
Sandra Arias Lazcano | Activo$ Bolivia
Cuando Licelott Romero Soto habla de El Alto, no lo hace únicamente como gerente general de la Cámara de Industria y Comercio de El Alto (CAINCO El Alto). Habla como alguien convencida de que el desarrollo económico puede construirse desde las personas, las ideas y el trabajo cotidiano. Su discurso está lejos del triunfalismo; prefiere hablar de oportunidades, de desafíos y de la necesidad de crear puentes entre quienes emprenden, producen e invierten.
Ingeniera ambiental de profesión y con una maestría en Gestión de Proyectos de Desarrollo, Romero ha construido una carrera marcada por la formación permanente. Becas, especializaciones y experiencias laborales en España, China, México y Panamá ampliaron su mirada sobre el desarrollo productivo, pero también reforzaron su convicción de que el conocimiento cobra verdadero sentido cuando regresa al lugar donde puede generar cambios.
Por eso decidió volver a Bolivia. Quería aplicar lo aprendido y contribuir a fortalecer el tejido empresarial desde una ciudad que, a su juicio, representa una de las mayores reservas de talento y capacidad productiva del país.
Camino internacional
Uno de los momentos que marcó su trayectoria fue obtener una beca de la Fundación Carolina para cursar estudios de posgrado en España. Más adelante llegarían nuevas oportunidades de especialización en China y proyectos de desarrollo en México, además de cinco años de trabajo en Panamá vinculados al sector empresarial.
Cada experiencia le permitió conocer distintos modelos de gestión y comprender que el desarrollo no depende únicamente de la inversión o de la infraestructura. También requiere instituciones capaces de conectar personas, generar confianza y abrir oportunidades.
Esa mirada la acompaña hoy en la conducción de una entidad que, durante más de dos décadas, ha buscado fortalecer al empresariado alteño.
Formar líderes
Romero considera que uno de los mayores aportes de CAINCO El Alto ha sido la formación de capital humano. Más de 14.000 jóvenes realizaron prácticas profesionales en la institución, convirtiéndola en un espacio donde muchos encontraron su primera experiencia laboral.
Algunos de esos jóvenes dirigen empresas propias; otros ocupan cargos de responsabilidad en organizaciones privadas. Para la gerente, ese resultado demuestra que invertir en las personas genera un impacto mucho más duradero que cualquier infraestructura.
Su estilo de liderazgo gira precisamente alrededor de esa idea. Cree que un líder debe dar ejemplo, trabajar junto a su equipo y formar nuevos liderazgos antes que concentrar decisiones.

Sembrar empresas
Entre las iniciativas que más satisfacción le producen figura Semilleros, un programa creado para acompañar a emprendedores que desarrollaban actividades económicas sin haber dado todavía el paso hacia la formalidad.
La propuesta nació después de identificar una realidad frecuente en El Alto: cientos de pequeños negocios funcionaban con éxito, pero carecían de asesoramiento jurídico, tributario o administrativo para consolidarse como empresas.
Desde entonces, CAINCO El Alto ofrece acompañamiento técnico, capacitación y orientación especializada para que esos emprendimientos puedan crecer sin temor a los procesos de formalización.
Los resultados ya comienzan a reflejarse. Varias iniciativas que ingresaron al programa ya operan como sociedades legalmente constituidas y generan nuevas fuentes de empleo.
Uno de los casos que Romero recuerda con mayor entusiasmo es Andean Hills, una empresa familiar dedicada a la producción de café en Caranavi. Lo que empezó como un pequeño emprendimiento hoy cuenta con cinco sucursales, presencia en supermercados y trabaja para obtener certificaciones que le permitan ingresar a mercados internacionales.
Para ella, estas historias representan el verdadero éxito institucional.
El ADN alteño
Licelott Romero rechaza la imagen que suele reducir a El Alto a una ciudad marcada por la conflictividad. Desde su experiencia, la realidad cotidiana cuenta otra historia.
Habla de comerciantes que inician su jornada antes del amanecer, de industriales que continúan invirtiendo pese a las dificultades económicas y de jóvenes que convierten una idea en un proyecto de vida.
Esa cultura emprendedora, sostiene, explica buena parte del dinamismo económico de la ciudad.
«El empresario alteño se arriesga, aprende y vuelve a intentarlo», resume. Esa capacidad para reinventarse, incluso en tiempos de crisis, es la fortaleza que distingue a una región donde el emprendimiento forma parte de la identidad colectiva.
Proyectos que transforman
Su confianza en el potencial de la ciudad explica el entusiasmo con el que Romero habla del proyecto que CAINCO El Alto pondrá en marcha junto a la Unión Europea y otras organizaciones internacionales. La iniciativa beneficiará a 800 jóvenes emprendedores durante tres años mediante un proceso integral que incluye capacitación, capital semilla, acompañamiento técnico y equipamiento para consolidar sus negocios.
El programa también contempla la creación de un Eco Hub, un espacio pensado para que los participantes desarrollen ideas, accedan a herramientas tecnológicas y construyan redes de colaboración. Para Romero, el impacto trasciende la formación de nuevas empresas. Se trata de fortalecer una generación capaz de innovar y generar empleo desde la propia ciudad.

Tareas pendientes
En su análisis, El Alto posee condiciones privilegiadas para convertirse en uno de los principales polos industriales de Bolivia. Su ubicación estratégica, la disponibilidad de mano de obra, la capacidad comercial de su población y el espíritu emprendedor constituyen ventajas difíciles de encontrar reunidas en una misma ciudad.
Sin embargo, considera que todavía existen tareas pendientes. La seguridad jurídica, una regulación tributaria más adecuada, mayor inversión en infraestructura y políticas públicas que impulsen la competitividad aparecen entre las prioridades para consolidar ese potencial.
A ello suma un aspecto que considera determinante: la educación.
Romero está convencida de que Bolivia cuenta con jóvenes talentosos, creativos y con enorme disposición para aprender, pero que muchas veces no encuentran las oportunidades necesarias para especializarse o acceder a experiencias internacionales.
Invertir en formación, afirma, permitirá contar con profesionales capaces de liderar empresas, impulsar innovación y competir en mercados cada vez más exigentes.
Una apuesta por Bolivia
Después de recorrer distintos países y conocer otras formas de impulsar el desarrollo, Licelott Romero eligió construir su proyecto profesional en Bolivia. Desde CAINCO El Alto trabaja para demostrar que la transformación económica no depende únicamente de grandes inversiones, sino también de la capacidad de formar personas, conectar instituciones y generar confianza.
Su visión resume el presente de una ciudad que busca dejar atrás antiguos estigmas para mostrarse como un territorio de innovación, producción y emprendimiento.
Cuando se le pide definir su gestión, responde con dos palabras: propositiva y de crecimiento. Son conceptos que sintetizan una manera de entender el liderazgo, pero también una declaración de confianza en el futuro de El Alto, una ciudad que, para ella, aún tiene mucho por aportar al desarrollo económico de Bolivia.