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martes, septiembre 15, 2026
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El desafío de repensar la ciudad desde la arquitectura

Guillermo Bazoberry, presidente del Colegio de Arquitectos de Cochabamba.

Sandra Arias Lazcano | Activo$ Bolivia

La arquitectura apareció en la vida de Guillermo Bazoberry mucho antes de que pudiera definirla con palabras. Mientras otros niños asistían al kínder, él prefería acompañar a su abuelo en las visitas de obra durante la construcción de una vivienda. Entre planos, ladrillos y conversaciones técnicas descubrió una fascinación que con el tiempo se convertiría en una profesión y, más aún, en una forma de entender la ciudad.

Aquella curiosidad infantil evolucionó hasta convertirse en una carrera marcada por el diseño, la docencia, la investigación y la gestión pública. Años después, al asumir por segunda vez la presidencia del Colegio de Arquitectos de Cochabamba, vuelve a una institución que considera parte fundamental de su historia profesional y que ahora enfrenta el reto de recuperar la influencia que alguna vez tuvo en el desarrollo urbano del departamento.

Más allá del cemento

Aunque reconoce la importancia del diseño y de la tecnología, Bazoberry rechaza la idea de que la arquitectura sea únicamente un ejercicio estético. Para él, es, ante todo, una ciencia social.

Su propósito no consiste en levantar edificios llamativos, sino en resolver problemas concretos de las personas. La creatividad, explica, solo adquiere sentido cuando está al servicio de quienes habitan una vivienda, estudian en una escuela o reciben atención en un hospital.

Esa filosofía comenzó a consolidarse durante sus años universitarios gracias a profesores que despertaron su interés por la teoría y el pensamiento crítico. Más allá de enseñar a proyectar espacios, le mostraron que cada obra tiene una responsabilidad con la sociedad.

Desde entonces, esa visión ha guiado toda su trayectoria profesional.

Obras que dejan huella

Cuando repasa los proyectos que más satisfacción le han dado, Bazoberry no habla únicamente de edificios construidos. Habla de experiencias que representaron desafíos intelectuales y colectivos.

Entre ellos recuerda con especial cariño el diseño de su propia vivienda, reconocida con un premio en Cochabamba durante la década de los 90. También menciona el Centro de Alto Rendimiento del Titicaca, el proyecto ganador del complejo Max Paredes en La Paz, propuestas para la ampliación del estadio Félix Capriles y el concurso para el aeropuerto de Sucre.

Sin embargo, uno de los trabajos que considera más trascendentes fue dirigir el equipo técnico que elaboró el proyecto de la Ciudadela de la Salud para Cochabamba. La iniciativa buscaba planificar un complejo hospitalario con visión de largo plazo, pensado para responder a las necesidades sanitarias de los siguientes 25 años.

Aunque el proyecto no llegó a materializarse plenamente, continúa viéndolo como una de las contribuciones más importantes de su carrera.

La fachada de la sede del Colegio de Arquitectos de Cochabamba.

Vuelta al Colegio

Veinticinco años después de haber ocupado por primera vez la presidencia del Colegio de Arquitectos de Cochabamba, Bazoberry decidió aceptar nuevamente el desafío.

Lo hizo, explica, porque un grupo de colegas le planteó recuperar el prestigio de una institución que décadas atrás figuraba entre las más influyentes del departamento.

Recuerda que, a comienzos de los años 2000, el Colegio era una referencia obligada para debatir planificación urbana, desarrollo territorial y políticas públicas. Hoy, en cambio, considera que el gremio perdió presencia en las discusiones sobre el futuro de la ciudad. Esa ausencia es precisamente la que busca revertir.

Integrar para avanzar

Al asumir la presidencia institucional encontró una institución golpeada por dificultades internas, pero también por una pérdida gradual de protagonismo frente a la sociedad.

Lejos de buscar responsables, prefiere reconocer el esfuerzo del reducido equipo que sostuvo el funcionamiento del Colegio en momentos especialmente complejos.

Su apuesta consiste ahora en integrar a los diferentes sectores del gremio. El nuevo directorio reúne representantes de cuatro frentes que meses atrás compitieron en las elecciones internas, pero que hoy trabajan bajo un objetivo común.

Para Bazoberry, recuperar la institucionalidad comienza por reconstruir la confianza entre colegas y fortalecer una organización que representa a cerca de cinco mil arquitectos, aunque solo una parte mantiene una participación activa.

La ciudad pendiente

Si hay un tema que apasiona a Guillermo Bazoberry es el futuro de Cochabamba. Habla de sus calles, parques y barrios con la misma naturalidad con la que describe un plano arquitectónico. Su diagnóstico combina reconocimiento y preocupación: destaca el valor urbano del centro histórico y el potencial de la ciudad, pero advierte que el crecimiento desordenado está generando problemas que podrían evitarse con una planificación más cercana al territorio.

Uno de los aspectos que más le inquieta es que las autoridades suelen intervenir cuando los conflictos ya se instalaron. A su juicio, la gestión urbana debería ser preventiva. Propone equipos municipales presentes en las zonas de expansión para orientar la apertura de calles, la reserva de áreas verdes y la ubicación de escuelas, centros de salud y servicios básicos antes de que aparezcan asentamientos consolidados.

También cuestiona soluciones viales que, en lugar de resolver el tráfico, simplemente trasladan los congestionamientos de un punto a otro. Cree que el Colegio de Arquitectos debe recuperar su papel como una voz técnica capaz de aportar criterios independientes sobre las grandes inversiones urbanas.

Salvar la memoria

Uno de los temas que más preocupa a Guillermo Bazoberry es el deterioro del patrimonio arquitectónico del centro histórico. Observa con inquietud cómo numerosas casonas permanecen abandonadas hasta que el deterioro hace inevitable su demolición.

A su juicio, el problema radica en que existen demasiadas restricciones para intervenir inmuebles patrimoniales, pero muy pocos incentivos para conservarlos. Esa combinación termina desalentando a los propietarios y favoreciendo el abandono.

Más que inmovilizar el patrimonio, propone protegerlo mediante intervenciones técnicas que permitan conservar su valor histórico sin condenarlo al deterioro. Para él, preservar una ciudad también significa mantener viva su memoria.

Una ciudad más verde

Cuando imagina la Cochabamba del futuro, Bazoberry piensa en una ciudad donde el peatón vuelva a ocupar el lugar central. Defiende calles con más árboles, menos cemento y espacios públicos capaces de mejorar la calidad de vida.

Considera que el principal patrimonio natural de la región es su clima privilegiado, una ventaja que debería protegerse mediante políticas urbanas orientadas a incrementar la cobertura vegetal y promover formas de movilidad más sostenibles.

También insiste en que el transporte y la planificación territorial deben abordarse desde una perspectiva metropolitana, dejando atrás decisiones aisladas que muchas veces generan nuevos problemas en lugar de resolver los existentes.

Después de décadas dedicadas al diseño, la docencia y la gestión pública, Guillermo Bazoberry mantiene intacta la misma curiosidad que lo llevó de niño a recorrer obras junto a su abuelo. Actualmente, esa vocación se traduce en una convicción sencilla, pero profunda, de que la arquitectura no existe para admirarse a sí misma, sino para mejorar la vida de las personas.

Recuperar esa esencia, fortalecer al Colegio de Arquitectos y volver a convertirlo en una conciencia crítica sobre el desarrollo urbano constituye el legado que espera dejar al concluir esta nueva etapa. Porque, en su visión, las mejores ciudades no son las que construyen más edificios, sino las que nunca dejan de pensar en quienes las habitan.

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