
Edwin Carpio San Miguel | Activo$ Bolivia
La electricidad creció, el gas no. Durante décadas, el gas natural fue mucho más que un combustible. Fue la gran fuente de energía del país, la principal mercancía de exportación (forma parte de las exportaciones tradicionales) y pilar de los ingresos públicos y la materia prima sobre la que se levantó buena parte de la expansión eléctrica.
Esa abundancia alimentó el proyecto de convertir a Bolivia en el “Corazón energético de Sudamérica”, con excedentes destinados a exportar a mercados vecinos.
Raúl Velásquez, investigador de Energía e Hidrocarburos de la Fundación Jubileo, define esta situación como una triple dependencia: energética, eléctrica y fiscal. Bolivia necesita gas para sostener una parte importante de su matriz energética; lo necesita para producir electricidad y, al mismo tiempo, necesita los ingresos que genera su explotación para financiar al Estado.
Dependencia energética
El gas creó dependencia en la economía boliviana como si fuera una droga. La metáfora adquiere sentido cuando vemos que el gas permitió que el sistema eléctrico creciera rápidamente y con costos relativamente bajos, pero esa facilidad generó una dependencia que ahora resulta difícil desmontar.
En el año 2024, el Sistema Interconectado Nacional (SIN) de Bolivia registró una generación bruta total de 11.705,4 GWh (Gigavatios-hora) de energía eléctrica. En 2025, produjo 11.779,81 GWh. En julio de 2026, las plantas termoeléctricas llegaron a representar cerca del 75% de toda la generación eléctrica. Tres centrales —Warnes, Del Sur y Entre Ríos— concentraron alrededor del 60% de la electricidad generada en el país durante ese mes. Las hidroeléctricas aportaron 18,7%, mientras que la energía solar y eólica juntas apenas alcanzaron el 6,5%.
Es decir, Bolivia puede tener centrales hidroeléctricas, parques solares y eólicos, y una capacidad instalada muy amplia y considerable; pero el gas continúa siendo la sustancia que mantiene funcionando la mayor parte del sistema.

Primera dependencia: gas
Los análisis de la Fundación Jubileo alertaron hace tiempo de un declive estructural de los hidrocarburos en Bolivia debido a la falta de renovación de reservas. San Alberto, Sábalo y Margarita-Huacaya registran caídas drásticas de producción debido al agotamiento natural de sus yacimientos maduros tras años de intensa explotación.
Mientras que Incahuasi-Aquio es la excepción y se consolidó temporalmente como el único gran campo de desarrollo más reciente con mejor comportamiento operativo.
Las cifras más recientes permiten dimensionar el retroceso. Según el diagnóstico presentado por Fundación Jubileo en julio de 2026, en 21 años las reservas de gas cayeron 54% y la producción de gas disminuyó 55%. Las exportaciones de gas en volumen son ahora 74% menores que hace dos décadas. La consecuencia ya no es únicamente comercial.
Segunda dependencia: electricidad
Bolivia necesitaba aumentar su oferta de energía eléctrica y las inversiones estatales cumplieron una función importante al ampliar rápidamente la capacidad de generación. Pero buena parte de ese crecimiento se apoyó en las centrales termoeléctricas que funcionan con gas.
El resultado es que el país terminó con una capacidad de generación eléctrica mucho mayor, pero también con una dependencia importante del combustible que alimenta esas plantas.
No falta necesariamente infraestructura, falta garantizar el combustible que permite utilizar las plantas a plena capacidad.
La disponibilidad del parque termoeléctrico, además, no es absoluta. Durante marzo y abril de 2026 se registraron niveles de disponibilidad del 80,2% y 77%, respectivamente, según datos del Comité Nacional de Despacho de Carga (CNDC). Por eso, tener miles de megavatios instalados no equivale automáticamente a disponer de miles de megavatios cuando se necesita. La diferencia entre potencia instalada y energía disponible puede convertirse en el nuevo problema energético de Bolivia.
El experto Raúl Velásquez recordó que, en 2025, el 66% de la electricidad boliviana dependía del gas natural. De unos 12,72 millones de metros cúbicos diarios destinados al consumo interno, alrededor de 8 millones se utilizaban para generación eléctrica. Aquí aparece el primer cortocircuito porque el gas que antes podía exportarse ahora debe quedarse en Bolivia para mantener encendidas las centrales eléctricas y eso significa menos volumen exportable y menos divisas.

Tercera dependencia: fiscal
Durante el auge hidrocarburífero, el gas no solo alimentó las plantas eléctricas. También proporcionó una fuente extraordinaria de ingresos para el Estado.
La Fundación Jubileo calcula que una tercera parte de los ingresos del Gobierno entre 2005 y 2023 estuvo financiada por la explotación de hidrocarburos. Por eso el agotamiento del gas no representa simplemente un problema para YPFB, sino que tiene consecuencias sobre las regalías, el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), los ingresos de gobernaciones y municipios, las cuentas fiscales, las divisas disponibles, la importación de combustibles y, finalmente, la capacidad del Estado para financiar nuevas inversiones energéticas.
La trampa de la exportación eléctrica
Bolivia llegó a imaginarse como un gran exportador de electricidad y los planes oficiales proyectaron capacidades exportadoras de miles de megavatios.
La realidad fue mucho más modesta. Según datos oficiales, en 2024, las exportaciones de electricidad a Argentina llegaron a 189 GWh, un aumento importante respecto de los 74 GWh de 2023.
El dato demuestra que Bolivia sí logró exportar electricidad, pero también revela la distancia respecto de aquella ambición regional.
No se construyó una gran industria exportadora eléctrica comparable con la que durante años se proyectó, sólo se vendieron excedentes. La diferencia conceptual es enorme. Una cosa es diseñar un sistema para producir electricidad y tener excedentes ocasionales. Otra es desarrollar una plataforma energética concebida para abastecer mercados externos de manera permanente.

Un plazo fatal en 2028
Velásquez y Fernando Rodríguez, experto en hidrocarburos, coinciden al advertir que Bolivia podría verse obligada a importar gas en aproximadamente dos años para abastecer a la industria y alimentar las termoeléctricas. Pero Velásquez introduce una advertencia fundamental y es que la solución no vendrá con una nueva ley de energía, ya que eso no resolverá inmediatamente el problema. Explica que se necesita una reforma adecuada del sector, pero se necesitaría por lo menos cinco años para comenzar a ver resultados. “Una ley no es una varita mágica”, remarca.
Una dura advertencia
El exministro de Hidrocarburos Álvaro Ríos calcula que Bolivia podría enfrentar problemas de abastecimiento eléctrico también a partir de 2028 si no se modifica el precio del gas, se corrigen los incentivos y se atraen nuevas inversiones al sector energético.
Su argumento no admite discusión porque señala que no se puede sostener indefinidamente la generación eléctrica con un gas que está dejando de estar disponible. La advertencia nos muestra que estamos en una carrera contra el tiempo porque la producción de nuevos campos de gas tarda años y la demanda eléctrica necesita respuestas mucho antes.
Como el adicto que enfrenta la abstinencia cuando los estupefacientes desaparecen de su organismo, la economía boliviana puede sentir los efectos de una dependencia que durante años pareció sostenerla. Para evitar que eso suceda, hay que actuar antes de que la angustia energética, fiscal y económica deje de ser una metáfora para convertirse en realidad.

El costo del subsidio
El gas barato permitió mantener costos relativamente bajos de generación termoeléctrica. Pero esa misma estructura resulta perniciosa.
Ángel Zannier, presidente de la Cámara Boliviana de Electricidad, sostiene que mientras el gas utilizado para la generación mantenga un precio subsidiado, resulta más difícil que proyectos renovables compitan en condiciones económicas equivalentes.
La pregunta entonces deja de ser únicamente tecnológica. ¿Cuánto cuesta realmente producir electricidad con gas cuando el precio del combustible no refleja su verdadero costo de oportunidad?
De otro lado, si el gas nacional escasea y debe importarse, la ecuación cambiará completamente. La termoeléctrica que ayer parecía barata puede convertirse mañana en una generación cara.
