
Redacción | Activo$ Bolivia
Sucre vivió esta semana un round inesperado entre una de sus marcas más queridas y la feria que se supone debe representar el orgullo productivo de la región. Salvietti, la gaseosa que desde hace más de un siglo acompaña a las familias chuquisaqueñas, quedó fuera como expositora de la FexpoSucre 2026. Y las redes no se quedaron calladas.
El detonante
Todo se destapó cuando Salvietti emitió un comunicado explicando su ausencia en el recinto ferial de Lajastambo. Según la empresa, había aceptado las condiciones de participación e incluso inició el montaje de su espacio asignado. El problema llegó después porque, a pocas horas de la inauguración, recibió nuevas restricciones que le impedían estar presente como marca y vender sus productos en el sector de comidas, bebidas y espectáculos.
¿La razón, según la propia empresa? Las restricciones estarían vinculadas a condiciones de exclusividad otorgadas a un auspiciador del mismo rubro. Salvietti no se guardó el reclamo: cuestionó el alcance de esas condiciones y pidió reglas claras, transparentes y comunicadas con anticipación. Eso sí, aclaró que no buscaba privilegios ni confrontación, y agradeció el respaldo recibido en redes.
Vale aclarar un detalle que muchas veces se pierde en la viralización y es que el comunicado no identifica públicamente el nombre de la marca auspiciadora beneficiada por esa exclusividad. Ese vacío de información —quién es realmente el rival con contrato blindado— es justamente lo que más alimentó la indignación ciudadana.

FexpoSucre lo niega todo
La Fundación FexpoSucre no se quedó callada, negó que Salvietti haya sido excluida y explicó que el 21 de mayo había enviado una invitación formal para definir su participación. Pero, según la organización, nunca recibió una confirmación escrita ni se llegó a firmar un contrato con la empresa como expositora, patrocinadora o auspiciadora.
Citada por Correo del Sur, la directora ejecutiva de la Fundación, Cintia Castillo, fue más allá e indicó que la marca intentó confirmar su participación recién dos días antes del inicio de la feria, cuando los espacios ya estaban definidos. Y aclaró un matiz importante, que los productos de Salvietti sí se están comercializando en la feria, solo que la empresa no cuenta con un stand propio.
El tono de FexpoSucre fue duro porque calificó las versiones sobre una supuesta exclusión como desinformación y desprestigio, y sostuvo que eso afecta a las empresas y emprendimientos que sí participan en la feria.

El sector privado
El presidente de la Federación de Empresarios Privados de Chuquisaca, Ernesto Poppe, desmintió categóricamente las acusaciones vertidas por la empresa Salvietti del Sur Ltda. y dijo que la institución no admitirá «medias verdades» sobre la organización del evento. Ante los medios, exhibió documentación oficial demostrando que la invitación y las reglas de participación fueron notificadas formalmente a la empresa desde el mes de mayo, aclarando además que el impase surgió debido a que la marca pretendía ubicarse a último momento en el sector del escenario principal.
En ese escenario, un episodio como el de Salvietti toca una fibra sensible: la de si las cláusulas de exclusividad de las grandes ferias terminan protegiendo más al auspiciador de turno que a la producción local que dicen defender.
Un dato importante es que Poppe también es presidente del directorio de la Fundación FexpoSucre.
Cuando el pueblo elige bando
Si algo quedó claro es que el respaldo popular fue contundente. Ni bien se conoció el comunicado, los usuarios se volcaron a las redes para respaldar a la empresa local y cuestionar las condiciones de su participación en la feria.
El fenómeno incluso cruzó fronteras departamentales. En un gesto que se volvió noticia por sí solo, la organización de la Feria Internacional Potosí-Bolivia (Feipobol) invitó públicamente a Salvietti a comercializar sus productos del 6 al 15 de noviembre. Un guiño potosino que, de paso, dejó una foto incómoda para los organizadores de la Fexpo.
El impacto en el evento
Según reportes recogidos por El Diario, en sus tres primeras jornadas de atención la Fexpo Sucre 2026 registró una alta afluencia de visitantes. La organización, además, llegó al evento con expectativas altas porque preveía superar los 5,9 millones de dólares en ventas y recibir más de 60.000 visitantes a lo largo de las diez jornadas de feria.
En contrapartida, el miércoles pasado, Correo del Sur citó declaraciones de Poppe expresando su preocupación por la baja afluencia de público tras la polémica, agregó que el “malentendido” está afectando al resto de los expositores y y pidió revertir esta situación durante los días que aún restan de la feria.

La lección que le queda a los organizadores de eventos masivos
Este caso, más allá de quién tenga la razón en los detalles contractuales, expone una tensión clásica en la organización de ferias y eventos masivos: el choque entre los acuerdos comerciales de exclusividad —que financian buena parte de estas producciones— y la expectativa ciudadana de que estos espacios sean, ante todo, una vitrina abierta para la producción local.
Las cláusulas de exclusividad no son ilegítimas por sí mismas; son una herramienta comercial estándar en cualquier feria del mundo y, probablemente, lo que ocurrió con Salvietti tenga una explicación administrativa tan prosaica como la que plantea FexpoSucre cuando habla de plazos vencidos, papeles no firmados y espacios ya asignados.
Pero cuando la marca afectada es un ícono con más de cien años de historia en la región, la ecuación cambia. Ya no se trata solo de un contrato incumplido, sino de una marca que el público siente como propia porque es una de las más emblemáticas de Bolivia.
La lección para cualquier organizador de eventos masivos es doble. Primero, que la letra chica de un contrato de auspicio puede convertirse en el peor enemigo de la imagen pública del evento si no se comunica con claridad y anticipación, algo que la propia Salvietti reclamó explícitamente.
Segundo, que en la era de las redes sociales, el relato se construye más rápido que cualquier aclaración institucional porque para cuando FexpoSucre salió a explicar su versión, el boicot simbólico ya estaba instalado en la conversación pública y hasta se reflejó en las cifras de asistencia.
En síntesis, ganar o perder un litigio de opinión pública ya no depende solo de tener la razón contractual, sino de quién logra contar primero (y mejor) su versión de los hechos.