
Redacción | Activo$ Bolivia
Luis Arce insiste en que deja “la solución estructural” al problema de los hidrocarburos lista para el próximo gobierno. Según el presidente, hay 58 proyectos de exploración petrolera, de los cuales 18 resultaron exitosos, además de un paquete de plantas de biodiésel que –asegura– marcarán el camino hacia la soberanía energética.
Pero la realidad en el terreno parece bastante más gris. Por un lado, la planta de biodiésel de Santa Cruz (emplazada en la refinería Guillermo Elder Bell) produce 1.500 barriles diarios, pero aún funciona a media máquina. La segunda, en El Alto, será inaugurada en septiembre de este año, mientras que la de HVO (diésel renovable), prevista para 2026, quedó en pausa por la falta de dólares.
Para el gobierno, estos proyectos son parte de la Ley 1407 y el Plan de Desarrollo Económico y Social 2021-2025, que promete que, cuando todo esté en marcha, Bolivia solo necesitará importar un 20% de los combustibles fósiles que consume.
El problema es que los expertos no lo ven tan claro. Álvaro Ríos, exministro de Hidrocarburos, advirtió que “el país está quebrado energéticamente” y que las plantas carecen de materia prima asegurada, lo que las hace inviables frente al diésel importado. Detallando la situación actual, dijo que la planta de biodiésel de Santa Cruz “funciona a media máquina”; la planta de El Alto no está terminada y la planta de diésel renovable tampoco está terminada ni se realizó la ingeniería y remata diciendo: “qué bueno porque hubiera sido otro derroche de plata como la planta de urea”. Ríos afirma que el país está quebrado energéticamente y que es algo que puede demostrarle al presidente Arce.
Algo parecido señaló Raúl Velásquez, de la Fundación Jubileo, a El Deber. Calificó el programa de biocombustibles como “un fracaso”, argumentando que fue más propaganda política que un proyecto técnico sólido.
Mientras el gobierno pinta un panorama optimista hacia 2026-2027, los expertos advierten que los biocombustibles no serán la “solución estructural” que se prometió. El debate queda abierto: ¿legado energético o promesa inconclusa?