
Sandra Arias Lazcano |Activo$ Bolivia
Tarija tiene un carácter que la define y es la hospitalidad. Recibir bien, abrir la casa, hacer sentir al visitante como en familia. Ese espíritu chapaco es el que dio origen al Hotel Boutique Vendimia, un proyecto profundamente familiar, que hoy se ha consolidado como uno de los referentes de la hotelería tarijeña.
Marcelo Sosa, Gerente de Operaciones del hotel, recuerda que el sueño nació mucho antes de que existiera el edificio. Ingeniero civil de formación, diseñó su primer hotel apenas terminó la universidad. Sin embargo, la vida lo llevó por otro camino: la especialidad en carreteras y una larga trayectoria como ingeniero vial.
Todo cambió en 2014, tras el penoso fallecimiento de su suegra, la señora Ana María Lema Prieto. La familia quedó con una casa amplia, de grandes dimensiones, que su suegro decidió no habitar más. Fue entonces cuando la idea volvió a tomar fuerza.
Marcelo, con el impulso, el apoyo y la confianza plena de su suegro, el señor Francisco Pinedo Márquez, tomó una decisión radical, renunció a su trabajo para emprender el proyecto soñado. Marcelo diseñó, construyó y hoy administra el hotel junto a su esposa Verónica Pinedo Lema y su cuñada Moyra Pinedo Lema. El Hotel Boutique Vendimia, que es un gran emprendimiento de la familia Pinedo Lema, abrió sus puertas el 29 de enero de 2019, y recientemente cumplió siete años de vida.

La vendimia familiar
El nombre no es casual. “Vendimia” es la cosecha de la uva para hacer vino y también simboliza la cosecha de tres generaciones de la familia Pinedo Lema, profundamente vinculada a la vitivinicultura. La familia cuenta con uno de los viveros de plantas de uva más grandes de Bolivia, con más de un millón de plantines producidos al año y más de 50 variedades. El hotel es, en esencia, la vendimia familiar, es decir, el fruto de años de trabajo, tradición y visión compartida.
Un hotel con identidad propia
Concebido como un hotel boutique temático, “Hotel Vendimia” rinde homenaje a la uva en cada detalle. Murales que narran el proceso vitivinícola, toneles, cuadros y elementos decorativos convierten al espacio en una experiencia sensorial coherente y auténtica. Ubicado en la calle O’Connor, en el barrio Fátima, a solo siete cuadras de la plaza principal de Tarija, combina tranquilidad residencial con cercanía al centro.
El hotel cuenta con cuatro estrellas en la categoría tradicional y cinco dentro del segmento boutique. Es un establecimiento altamente ejecutivo, elegido por representantes de instituciones nacionales e internacionales, organismos de cooperación, artistas y personalidades públicas. Sin embargo, también recibe familias y viajeros que buscan descanso, calidez y atención personalizada.

El valor de la hospitalidad
La infraestructura moderna —habitaciones amplias, baños de lujo, ascensor, salones para eventos y parqueo propio— es un valor importante, pero Marcelo tiene claro que lo que más recuerdan los huéspedes es el servicio. La atención directa de los propietarios, el trato cercano y ese “sabor a familia” que convierte la estadía en una experiencia hogareña.
La relación con el vino también forma parte de la propuesta. Los visitantes son recibidos con un shot de singani, con información para introducirlos a la cultura vitivinícola local y sobre las rutas turísticas como la del vino, la campiña y los city tours. Todo apunta a mostrar la esencia de Tarija, que está en su gente, su picardía, su arquitectura, cultura y su estilo de vida.
Tarija como destino
Para Marcelo, el turismo ya es una herramienta real de desarrollo para Tarija. El enoturismo, su gente, la cultura, la paleontología, la campiña y el clima privilegiado convierten a la ciudad en un destino completo.

Lo mejor está por cosechar
“Una empresa debe crecer cada año”, dice Marcelo, por eso los planes continúan. En 2026 se proyecta la apertura de un gimnasio y sauna, además de un café mirador en el último piso. El sueño sigue creciendo, como toda buena vendimia, con paciencia, trabajo constante y la certeza de que lo mejor aún está por cosechar.