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miércoles, agosto 19, 2026
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Bolivia necesita a sus bomberos, pero ¿quién se ocupa de ellos?

Sin equipos ni recursos, los bomberos enfrentan el fuego con lo que tienen. (Foto: El Diario)

Sandra Arias Lazcano | Activo$ Bolivia

Cada vez que un incendio forestal amenaza bosques, comunidades o cultivos en Bolivia, hay una escena que se repite: mientras las llamas avanzan, los bomberos voluntarios se preparan para entrar en acción.

Llegan donde se los necesita, muchas veces con equipos insuficientes, herramientas prestadas o recursos que ellos mismos deben conseguir. Durante la emergencia son llamados héroes; pero cuando el fuego se apaga sus carencias vuelven a desaparecer de la agenda pública.

La falta de equipos de protección personal, herramientas, equipamiento para vehículos, insumos de primeros auxilios y hasta combustible forma parte de una realidad que acompaña a numerosas brigadas voluntarias en el país.

El problema no se limita a los incendios forestales. También queda expuesto cuando las emergencias ocurren en las ciudades.

Pedir ayuda para poder ayudar

Un ejemplo reciente se produjo en Santa Cruz, donde un incendio registrado en la feria Barrio Lindo volvió a poner bajo los reflectores la capacidad de respuesta de los bomberos. Y también la mezquindad de los propios afectados.

Días antes de esa emergencia, los bomberos habían acudido a los comerciantes para solicitar aportes voluntarios destinados a conseguir equipamiento. La escena plantea una contradicción difícil de ignorar porque quienes deben acudir cuando una emergencia amenaza la vida y el patrimonio necesitan pedir ayuda para contar con los recursos necesarios para hacerlo.

La pregunta aparece cuando las llamas ya están fuera de control: ¿cómo se financia y fortalece a quienes están en la primera línea de respuesta?

¿Voluntarios, pero sin respaldo?

El carácter voluntario de estas organizaciones no debería confundirse con ausencia de responsabilidad pública.

Su trabajo complementa la respuesta ante emergencias y, en determinados casos, permite cubrir necesidades que las instituciones estatales no pueden atender con suficiente rapidez o capacidad operativa.

Pero existe una discusión pendiente en torno a si el Estado debe (y puede) destinar recursos públicos a organizaciones privadas de voluntarios.

La respuesta requiere establecer reglas claras. El uso de dinero público puede justificarse cuando existe una finalidad pública concreta, mecanismos de fiscalización, transparencia y rendición de cuentas. No se trataría de entregar recursos sin control, sino de establecer mecanismos institucionales que permitan financiar equipamiento, capacitación y respuesta ante emergencias bajo condiciones verificables.

Del aplauso a la política pública

Cada temporada de incendios, los bomberos voluntarios vuelven a convertirse en protagonistas. Las imágenes de hombres y mujeres enfrentando el fuego, muchas veces durante horas y bajo condiciones extremas, generan reconocimiento y solidaridad.

Pero el aplauso no reemplaza un equipo de protección. Una colecta no puede convertirse en el mecanismo permanente para comprar combustible. Y la buena voluntad de los voluntarios no debería ser la principal garantía de respuesta ante una emergencia.

Bolivia necesita discutir una política integral de fortalecimiento de sus cuerpos de bomberos, que defina responsabilidades entre el Estado, municipios, gobernaciones, empresas y organizaciones voluntarias.

Esto podría incluir fondos concursables y auditados para equipamiento, convenios con gobiernos subnacionales, capacitación certificada, mantenimiento de vehículos, dotación de equipos de protección y sistemas de coordinación para responder a incendios forestales y urbanos.

También es necesario transparentar cuántos cuerpos voluntarios existen, qué capacidad operativa tienen, qué recursos reciben y cuáles son sus principales necesidades.

Bomberos atienden el incendio en la feria Barrio Lindo, en Santa Cruz. (Foto: La Razón)

¿Quién protege a quienes nos protegen?

La pregunta de fondo no es si los bomberos voluntarios merecen reconocimiento. Eso parece indiscutible.

La discusión es cómo pasar del reconocimiento ocasional a un sistema sostenible de prevención y respuesta.

Porque cuando aparece el fuego, nadie pregunta si el bombero que llega es voluntario o si pertenece a una institución pública. Lo que importa es que tenga el entrenamiento, el equipo y los recursos necesarios para salvar vidas.

Si Bolivia considera indispensable su trabajo durante una emergencia, también debería considerar indispensable garantizar las condiciones mínimas para que puedan realizarlo.

Los bomberos no deberían ser héroes únicamente cuando hay fuego. Deberían ser una prioridad antes de que el fuego comience.

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