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Mundial 2026: ¿una mina de oro o un espejismo económico?

El Mundial 2026 promete cifras récord, pero deja dudas sobre sus beneficios reales.

Redacción | Activo$ Bolivia

Cuando ruede el balón en el Mundial 2026, el planeta asistirá a un torneo sin precedentes. Por primera vez participarán 48 selecciones nacionales y tres países compartirán la organización: Estados Unidos, México y Canadá. La expansión del formato convierte a la Copa del Mundo en un evento de escala continental que promete romper récords deportivos, comerciales y financieros.

Sin embargo, detrás de las cifras deslumbrantes surge una pregunta que divide a economistas, analistas y autoridades: ¿el Mundial generará una riqueza real para los países anfitriones o se trata de un fenómeno inflado por estadísticas que no reflejan beneficios tangibles para la población?

El impacto económico más grande de la historia

De acuerdo con un estudio elaborado por la FIFA y la consultora internacional OpenEconomics, el Mundial 2026 generará un impacto económico total estimado en 80.100 millones de dólares, una cifra que supera ampliamente cualquier edición anterior del torneo.

A primera vista, el dato parece impresionante. Sin embargo, los especialistas recuerdan que la producción bruta no equivale a ganancias netas ni a crecimiento económico directo.

La producción bruta incluye toda la actividad económica asociada al evento: venta de entradas, transporte, combustible, publicidad, servicios turísticos, alimentos, hospedaje y una extensa cadena de proveedores. Una parte importante de ese dinero corresponde a costos operativos e intercambios intermedios que circulan dentro de la economía sin traducirse necesariamente en nueva riqueza.

Por ello, el valor agregado real que efectivamente ingresaría al Producto Interno Bruto (PIB) global se estima en aproximadamente 40.900 millones de dólares, poco más de la mitad del impacto bruto anunciado.

Mientras tanto, la gran ganadora será la FIFA. El organismo proyecta ingresos superiores a los 11.000 millones de dólares, un crecimiento cercano al 56% respecto a Qatar 2022.

La principal fuente de ese incremento será la venta de entradas y paquetes de hospedaje. Si en Qatar estos conceptos generaron cerca de 950 millones de dólares, para 2026 la expectativa alcanza los 3.000 millones gracias a la enorme capacidad de los estadios estadounidenses utilizados habitualmente por la NFL.

Los analistas coinciden en que esta edición rompe con varios patrones históricos observados en torneos recientes como Rusia 2018 o Qatar 2022.

Sin grandes obras ni «elefantes blancos»

Uno de los aspectos más llamativos es que los países anfitriones no necesitan construir infraestructura masiva.

A diferencia de Qatar, que destinó más de 200.000 millones de dólares a nuevos estadios, sistemas de transporte y desarrollo urbano, Norteamérica cuenta con instalaciones deportivas plenamente operativas.

Los estadios ya existen, reciben eventos regularmente y forman parte de las principales ligas deportivas del continente.

El gasto total de organización se estima en 13.900 millones de dólares, de los cuales 11.100 millones corresponden a Estados Unidos. Esto reduce significativamente el riesgo de inversiones improductivas o infraestructuras que queden abandonadas tras el torneo.

No obstante, también limita uno de los motores económicos que suelen acompañar a estos eventos: la construcción de grandes obras públicas.

Beneficios locales, no nacionales

Otro elemento diferenciador es la distribución del impacto económico.

Para la economía estadounidense, que supera los 30 billones de dólares anuales, una inyección de 17.000 millones representa menos del 0,1% de su PIB.

En otras palabras, el Mundial será prácticamente imperceptible desde una perspectiva macroeconómica.

Donde sí se percibirán efectos significativos será en las ciudades sede.

Atlanta, Dallas, Houston, Los Ángeles, Vancouver, Toronto y Ciudad de México esperan recibir cientos de miles de visitantes, generando ingresos extraordinarios para hoteles, restaurantes, comercios y servicios de transporte.

Las estimaciones apuntan a beneficios locales que podrían oscilar entre 160 y 620 millones de dólares por ciudad, dependiendo de la cantidad de partidos y visitantes recibidos.

La consolidación del negocio digital

El Mundial 2026 también marcará un punto de inflexión en la industria mediática.

Los especialistas prevén que será el torneo que consolide definitivamente el dominio de las plataformas digitales sobre la televisión tradicional.

Con una audiencia potencial de 6.000 millones de espectadores, las empresas de telecomunicaciones, publicidad digital y plataformas de streaming aparecen entre las principales beneficiadas.

A ello se suma el crecimiento explosivo de las apuestas deportivas en línea.

Las nuevas herramientas de inteligencia artificial permitirán desarrollar sistemas de microapuestas en tiempo real durante los partidos, un segmento que se ha convertido en uno de los negocios más dinámicos de la industria deportiva global.

El turismo, la gran incógnita

Aunque los organizadores destacan los beneficios económicos del torneo, algunos analistas mantienen reservas sobre el verdadero impacto turístico.

Diversos estudios recientes advierten sobre el llamado «efecto desplazamiento», un fenómeno observado en otros grandes eventos internacionales.

La lógica es simple: muchos turistas convencionales evitan viajar durante el Mundial debido al incremento de precios, la saturación hotelera y las aglomeraciones.

Datos preliminares de reservas aéreas muestran reducciones de entre 3% y 5% en ciertos segmentos de viajes vacacionales hacia Norteamérica durante el periodo del torneo.

Esto significa que una parte del gasto generado por los aficionados al fútbol no constituye un ingreso adicional para la economía, sino que simplemente reemplaza al turismo tradicional.

Un negocio récord que aún genera debate

No existen dudas de que el Mundial 2026 será el torneo más grande y rentable de la historia.

Las cifras proyectadas colocan a la FIFA en una posición financiera sin precedentes y garantizan un importante movimiento económico para sectores vinculados al turismo, el entretenimiento y los servicios.

Sin embargo, los beneficios para los países anfitriones son menos evidentes de lo que sugieren los grandes titulares.

Más que una transformación económica nacional, el torneo parece perfilarse como un gigantesco festival de consumo concentrado en determinadas ciudades y durante un periodo limitado.

La Copa del Mundo moverá miles de millones de dólares, pero el debate sigue abierto sobre cuánto de esa riqueza llegará realmente al ciudadano común una vez que se apague la última luz del estadio y el campeón levante el trofeo.

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