reservas y no registra un gasto inmediato.
  • Más adelante, YPFB compensa esa pérdida pagando menos impuestos.

Así, el subsidio existe, pero no duele en el presente; sino que aparece después como menor recaudación tributaria.

El sistema tributario como billetera del subsidio

Desde el punto de vista económico, como señala Chávez, el diseño es interesante porque el Estado logra mantener el precio político del GLP, evitar un impacto social inmediato y ganar tiempo sin usar caja fiscal.

Pero el costo no desaparece, sino que se patea hacia adelante. En la práctica, el sistema tributario se convierte en la billetera del subsidio energético.

Chávez dice que es como barrer el polvo debajo de la alfombra y felicitarse porque el cuarto se ve limpio.

Este mecanismo, dice, no es ni bueno ni malo por definición y puede entenderse como una herramienta de emergencia, un puente temporal y una forma de ganar oxígeno fiscal.

De hecho, el decreto establece un plazo de hasta seis meses. El problema no es usar este tipo de mecanismos, sino “enamorarse” de ellos y convertirlos en políticas permanentes.

Cuando eso pasa, ya no se administra un subsidio, se administra una ilusión fiscal.

El Decreto 5534 no es solo sobre el gas. Es una radiografía de cómo un Estado con poco dinero en caja logra sostener precios sociales en el presente dejando la cuenta para mañana.

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