
Redacción | Activo$ Bolivia
Bolivia puso fin este 26 de junio de 2026 a más de 15 años de tipo de cambio fijo. Mediante una resolución del Ministerio de Economía, el Gobierno oficializó un régimen de tipo de cambio flexible administrado, dejando atrás la histórica cotización de Bs 6,86 para la compra y Bs 6,96 para la venta del dólar. Desde el lunes 29 de junio, el Banco Central de Bolivia (BCB) publicará diariamente un tipo de cambio oficial basado en el promedio ponderado de las operaciones realizadas por las entidades financieras, que inicialmente se ubicó en Bs 9,73 por dólar.
La decisión representa uno de los cambios económicos más importantes desde la instauración del tipo de cambio fijo en 2011. Sin embargo, entre los economistas existe consenso al señalar que la flexibilización del dólar era necesaria, pero por sí sola no resolverá los problemas estructurales de la economía boliviana.
El mercado reemplaza al precio fijado por el Estado
El economista Gonzalo Chávez resume el cambio con una comparación sencilla: durante años el Banco Central decidía cuánto debía valer el dólar; ahora será el mercado el que determine ese precio y el BCB únicamente publicará el promedio de las transacciones efectuadas por los bancos.
A su juicio, Bolivia ingresa a un esquema de «flotación administrada», donde el tipo de cambio comienza a reflejar con mayor fidelidad la realidad económica.
Para Chávez, el principal beneficio es que desaparecen muchas de las distorsiones generadas por un precio oficial que había dejado de representar el verdadero valor de la divisa y que obligaba al Estado a utilizar reservas internacionales para sostenerlo.
Sin embargo, advierte que la modificación del régimen cambiario no crea dólares.
«La buena noticia es que reduce distorsiones; la mala noticia es que no fabrica un solo dólar adicional», sostiene el economista. En su criterio, mientras el país no recupere exportaciones, fortalezca las reservas internacionales y reconstruya la confianza de inversionistas y agentes económicos, el precio del dólar seguirá reflejando la escasez de divisas.
Por ello considera indispensables medidas complementarias como la recuperación de las Reservas Internacionales Netas, una mayor independencia del Banco Central y la reducción del déficit fiscal.
Jaime Dunn plantea que la devaluación no puede ser la única respuesta
Una posición similar expresa el economista Jaime Dunn, quien sostiene que el problema de Bolivia no es la devaluación en sí misma, sino creer que cambiar únicamente el precio del dólar puede corregir una economía con desequilibrios estructurales.
En un análisis difundido tras el anuncio gubernamental, Dunn afirma que «devaluar no es el problema». Lo realmente preocupante, sostiene, es pensar que una modificación cambiaria resolverá por sí sola una economía caracterizada por desequilibrios fiscales, reservas internacionales insuficientes, tasas de interés intervenidas y un Estado que, según su análisis, continúa gastando por encima de sus posibilidades.
Para Dunn, la devaluación simplemente hace visible una crisis que ya existía y que permanecía parcialmente oculta bajo un tipo de cambio artificialmente fijo.
El economista considera que el nuevo régimen debe formar parte de un paquete mucho más amplio de reformas estructurales, entre ellas una disciplina fiscal efectiva y un Banco Central verdaderamente independiente.
El precio del dólar refleja la salud de la economía
El economista Hugo Siles Espada también coincide en que el cambio de régimen no modifica las causas profundas de la escasez de divisas.
Según explica, anteriormente era el Banco Central quien fijaba el precio del dólar mediante un monopolio estatal. Ahora esa referencia será construida a partir de las operaciones de once bancos, configurando un mercado donde la oferta y demanda determinarán el tipo de cambio.
Sin embargo, aclara que los bancos únicamente intermedian operaciones.
El verdadero determinante del valor del dólar sigue siendo la posición externa de la economía boliviana, expresada en la balanza de pagos y en la disponibilidad de divisas tanto del sector público como del privado.
En palabras de Siles, «el tipo de cambio es el reflejo de la salud de la economía». Si existe un déficit persistente de dólares, el mercado inevitablemente presionará hacia una depreciación de la moneda nacional.

El Gobierno busca normalizar el mercado cambiario
La decisión del Ejecutivo llega después de varios años marcados por la disminución de reservas internacionales, dificultades para acceder a dólares y la consolidación de un mercado paralelo que llegó a registrar cotizaciones muy superiores al tipo oficial.
El Gobierno argumenta que el nuevo régimen busca fortalecer la estabilidad macroeconómica, preservar la competitividad externa y contribuir al equilibrio de la balanza de pagos. Además, la medida forma parte de un conjunto de reformas orientadas a recuperar la confianza de inversionistas y facilitar el acceso a financiamiento internacional.
El propio Banco Central ya venía publicando desde meses atrás un valor referencial del dólar basado en operaciones bancarias, mecanismo que ahora pasa a convertirse en el nuevo tipo de cambio oficial.
El verdadero examen apenas comienza
Aunque los tres economistas analizan el cambio desde perspectivas distintas, existe un punto de coincidencia: el nuevo régimen cambiario era prácticamente inevitable, pero no representa una solución completa.
La flexibilización elimina una distorsión importante del mercado y acerca el tipo de cambio oficial al valor que ya reflejaban muchas transacciones financieras. Sin embargo, los desafíos que originaron la crisis cambiaria permanecen vigentes.
Recuperar reservas internacionales, reducir el déficit fiscal, fortalecer la institucionalidad del Banco Central, aumentar las exportaciones y atraer nuevas inversiones aparecen como las tareas pendientes.
En otras palabras, el nuevo precio del dólar puede mostrar con mayor claridad la realidad económica del país, pero el éxito del régimen cambiario dependerá de que Bolivia logre corregir las causas que provocaron la escasez de divisas y no únicamente el mecanismo utilizado para medir su valor.