
Redacción | Activo$ Bolivia
Una botella vacía puede terminar en la basura o convertirse en el inicio de una nueva historia. En Bolivia, cada envase reciclado representa mucho más que un simple residuo recuperado: significa trabajo para miles de recolectores, conciencia ambiental en hogares y colegios, y una apuesta real por un futuro más sostenible.
En el marco del Día Mundial del Reciclaje, celebrado cada 17 de mayo, Empacar volvió a poner sobre la mesa un tema que cada vez gana más importancia en el país: la economía circular. Y no solo desde el discurso, sino desde cifras y acciones concretas que muestran cómo el reciclaje puede generar impacto ambiental, social e industrial al mismo tiempo.
La compañía fue pionera en la región al implementar procesos de reciclaje de PET, convirtiéndose en la primera de Latinoamérica y la quinta a nivel mundial en desarrollar este modelo. Pero más allá del dato técnico, el objetivo ha sido claro: demostrar que reciclar no es solo “separar basura”, sino construir una nueva forma de producir, consumir y cuidar el entorno.
Actualmente, Bolivia recupera cerca de 29.500 toneladas de materiales reciclables al año entre PET, cartón, papel y otros plásticos. Dentro de esa cadena, las botellas PET se han convertido en protagonistas, ya que pueden reincorporarse nuevamente al sistema productivo y transformarse otra vez en envases aptos para consumo humano.
Empacar asegura que hoy recupera alrededor del 40% de las botellas PET desechadas en el país. La cifra toma aún más relevancia si se compara con la realidad de hace dos décadas, cuando la recuperación ni siquiera alcanzaba el 10%. Además, la empresa tiene la capacidad de procesar el total de las botellas PET generadas en Bolivia, fortaleciendo un circuito de reciclaje que busca cerrar completamente el ciclo de los residuos.
Otro punto que marca diferencia es que la compañía cuenta con certificación de resina PET de grado alimenticio, algo único en Bolivia. Esto permite que las botellas recicladas puedan convertirse nuevamente en envases seguros para bebidas y alimentos, consolidando así un modelo completo de economía circular.
Pero detrás de las toneladas recicladas hay algo todavía más importante: personas.
Recolectores que recorren las calles desde temprano, familias que separan residuos en casa, estudiantes que aprenden hábitos sostenibles y empresas que empiezan a incorporar políticas ambientales forman parte de una red que hace posible este cambio.
“Detrás de cada material recuperado hay personas comprometidas con generar una transformación colectiva”, señaló Carlos Limpias, gerente general de Empacar S.A., al destacar el rol que cumplen tanto ciudadanos como instituciones dentro de esta cadena.
Uno de los pilares más fuertes del modelo es precisamente el componente social. La empresa trabaja con aproximadamente 1.000 recolectores, brindándoles seguros de vida y accidentes como una forma de reconocer el trabajo esencial que realizan diariamente.

Además, a través de programas de recolección coordinados con empresas, colegios, condominios e instituciones, se recuperaron más de 766 toneladas de materiales reciclables. Solo el sector empresarial e institucional aportó más de 645 toneladas, reflejando que cada vez más organizaciones están incorporando prácticas sostenibles en sus operaciones.
La participación ciudadana también crece. Más de 136 instituciones, 66 colegios y 92 condominios formaron parte activa de estas iniciativas, demostrando que el reciclaje funciona mejor cuando el compromiso es compartido.
La compañía también insiste en algo clave: el reciclaje empieza en casa. Separar correctamente los residuos facilita el trabajo de los recolectores, reduce la contaminación y evita que toneladas de desechos terminen en rellenos sanitarios.
Porque al final, reciclar no se trata solo de transformar plástico. Se trata de transformar hábitos, generar conciencia y entender que pequeñas acciones cotidianas pueden tener un impacto enorme en el futuro del país.