
Sandra Arias Lazcano | Activo$ Bolivia
En un mercado donde durante años los médicos debían recurrir a productos traídos en maletas desde Europa o países vecinos y donde la evidencia científica solía quedar relegada frente a la improvisación, una empresa decidió que el verdadero negocio no estaba únicamente en importar marcas, sino en importar conocimiento.
Diez años después, HBDERM se ha convertido en uno de los principales referentes de la dermatología y la medicina estética en Bolivia. Lo que comenzó con apenas tres personas, dos marcas francesas y una idea que parecía ambiciosa para el mercado nacional, ahora se convirtió en una empresa sólida con un portafolio de 18 marcas europeas, cerca de 80 colaboradores y presencia en Santa Cruz, Cochabamba y La Paz.
Pero para su gerente general, Luis Carlos Higueras, esas cifras representan apenas una consecuencia. «El verdadero crecimiento está en haber logrado que los médicos bolivianos produzcan conocimiento y hoy sean invitados a compartirlo en otros países», afirma.
La frase resume una filosofía empresarial poco habitual: vender productos es importante, pero formar profesionales capaces de generar evidencia científica resulta mucho más trascendente.
Olfato para la oportunidad
La historia comenzó cuando Higueras trabajaba en la industria farmacéutica y observó una contradicción evidente. Mientras los especialistas bolivianos buscaban acceder a tecnologías de primer nivel, el mercado carecía de distribuidores especializados que garantizaran calidad, respaldo científico y procesos adecuados de importación.
Muchos profesionales debían conseguir productos por cuenta propia desde Argentina, Brasil, Francia o España, una práctica que, además de poco sostenible, implicaba riesgos sanitarios.
Allí apareció la oportunidad.
Con experiencia en importaciones farmacéuticas y formación en marketing, decidió apostar por un segmento prácticamente inexistente en Bolivia y así fue que se volcó a la dermatología premium respaldada por la ciencia. Ni siquiera él imaginaba el alcance que tendría esa decisión.
Con el paso de los años comprendió que el verdadero vacío no estaba únicamente en los productos, sino también en la formación continua de los especialistas. Ese hallazgo terminó transformando completamente el modelo de negocio.

Rompiendo paradigmas
Uno de los principales desafíos fue modificar la percepción del mercado respecto al valor de las marcas internacionales.
Durante mucho tiempo —explica Higueras— predominó la idea de que un producto más económico ofrecía prácticamente los mismos resultados que otro desarrollado durante años de investigación científica.
Sin embargo, detrás de una fórmula dermatológica existen patentes, estudios clínicos, protocolos de seguridad, capacitación permanente y seguimiento médico.
Convencer al mercado de que ese respaldo también tiene valor fue probablemente la batalla más difícil.
La estrategia consistió en demostrar que la diferencia no estaba únicamente en el producto, sino en todo el ecosistema que lo acompaña: educación médica, actualización científica, acceso a expertos internacionales y soporte permanente para los profesionales.

Higueras dice que, hoy en día, la mayoría de los dermatólogos y médicos estéticos identifica a HBDERM precisamente por ese enfoque.
Exportación de conocimiento
La evolución de HBDERM dio un paso inesperado cuando los médicos bolivianos comenzaron a convertirse en referentes fuera del país.
Lo que durante años consistió en traer especialistas extranjeros para capacitar profesionales nacionales ahora empieza a recorrer el camino inverso.
Médicos bolivianos presentan investigaciones y casos clínicos en congresos internacionales de México, Colombia y otros países latinoamericanos. Bolivia ofrece algo llamativo porque muestra estudios realizados en pacientes que viven a más de 2.500 metros sobre el nivel del mar, expuestos a una radiación solar muy distinta a la europea. Ese detalle resulta clave.
Mientras gran parte de la evidencia científica mundial se desarrolla sobre pieles caucásicas, Bolivia ofrece condiciones únicas para estudiar patologías como la rosácea, las manchas, el acné y los efectos de la radiación ultravioleta en poblaciones de altura. Para Higueras, esa información posee un enorme valor científico.
«Queremos importar conocimiento, pero también exportarlo», resume. Por eso, la empresa incentiva a los médicos a documentar sus casos clínicos, desarrollar investigaciones y publicar artículos que puedan enriquecer la literatura médica internacional.
Un paciente diferente
La medicina estética también ha cambiado profundamente durante la última década.
Si antes el paciente acudía buscando únicamente mejorar su apariencia, ahora llega mucho más informado, compara ingredientes, investiga tratamientos y exige respaldo científico.
La globalización, las redes sociales y el acceso inmediato a información especializada transformaron completamente la relación entre médicos y pacientes.
Al mismo tiempo, las principales preocupaciones dermatológicas en Bolivia siguen concentrándose en tres grandes afecciones: rosácea, manchas y acné, además del creciente riesgo de cáncer de piel asociado a la elevada radiación solar.
En ese escenario, la prevención empieza a ganar protagonismo. La conversación ya no gira únicamente alrededor de borrar arrugas, sino de conservar una piel sana durante toda la vida.
La ruta para los próximos diez años
La siguiente etapa para HBDERM apunta mucho más allá de la medicina estética.
La empresa busca impulsar una academia especializada, fortalecer alianzas con universidades, formar nuevos dermatólogos e integrar disciplinas como nutrición, endocrinología, ginecología y medicina preventiva bajo un mismo concepto: el proaging, una filosofía que promueve envejecer con salud y calidad de vida.
El objetivo es educar desde edades tempranas para prevenir enfermedades antes que tratarlas.
Dormir mejor, alimentarse adecuadamente, protegerse del sol y comprender el funcionamiento de la piel forman parte de una visión integral donde la belleza deja de ser un fin para convertirse en el resultado de una vida saludable.
Higueras también advierte un desafío pendiente y es que Bolivia cuenta con apenas unos 150 dermatólogos para una población superior a los 12 millones de habitantes, una cifra muy inferior a la de otros países de la región.
Entonces, formar más especialistas representa, para él, una necesidad tan importante como incorporar nuevas tecnologías.
Porque, al final, ninguna innovación reemplaza el criterio de un profesional bien preparado.
Quizá ese sea el legado que HBDERM aspira a dejar dentro de dos décadas, no solo una empresa reconocida por distribuir marcas internacionales, sino una institución capaz de impulsar investigación, formar líderes de opinión y convertir a Bolivia en un referente regional en dermatología.
Una visión donde la verdadera belleza comienza mucho antes del espejo y donde la ciencia termina siendo el tratamiento más valioso. Por eso, el slogan de la firma es “HBDERM, su dosis diaria de belleza”.