
Sandra Arias Lazcano | Activo$ Bolivia
La historia de ENABOLCO es, en esencia, la historia de una familia que entendió el trabajo como vocación y la industria como servicio. Todo comenzó con Luis Federico Diez de Medina Ballivián, un hombre cuya vida se movió siempre entre la disciplina del deporte y la fe puesta en el prójimo.
Nació el 16 de abril de 1919 y desde los patios del Colegio La Salle hasta las primeras olimpiadas deportivas del país, su espíritu competitivo moldeó una personalidad rigurosa que pronto encontraría cauces más amplios.
Estudió Economía en la Universidad Mayor de San Andrés y, con apenas 20 años, fue enviado por la prestigiosa Casa Grace a dirigir su sucursal en Cochabamba. Un año después era ya socio y gerente general, un ascenso meteórico ganado por mérito propio.
Allí formó una familia numerosa junto a doña Margarita Fernández de Córdova y, movido por una vocación profunda de servicio, asumió la tutela de nueve niños huérfanos, a quienes acompañó hasta convertirlos en adultos íntegros. Ese acto de humanidad mostraba su gran valía y dejaba entrever que era alguien que dejaría un importante legado.

Forjador de futuro
La década de 1950 lo encontró en plena expansión empresarial. Fundó tres ferreterías (La Boliviana, El Progreso y La Oriental) y adquirió, en sociedad, la Hacienda Monte Cristo en Warnes, donde desarrolló agricultura, ganadería y una lechería. En Cochabamba impulsó la construcción del edificio “El Profesional”, pionero en propiedad horizontal, y la urbanización “Los Ceibos” en Tupuraya.
Su visión industrial lo llevó más lejos: creó la sociedad EMNABOL, dedicada a perfiles y estructuras metálicas, que luego evolucionaría en ENABOLCO y PERFILTEC, empresas que hoy forman parte importante del desarrollo productivo nacional.
Su compromiso social se profundizó con la creación de La Gota de Leche, Aldeas Infantiles SOS y Cooperativa Hospicio. De su liderazgo nació la visión de COBOCE, cooperativa que sacó adelante hipotecando incluso su propia casa.
“Si la dimensión del amor a la Patria son las obras, aquí queda demostrado nuestro amor por Bolivia”, dijo en 1974, inaugurando la fábrica de cemento. Su vida, tejida entre servicio y producción, concluyó en 2007, dejando un testimonio que todavía ilumina a quienes lo siguieron.

El aporte de un visionario
Ese legado encontró continuidad en su hijo, el ingeniero Luis Federico Diez de Medina Fernández de Córdova, nacido el 5 de septiembre de 1947. Creció entre el Colegio La Salle y el San Agustín, trabajando desde adolescente como dactilógrafo. Su formación técnica lo llevó a Chile, Holanda después de haberse formado en la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), acumulando herramientas para construir un camino propio.
Durante décadas participó en instituciones clave como COBOCE, Misicuni, Cordeco, fue presidente de la Federación de Entidades Empresariales Privadas de Cochabamba (FEPC) y docente en la UMSS, donde fundó la facultad de tecnología. También promovió el instituto metalmecánico que más tarde sería FOMO y hoy INFOCAL.
Diez años después de su trabajo en COBOCE, fundó ENABOLCO, empresa que llevaría su sello de precisión, ética y visión de largo plazo. Desde allí impulsó torres de telecomunicación, estructuras para energía eléctrica, plantas industriales y obras que hoy dibujan el mapa moderno del país.
Bajo su liderazgo, la empresa superó las 1.600 construcciones metálicas, desarrolló tecnología propia, automatizó líneas de producción y consolidó certificaciones internacionales en calidad, medio ambiente y seguridad.

La tercera generación
La herencia se extiende hoy a una tercera generación que mantiene vivo el espíritu original. Luis Federico Diez de Medina Cuéllar combina la gestión empresarial con la aviación y una mirada innovadora sobre la tecnología.
Marcelo conduce la estrategia de imagen y marketing; Juan Pablo lidera la operación en Santa Cruz con una visión centrada en las personas; María del Rosario resguarda los valores éticos que sostienen la empresa; y Juan José promueve la resiliencia y el aprendizaje continuo como motores de crecimiento.
La familia coincide en un mensaje dirigido a los jóvenes: elegir un camino que despierte pasión, trabajar con disciplina, adaptarse a los cambios y mantener la empatía como brújula. Porque el éxito, dicen, es un trayecto largo que se construye con ética y comunidad.
ENABOLCO, con sus plantas en Santiváñez y Santa Cruz, sus torres que sostienen telecomunicaciones y energía, y sus perfiles que fortalecen industrias enteras, es hoy más que una empresa, es una obra intergeneracional. Es la confirmación de que el acero, cuando se lo trabaja con visión, puede convertirse en destino.