
Redacción | Activo$ Bolivia
La recuperación que mostró Bolivia en inversión extranjera directa (IED) durante 2025 podría verse seriamente comprometida por la prolongada conflictividad social registrada en 2026. Según un análisis del economista Fernando Romero, basado en datos de la CEPAL, los más de 50 días de bloqueos nacionales han deteriorado la percepción internacional del país y podrían provocar una caída de entre 120 y 220 millones de dólares en flujos de inversión extranjera durante este año.
En 2025, Bolivia logró captar 620 millones de dólares en IED, un incremento del 73% respecto a los 358 millones registrados en 2024. Sin embargo, esa cifra representó apenas el 0,3% de toda la inversión extranjera recibida por América Latina y el Caribe, lo que evidencia que el país continúa ocupando una posición marginal dentro del mapa regional de inversiones.
El problema no es solo económico
El economista sostiene que los inversionistas internacionales evalúan mucho más que la rentabilidad de un proyecto. La estabilidad política, social, jurídica y logística son factores decisivos para comprometer capital de largo plazo. En ese contexto, los bloqueos prolongados generan una señal de alerta inmediata.
“La inversión extranjera requiere previsibilidad. Cuando un país enfrenta interrupciones prolongadas en carreteras, producción y comercio exterior, el riesgo operativo aumenta considerablemente”, señala Romero.
Los bloqueos afectan directamente la capacidad de las empresas para transportar insumos, exportar productos y cumplir contratos, elevando costos y reduciendo la competitividad del país frente a otros mercados de la región.
Tres factores que golpean la confianza
El análisis identifica tres elementos que explican el deterioro del clima de inversión:
- Mayor incertidumbre política y social, que hace más difícil planificar proyectos de largo plazo.
- Problemas logísticos, debido a la interrupción de corredores terrestres esenciales para exportaciones e importaciones.
- Deterioro macroeconómico, por las pérdidas económicas asociadas a los bloqueos, estimadas en aproximadamente 3.000 millones de dólares, que afectan la actividad productiva, la recaudación fiscal y la disponibilidad de divisas.
La inversión podría caer hasta 30%
El estudio plantea tres escenarios para 2026:
Escenario conservador
-15%
527 millones USD
Escenario moderado
-20%
496 millones USD
Escenario pesimista
-30%
434 millones USD
Romero considera que el escenario más probable se ubica entre el moderado y el pesimista, lo que implicaría una pérdida de entre 120 y 180 millones de dólares respecto a 2025.
Un daño que va más allá del dinero
Aunque la reducción estimada equivale a entre 0,22% y 0,40% del PIB boliviano, el analista advierte que el verdadero impacto es mucho mayor. La IED no solo aporta capital, sino también empleo formal, tecnología, productividad, exportaciones y generación futura de divisas.
“Por cada dólar de inversión que deja de ingresar, se pierden efectos positivos sobre crecimiento económico, recaudación tributaria y creación de empleo”, indica Romero.
Bolivia pierde terreno frente a otros países
Otro efecto relevante es la pérdida de competitividad regional. Mientras Bolivia enfrenta conflictos recurrentes y restricciones económicas, países como Paraguay, Uruguay, Perú y República Dominicana son percibidos como destinos más estables para hacer negocios.
El informe advierte que algunos inversionistas podrían optar por redirigir sus proyectos hacia esos mercados, donde las condiciones operativas son más previsibles y el riesgo país es menor.
Recuperar la credibilidad tomará años
La conclusión de Romero es contundente al señalar que el principal daño de los bloqueos no es solo la pérdida inmediata de inversión, sino el deterioro de la confianza de largo plazo. En los mercados internacionales, recuperar credibilidad suele requerir varios años de estabilidad económica, jurídica y social, incluso después de que los conflictos hayan terminado.
Bolivia mantiene un importante potencial por sus recursos naturales, especialmente litio y minerales estratégicos. Sin embargo, Romero remarca que los recursos por sí solos no garantizan inversiones. Lo que finalmente atrae capital extranjero es la confianza en que un país puede ofrecer estabilidad, reglas claras y continuidad operativa.