
Redacción | Activo$ Bolivia
Una granja de bots puede parecer, a primera vista, una habitación llena de celulares conectados y trabajando al mismo tiempo. Pero detrás de esa imagen hay algo más parecido a una pequeña empresa con equipos, conectividad, cuentas, software, personas que administran los perfiles, producción de contenidos y, en operaciones más sofisticadas, dinero para publicidad y segmentación.
En Bolivia, el tema volvió a cobrar relevancia luego de que la Fiscalía encontrara una “mini granja de bots” durante los allanamientos relacionados con el consultor argentino Fernando Cerimedo, vinculado al presidente Rodrigo Paz. El hallazgo se produjo junto con más de $us 40.000 en efectivo, según reportes de prensa.
Aunque la investigación todavía debe determinar qué función cumplía esa infraestructura y quién la operaba, el caso pone sobre la mesa una pregunta que va más allá de la política: ¿cuánto cuesta fabricar artificialmente una conversación en redes sociales?
No existe una tarifa única
Hablar de “el costo de una granja de bots” puede ser engañoso porque existen diferentes niveles de operación.
Una estructura pequeña puede limitarse a varios teléfonos y cuentas manejadas por una o más personas. En el otro extremo están las operaciones coordinadas que utilizan cientos o miles de cuentas, automatización, bases de datos, producción de contenidos y equipos especializados.
Investigaciones académicas sobre las llamadas click farms muestran que el negocio puede funcionar incluso sin una gran infraestructura tecnológica con trabajadores que utilizan celulares, conexiones móviles y múltiples cuentas pueden producir artificialmente seguidores, comentarios, likes y visualizaciones.
Como referencia internacional, existen servicios que alquilan infraestructura basada en dispositivos por alrededor de $us 25 por equipo, mientras que operaciones más grandes pueden manejar decenas de teléfonos simultáneamente. Estas cifras no representan el costo de montar una operación política completa y tampoco son una cotización para Bolivia, pero ayudan a entender que la barrera de entrada puede ser relativamente baja.
¿Y cuánto podría costar en Bolivia?
El contexto boliviano cambia la ecuación. El primer gasto es el hardware. Un reporte publicado en agosto de 2026 sobre el mercado de celulares en La Paz señala que los equipos básicos, que antes podían costar entre Bs 650 y Bs 700, ahora se venden aproximadamente en entre Bs 1.200 y Bs 1.300, debido, entre otros factores, al comportamiento del dólar y al aumento de los costos internacionales.
Eso significa que 20 teléfonos básicos representarían alrededor de Bs 24.000 a Bs 26.000 solamente en equipos, tomando esos precios como referencia. Una operación de mayor tamaño puede multiplicar rápidamente esa inversión.
A eso hay que sumar conectividad, electricidad, mantenimiento, cuentas, almacenamiento, producción de contenido y trabajo humano.
Por ejemplo, Entel ofrece actualmente planes móviles desde Bs 90 mensuales por 15 GB y planes con datos ilimitados desde Bs 145, mientras que sus planes de datos para dispositivos llegan hasta Bs 3.000 mensuales por 440 GB.
Pero una granja no necesariamente necesita una línea individual para cada teléfono. Precisamente por eso existen diferentes modelos técnicos y operativos, lo que hace imposible establecer un precio estándar.
El verdadero costo está en las personas
Aquí aparece una parte que suele perderse cuando se habla de “bots” porque no todo lo que parece automatizado necesariamente lo está.
Las investigaciones sobre click farms en Brasil muestran que existen trabajadores que manejan numerosas cuentas y realizan manualmente acciones como seguir, comentar, compartir o dar “me gusta”. Algunos llegan a administrar hasta 200 perfiles y utilizan varios dispositivos.
Es decir, detrás de una cuenta aparentemente falsa puede existir una persona haciendo un trabajo repetitivo.
En Bolivia, el salario mínimo nacional actual es de Bs 3.300, por lo que incorporar personal de manera permanente también representa un costo que debe entrar en cualquier cálculo económico de una operación organizada.
Y cuanto más grande es la operación, mayor es la necesidad de administración porque alguien debe definir los contenidos, coordinar las cuentas, monitorear resultados y reaccionar cuando las plataformas eliminan perfiles.
De los celulares a la industria de la influencia
Una granja de bots no necesariamente busca solamente conseguir seguidores. Su verdadero valor está en fabricar apariencia de popularidad o consenso.
Una publicación puede recibir cientos de comentarios coordinados; una etiqueta puede aparentar ser tendencia; una cuenta puede adquirir rápidamente seguidores; y una narrativa puede repetirse hasta instalarse en la conversación pública.
En las campañas políticas, esta dinámica puede utilizarse para atacar adversarios, amplificar mensajes, instalar rumores, desacreditar instituciones o generar la impresión de que existe un respaldo ciudadano mayor al real.
Bolivia ya tiene antecedentes documentados. En las elecciones de 2019, ChequeaBolivia identificó 34 páginas y 110 cuentas falsas que promovieron una campaña a favor del voto blanco. Los perfiles fueron creados de manera masiva y tuvieron un periodo de actividad intensa antes de desaparecer prácticamente de forma abrupta después de la elección.
El fenómeno volvió a aparecer con fuerza durante las elecciones generales de 2025. Un análisis de ProBox y Bolivia Verifica examinó alrededor de 12.000 publicaciones y más de 200 contenidos identificados como desinformación durante el periodo electoral, desde mayo hasta octubre. El estudio concluyó que las narrativas falsas, los contenidos manipulados y los ataques coordinados tuvieron un papel central en la campaña.
La nueva generación ya no necesita cientos de celulares
La tecnología también está cambiando el negocio. La inteligencia artificial permite producir textos, imágenes, audios y videos a una velocidad que hace algunos años habría requerido un equipo mucho más grande.
En junio de 2025, ChequeaBolivia identificó 14 contenidos generados con IA dentro de su monitoreo electoral. Para septiembre, el número registrado en su seguimiento había subido a 21 contenidos.
Eso modifica la estructura de costos. Antes, fabricar cientos de mensajes requería muchas horas de trabajo humano. Ahora, una parte de esa producción puede automatizarse. El gasto se desplaza entonces hacia herramientas digitales, administración, distribución y, sobre todo, hacia la capacidad de conseguir que esos contenidos lleguen a personas reales.
Por eso, una granja de bots moderna puede ser menos visible y más sofisticada que la clásica habitación llena de teléfonos.

¿Quiénes intervienen?
En una operación organizada pueden aparecer varios actores:
- Financiadores o clientes: quienes pagan por conseguir determinados resultados.
- Estrategas digitales: diseñan las narrativas y objetivos.
- Administradores: coordinan cuentas, contenidos y actividad.
- Creadores de contenido: producen textos, memes, videos, imágenes o material generado con IA.
- Operadores humanos: manejan cuentas y realizan acciones en redes.
- Proveedores tecnológicos: ofrecen herramientas de automatización, infraestructura o servicios digitales.
- Plataformas: Facebook, Instagram, TikTok, X, YouTube y otras, que intentan detectar y eliminar comportamientos coordinados e inauténticos.
La investigación académica sobre click farms en Brasil y Colombia también muestra la existencia de mercados paralelos de cuentas, seguidores, comentarios y otros servicios de interacción artificial.
Bolivia ya conoce el fenómeno
Meta documentó en 2020 una operación de comportamiento inauténtico coordinado que afectaba a Bolivia, Venezuela y México. La compañía eliminó 46 cuentas de Facebook, 41 páginas y 24 cuentas de Instagram vinculadas a esa red. Según Meta, la operación había gastado aproximadamente $us 3,6 millones en publicidad, principalmente en dólares, y algunas cuentas se presentaban como medios independientes u organizaciones cívicas.
El dato es importante porque demuestra que la manipulación digital puede convertirse en un negocio de millones de dólares cuando escala y combina cuentas falsas, publicidad y segmentación.
Y también muestra algo más: no siempre la infraestructura está físicamente en Bolivia ni quienes la financian tienen que estar en el país.
El problema económico: pagar por una audiencia que no existe
Desde la mirada económica, el mayor riesgo de una granja de bots no es solamente político, también afecta el valor de los datos.
Una empresa puede creer que tiene miles de seguidores, millones de reproducciones o una comunidad altamente activa cuando una parte de esas métricas fue fabricada.
Eso puede distorsionar decisiones de inversión, contratación de publicidad, valoración de influencers y medición de campañas.
En otras palabras, los bots pueden crear una burbuja de demanda artificial.
El negocio funciona mientras alguien esté dispuesto a pagar por esa apariencia.
Por eso, más que preguntar cuánto cuesta comprar 100 o 1.000 cuentas, la pregunta económica relevante es otra: ¿cuánto vale para un cliente conseguir que una mentira parezca popular?
En Bolivia, donde las redes sociales tienen cada vez más peso en la política, los negocios y la formación de opinión, esa respuesta puede ser mucho más importante que el precio de los celulares que están detrás de una granja de bots.