
Sandra Arias Lazcano | Activo$ Bolivia
Cuando Julio Arauco Prado abrió las puertas del Gran Hotel Cochabamba, un 17 de septiembre de 1943, difícilmente pudo imaginar que ese edificio se convertiría en el corazón hospitalario de una ciudad entera. Ocho décadas después, entre pérgolas centenarias y salones que han visto pasar bodas, congresos y decisiones empresariales, Carlos Antonio Pavisic, presidente del directorio, habla del hotel como quien habla de un ser vivo, de algo que respira, envejece y, pese a todo, se reinventa.
Un puente entre épocas
«El hotel ha acompañado diferentes etapas de crecimiento de Cochabamba», dice Pavisic, y en esa frase cabe casi toda la explicación de por qué el edificio fue declarado Patrimonio Histórico de la ciudad. No se trata solo de piedra y ladrillo, se trata de haber sido, durante generaciones, el lugar donde Cochabamba recibe a sus visitantes ilustres y celebra sus propios hitos.
La familia Pavisic llegó a esa historia en un momento decisivo. La adquisición y posterior renovación del inmueble, iniciada hacia 2008 y 2009, transformó un hotel con historia en un establecimiento de cinco estrellas con nuevas habitaciones, suites y un centro de convenciones capaz de albergar hasta 1.500 personas en formato auditorio. La apuesta fue arriesgada, admite Pavisic, pero necesaria. «Un hotel histórico no puede competir únicamente por ser antiguo».

Preservar sin quedarse quieto
Ahí está, quizás, el nudo central de esta conversación, en el equilibrio entre preservación e innovación. Pavisic insiste en que no son fuerzas opuestas. «La tradición nos da identidad; la innovación nos permite seguir siendo relevantes», resume, casi como una fórmula que ha probado en carne propia al frente del directorio.
La arquitectura patrimonial convive con tecnología de punta; los jardines y la tradicional pérgola siguen ahí, testigos silenciosos, mientras el hotel incorpora nuevas áreas gastronómicas y de eventos. El desafío, dice, es que la modernización no borre la memoria del lugar.

La hospitalidad como oficio
Detrás de cada habitación impecable hay algo menos visible pero igual de decisivo: las personas. Es por eso que Pavisic es enfático al decir que la infraestructura puede ser excelente, pero la experiencia final del huésped depende de quienes lo atienden. Con esa visión, la capacitación del personal ocupa un lugar central en la estrategia del hotel y también por eso la tecnología, insiste, debe entenderse como complemento y nunca como sustituto de la calidez humana.
Ese cuidado se traduce en cifras concretas, cerca del 75% de los huéspedes corresponde a turismo y actividad corporativa nacional, una combinación de familias, viajeros de negocios y participantes de congresos que encuentran en el hotel mucho más que una cama para pasar la noche.

Cochabamba, un destino que crece
Pavisic observa el destino con una mirada que combina orgullo y exigencia. Cochabamba, dice, ha dejado de ser solo una ciudad de buen clima y buena mesa para convertirse en un polo con potencial gastronómico, corporativo, médico y académico. Pero advierte que ese potencial no se activa solo. «No basta con que el visitante tenga un lugar donde dormir. Debemos darle razones para quedarse».
Esa razón, sostiene, exige una estrategia conjunta entre hoteles, restaurantes, operadores turísticos y autoridades, algo que hoy todavía es una tarea pendiente para la ciudad.

Los desafíos del oficio
El negocio hotelero, recuerda Pavisic, vive de un producto que se consume todos los días y es una habitación, una piscina, un salón. Eso obliga a invertir de manera constante, incluso en tiempos económicos difíciles. La incertidumbre económica y política, dice sin rodeos, es lo que más golpea al sector, más que cualquier otro factor externo.
Aun así, el directorio no piensa en poner pausa. Sostenibilidad, eficiencia energética, digitalización e inteligencia artificial aplicada al marketing y la atención al cliente aparecen en su horizonte inmediato, siempre con la misma condición, que la tecnología no reemplace el trato humano que, para Pavisic, sigue siendo la verdadera ventaja competitiva del hotel.
Construir sobre lo construido
Al proyectar el futuro, Pavisic elige una frase que resume su filosofía de gestión: el hotel no debe limitarse a conservar una historia, sino seguir construyéndola. Esas mismas palabras también podrían describir el propio edificio, con su arquitectura patrimonial y sus salones modernos conviviendo bajo un mismo techo.
Mientras la ciudad sigue creciendo y cambiando, el Gran Hotel Cochabamba parece decidido a seguir siendo lo que ha sido durante ochenta y dos años, un punto de encuentro, un testigo y, cada tanto, un protagonista de la historia cochabambina.
El hotel también funciona como un pequeño motor económico que rara vez se nota desde la calle. Genera empleo directo en habitaciones, alimentos y bebidas, eventos, mantenimiento y seguridad, y empleo indirecto a través de proveedores, transportistas y organizadores de eventos.
Cada congreso alojado, cada boda celebrada en el Gran Salón, se traduce en movimiento para restaurantes, comercios y servicios de la ciudad, una manera silenciosa pero constante de aportar al desarrollo de Cochabamba.