
Redacción | Activo$ Bolivia
El analista económico Gonzalo Chávez advierte que llegan malas noticias para nuestra frágil macroeconomía. Hace apenas unas semanas el petróleo rondaba los 65 dólares el barril; ahora el West Texas Intermediate (WTI) ya navega por los 76 dólares y el Brent Crude (brent benchmark») está en 84. Lo que ocurre en Medio Oriente, con la guerra EE.UU. e Israel contra Irán, no se queda allá y termina impactando directo en los surtidores bolivianos.
En el país, el nuevo precio de la gasolina (6,96 Bs) y el diésel (9,8 Bs) fue calculado con un petróleo más barato, entre 60 y 65 dólares. La aritmética, dice Chávez, es implacable porque si, ahora, el barril sube, el subsidio también engorda.
Traducido a lenguaje sencillo, quiere decir que mantener precios congelados con petróleo encarecido por la guerra cuesta más dólares. Y los dólares, como sabemos, no abundan en Bolivia.
El dilema que se asoma
Si el precio internacional se mantiene alto, en junio o julio enfrentaremos el dilema que puso al Gobierno en jaque en los últimos meses: ¿sostenemos el precio interno quemando reservas o lo ajustamos y asumimos el costo político?
Todo dependerá de cuánto dure la tensión en Medio Oriente y de cuánto dure el dinero en caja.
Cuando el petróleo era motivo de brindis
Chávez recuerda que hubo un tiempo —la época dorada del gas— en que el alza del petróleo no era tragedia, era brindis. Exportábamos con entusiasmo a Argentina y Brasil y nos sentíamos la Noruega de Sudamérica.
¿Subía el barril? Perfecto. Como los contratos estaban indexados al petróleo, también subía el precio del gas que vendíamos. El subsidio se encarecía, sí, pero al mismo tiempo ingresaban más dólares. Era un equilibrio donde el petróleo golpeaba por un lado y acariciaba por el otro.
Moraleja con sabor salado
La moraleja económica, según el analista, es que en tiempos de bonanza debimos construir un rompeolas fiscal; pero preferimos el presterío del consumo.
Ahora, con el oleaje internacional subiendo otra vez, recordamos que somos una economía pequeña navegando en mar abierto. Y cuando el mar se agita allá lejos, aquí el tanque (y la caja fiscal) lo sienten primero.