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jueves, enero 8, 2026
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La inflación no se fue, solo se postergó para 2026

La inflación de 2025 no cuenta toda la verdad, según el economista Fernando Romero.

Redacción | Activo$ Bolivia

El Instituto Nacional de Estadística (INE) cerró el 2025 con un dato que genera debate al señalar que la inflación acumulada fue del 20,4%, tras registrar en diciembre una variación mensual de apenas 0,59%. Para muchos, ese número está lejos de lo que realmente pasó con los precios durante el año.

Para entender esta brecha, que no es nueva, el economista Fernando Romero hizo un análisis técnico a partir de los propios datos oficiales del INE. La conclusión es que el IPC es correcto desde lo estadístico, pero incompleto desde lo económico.

Una inflación alta, persistente y nada pasajera

Según Romero, la inflación de 2025 no fue un accidente ni un evento aislado. Fue un proceso sostenido y persistente, con fuerte componente inercial. Ocho de los doce meses del año registraron inflaciones iguales o superiores al 1%, y el promedio mensual rondó el 1,55%.

Los meses más duros llegaron en el primer semestre: mayo (3,65%) y junio (5,21%), confirmando que la presión inflacionaria se aceleró temprano y se mantuvo durante todo el año.

Además, el golpe no estuvo en bienes durables, sino donde más duele: alimentos, transporte y servicios. Desde marzo ya se notaba inflación inercial, es decir, precios que suben por expectativas y rezagos, no solo por costos inmediatos. En pocas palabras, fue una inflación estructural, no temporal.

¿Por qué no superó el 25% pese al DS 5503?

Una de las grandes preguntas es por qué, pese a la eliminación de la subvención a los carburantes mediante el DS 5503, la inflación no se disparó más en 2025. La respuesta, según Romero, no está en la economía real, sino en la estadística.

Primero, por un efecto calendario porque el decreto empezó a aplicarse recién el 17 de diciembre, por lo que el IPC solo capturó una parte mínima del impacto. Segundo, porque el combustible tiene un peso directo bajo en la canasta del IPC; su verdadero efecto llega después, vía transporte y alimentos. Y tercero, porque en diciembre hubo una caída de precios en alimentos básicos (-1,96%) que compensó estadísticamente el fuerte aumento del transporte (+15,3%).

Entonces, la inflación no fue contenida, solo diferida hacia 2026.

La inflación que debió marcar diciembre

Con incrementos de hasta 86% en gasolina y 163% en diésel, el impacto real del shock energético fue mayor al reflejado. Según simulaciones técnicas, la inflación mensual de diciembre debió ubicarse entre 2,4% y 3,0%, y la inflación acumulada del año entre 22,8% y 24%.

Esto no implica manipulación de datos, aclara Romero, sino rezagos metodológicos propios del IPC.

¿El IPC refleja la inflación real?

El índice del INE sí refleja bien la tendencia general de precios urbanos, pero deja fuera aspectos clave como la inflación del sector informal, la sustitución forzada de consumo (comprar menos o lo más barato), la pérdida real del poder adquisitivo de los hogares pobres y el impacto diferido de precios regulados.

Por eso, el diagnóstico es estadísticamente correcto, pero económicamente incompleto.

Qué se debería hacer para medir mejor la inflación

Romero propone actualizar la canasta de consumo cada 3 a 5 años, implementar un IPC encadenado que capture cómo la gente cambia sus hábitos, crear índices complementarios por nivel de ingresos y ampliar la medición a mercados populares y ferias.

El objetivo no es maquillar cifras, sino medir la inflación que realmente vive la gente.

Medidas urgentes para 2026

Para este año, Romero plantea medidas claras como subsidios temporales y focalizados al transporte público, protección logística y directa a alimentos básicos y una política fiscal y monetaria creíble que evite seguir financiando el déficit con emisión de dinero.

No se trata de eliminar la inflación de golpe, sino de evitar que se descontrole.

Por todo esto, la inflación del 20,4% en 2025 no cuenta toda la historia. Parte del golpe recién se sentirá en 2026, especialmente por el impacto de los combustibles. Para muchas familias, el dinero ya no alcanza como antes porque gastan más en comida y transporte.

Romero señala que, si no se actúa a tiempo, este año se va a sentir aún más fuerte en la mesa y en el pasaje de la mayoría de los bolivianos.

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