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martes, mayo 5, 2026
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Riesgo País Bolivia 2025: del castigo extremo a una leve tregua del mercado

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El mercado dejó de castigar a Bolivia, pero todavía no la premia.

Redacción | Activo$ Bolivia

Arrancando este 2026, es importante mirar con lupa cómo le fue a la economía boliviana en 2025. Uno de los indicadores que más miraron analistas e inversionistas fue el Riesgo País, que tuvo un comportamiento intenso, volátil y, hacia el final del año, sorprendentemente favorable.

Según el análisis del economista Fernando Romero, el desempeño del Riesgo País boliviano en 2025 refleja más un cambio de expectativas que una transformación económica profunda. Aun así, el movimiento fue clave.

El Riesgo País de Bolivia en 2025

El Riesgo País, medido a través del EMBI de JP Morgan, cerró el 2025 en 673 puntos. Este indicador, que mide la percepción de riesgo sobre la deuda externa de un país, funciona de manera simple: a mayor puntaje, menor confianza para invertir.

Con ese nivel, Bolivia terminó como la segunda economía más riesgosa para invertir en América Latina y el Caribe, solo por detrás de Argentina y a apenas 112 puntos de distancia.

Pero ese dato final no cuenta toda la historia. Durante 2025, Bolivia tuvo un comportamiento extremo porque el Riesgo País llegó a un máximo de 2.242 puntos en abril, mientras que su nivel más bajo fue de 656 puntos en noviembre. El promedio anual fue alto con 1.599 puntos.

Un año partido en dos

Romero destaca que el 2025 fue un año claramente dividido. En el primer semestre, el Riesgo País se mantuvo elevado y persistente, reflejando dudas sobre la situación fiscal, la escasez de divisas y la sostenibilidad macroeconómica. En ese periodo, Bolivia era vista como una economía en estrés, pagando un “premio por riesgo” muy alto.

Sin embargo, todo cambió en el segundo semestre. Influido por las elecciones nacionales, el cambio de gobierno y una mayor apertura hacia la cooperación e inversión internacional, el Riesgo País comenzó a caer de forma sostenida.

Entre enero y diciembre de 2025, el indicador se redujo en 68%, y desde su punto más alto hasta el más bajo del año, la caída fue cercana al 70%. Ningún otro país de la región mostró un ajuste tan marcado en tan poco tiempo.

Un dato simbólico es el del 7 de noviembre de 2025, un día antes de la posesión del presidente Rodrigo Paz, el Riesgo País boliviano bajó de los 1.000 puntos por primera vez en más de dos años. Tres días después, ya estaba en 930 puntos.

En palabras simples, el mercado dejó de castigar a Bolivia de manera extrema, aunque todavía no la considera una apuesta segura.

¿Cómo quedó Bolivia frente a la región?

El 2025 fue complicado para casi toda América Latina. El Riesgo País global cerró el año en 231 puntos, mientras que el promedio latinoamericano se ubicó en 308 puntos. Bolivia, junto con Argentina y Venezuela, quedó en el grupo de economías con mayor percepción de riesgo.

La región no vivió una crisis generalizada, sino un proceso de diferenciación. Los inversionistas premiaron disciplina fiscal, estabilidad política y credibilidad institucional, y castigaron fragilidad e incertidumbre.

Países como Brasil, Chile, Perú, Colombia, Uruguay, Costa Rica y República Dominicana lograron reducir su Riesgo País gracias a políticas macroeconómicas más consistentes. En cambio, Argentina, Bolivia y Ecuador mantuvieron niveles altos, aunque más estables hacia el final del año.

El caso extremo sigue siendo Venezuela. Aunque su Riesgo País cayó en 2025, sigue en niveles extraordinariamente altos y sin acceso real a los mercados. Y el panorama para 2026 luce aún más complejo.

¿Qué nos dice todo esto?

La conclusión de Fernando Romero es que el Riesgo País se consolidó como un termómetro central de credibilidad económica. Bolivia logró una mejora importante en la segunda mitad de 2025, pero no por reformas estructurales de fondo, sino por un cambio en las expectativas del mercado.

Actualmente, un inversionista que quiera traer capital al país exigiría una rentabilidad cercana al 11%, casi la mitad de lo que pedía a mediados de 2025. Es una mejora, sí, pero todavía alta para estándares regionales.

El 2026 será clave para saber si Bolivia logra consolidar esta tregua del mercado o si el Riesgo País vuelve a subir. Por ahora, el mensaje es que el mercado dejó de castigar, pero todavía no confía del todo.

La inflación no se fue, solo se postergó para 2026

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La inflación de 2025 no cuenta toda la verdad, según el economista Fernando Romero.

Redacción | Activo$ Bolivia

El Instituto Nacional de Estadística (INE) cerró el 2025 con un dato que genera debate al señalar que la inflación acumulada fue del 20,4%, tras registrar en diciembre una variación mensual de apenas 0,59%. Para muchos, ese número está lejos de lo que realmente pasó con los precios durante el año.

Para entender esta brecha, que no es nueva, el economista Fernando Romero hizo un análisis técnico a partir de los propios datos oficiales del INE. La conclusión es que el IPC es correcto desde lo estadístico, pero incompleto desde lo económico.

Una inflación alta, persistente y nada pasajera

Según Romero, la inflación de 2025 no fue un accidente ni un evento aislado. Fue un proceso sostenido y persistente, con fuerte componente inercial. Ocho de los doce meses del año registraron inflaciones iguales o superiores al 1%, y el promedio mensual rondó el 1,55%.

Los meses más duros llegaron en el primer semestre: mayo (3,65%) y junio (5,21%), confirmando que la presión inflacionaria se aceleró temprano y se mantuvo durante todo el año.

Además, el golpe no estuvo en bienes durables, sino donde más duele: alimentos, transporte y servicios. Desde marzo ya se notaba inflación inercial, es decir, precios que suben por expectativas y rezagos, no solo por costos inmediatos. En pocas palabras, fue una inflación estructural, no temporal.

¿Por qué no superó el 25% pese al DS 5503?

Una de las grandes preguntas es por qué, pese a la eliminación de la subvención a los carburantes mediante el DS 5503, la inflación no se disparó más en 2025. La respuesta, según Romero, no está en la economía real, sino en la estadística.

Primero, por un efecto calendario porque el decreto empezó a aplicarse recién el 17 de diciembre, por lo que el IPC solo capturó una parte mínima del impacto. Segundo, porque el combustible tiene un peso directo bajo en la canasta del IPC; su verdadero efecto llega después, vía transporte y alimentos. Y tercero, porque en diciembre hubo una caída de precios en alimentos básicos (-1,96%) que compensó estadísticamente el fuerte aumento del transporte (+15,3%).

Entonces, la inflación no fue contenida, solo diferida hacia 2026.

La inflación que debió marcar diciembre

Con incrementos de hasta 86% en gasolina y 163% en diésel, el impacto real del shock energético fue mayor al reflejado. Según simulaciones técnicas, la inflación mensual de diciembre debió ubicarse entre 2,4% y 3,0%, y la inflación acumulada del año entre 22,8% y 24%.

Esto no implica manipulación de datos, aclara Romero, sino rezagos metodológicos propios del IPC.

¿El IPC refleja la inflación real?

El índice del INE sí refleja bien la tendencia general de precios urbanos, pero deja fuera aspectos clave como la inflación del sector informal, la sustitución forzada de consumo (comprar menos o lo más barato), la pérdida real del poder adquisitivo de los hogares pobres y el impacto diferido de precios regulados.

Por eso, el diagnóstico es estadísticamente correcto, pero económicamente incompleto.

Qué se debería hacer para medir mejor la inflación

Romero propone actualizar la canasta de consumo cada 3 a 5 años, implementar un IPC encadenado que capture cómo la gente cambia sus hábitos, crear índices complementarios por nivel de ingresos y ampliar la medición a mercados populares y ferias.

El objetivo no es maquillar cifras, sino medir la inflación que realmente vive la gente.

Medidas urgentes para 2026

Para este año, Romero plantea medidas claras como subsidios temporales y focalizados al transporte público, protección logística y directa a alimentos básicos y una política fiscal y monetaria creíble que evite seguir financiando el déficit con emisión de dinero.

No se trata de eliminar la inflación de golpe, sino de evitar que se descontrole.

Por todo esto, la inflación del 20,4% en 2025 no cuenta toda la historia. Parte del golpe recién se sentirá en 2026, especialmente por el impacto de los combustibles. Para muchas familias, el dinero ya no alcanza como antes porque gastan más en comida y transporte.

Romero señala que, si no se actúa a tiempo, este año se va a sentir aún más fuerte en la mesa y en el pasaje de la mayoría de los bolivianos.

“Hay que internacionalizar el talento cochabambino”

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Wildo Dolz, presidente de la ICAM, afirma que no competimos con el vecino, sino con países enteros y Cochabamba no puede quedarse atrás.

Edwin Carpio San Miguel | Activo$ Bolivia

En medio de un horizonte sembrado de obstáculos y con un sector privado que reclama mayor competitividad, la Cámara de Industria Comercio y Servicios de Cochabamba (ICAM) encuentra en su nuevo presidente, Wildo Dolz, un liderazgo que apunta más lejos de lo habitual.

Dolz sostiene una premisa que lo acompaña desde el primer día y es que la región tiene talento y tiene capacidad productiva. Lo que falta es que ambas entren al circuito global del que Cochabamba se ha mantenido a distancia durante demasiado tiempo.

Su idea suena sencilla, pero es disruptiva. Internacionalizar al asociado, darle herramientas para que compita con confianza y llevar la marca productiva cochabambina a nuevos mercados.

Con el respaldo de dos tercios del directorio, Dolz asumió la presidencia de la ICAM activando una agenda que no tardó en mover las aguas. Su presencia en los principales espacios de discusión empresarial del país empezó casi de inmediato, recordando que el pulso económico nacional se decide allí donde se escucha con mayor claridad la voz del sector privado.

Su primera parada fue el Consejo Nacional de Presidentes y Gerentes de Cámaras de Industrias de Bolivia, celebrado a inicios de noviembre en Santa Cruz. En ese encuentro, las entidades empresariales pactaron una hoja de ruta conjunta para enfrentar temas clave.

Dolz tomó la palabra para insistir en algo que considera urgente. Cochabamba necesita recuperar protagonismo con propuestas modernas, articuladas y con una visión regional que permita avanzar con firmeza.

Una puerta abierta en China

Apenas días después llegó el punto de quiebre. La ICAM fue invitada a la Cumbre Empresarial China–Latinoamérica y el Caribe, realizada en la ciudad de Zhengzhou. Para Dolz no fue una reunión más. Fue la puerta abierta hacia un capítulo que Cochabamba venía postergando. Nada menos que un acercamiento directo a uno de los mercados más grandes y dinámicos del mundo. Allí Bolivia mostró su potencial productivo y la delegación cochabambina captó la atención de empresas chinas interesadas en nuevos socios.

Las conversaciones dejaron propuestas que parecían salidas de un futuro que ya llegó. Robotización industrial, soluciones en energías renovables, paneles solares de última generación, baterías de alto rendimiento y modelos de automatización diseñados para economías del tamaño de la boliviana. El mensaje recibido es que si Bolivia quiere modernizar y digitalizar su industria, China está dispuesta a caminar a su lado como aliado estratégico.

Contactos valiosos

La travesía en Asia dejó otro resultado aún más valioso. Contactos institucionales confiables y verificados. En un tiempo de riesgos crecientes, Dolz destaca la importancia de evitar intermediaciones que generan incertidumbre. El empresario cochabambino debe poder comprar y vender con seguridad, sin sorpresas y con plena confianza en quienes están al otro lado del contrato.

Con esta experiencia, Dolz proyecta misiones empresariales hacia países vecinos como Brasil, Perú, Colombia y Argentina. La meta es que el empresariado local forme parte activa de las cadenas productivas regionales y que participe en ferias, ruedas de negocios y espacios de innovación donde pueda ampliar su universo de oportunidades.

Fortalecimiento interno

La internacionalización no llega sola. En su gestión también se contempla un fortalecimiento interno de la ICAM que abarque asesoramiento tributario, legal y financiero, acompañamiento en certificaciones, servicios de conciliación y arbitraje y apoyo institucional para resolver trámites ante entidades públicas. Dolz entiende que ningún salto externo será sostenible si la casa no está sólida por dentro.

“El mundo se ha vuelto más pequeño. Ya no competimos con el vecino de al lado. Competimos con países enteros y Cochabamba no puede quedarse atrás”, afirma. Con esa visión, su mandato de apenas un año exige un ritmo de gestión vertiginoso, para lograr su meta de que la ICAM lidere un ecosistema empresarial moderno, capaz de exportar, innovar y generar alianzas internacionales.

El anhelo es que lo hecho en Cochabamba deje de ser un reconocimiento local para convertirse en un estandarte visible en todos los espacios donde se decida el comercio y la producción del siglo XXI.

Si este camino se consolida, la ICAM no solo ganará presencia en el mapa empresarial internacional. También abrirá una ventana inédita para que los empresarios de Cochabamba piensen, produzcan y crezcan sin fronteras, impulsados por el recurso más valioso que poseen y es su talento.

La carretera que busca unir La Paz y Cochabamba en menos tiempo

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Inquisivi, el municipio paceño por el que pasa el trazo de la nueva ruta La Paz-Cochabamba.

Redacción | Activo$ Bolivia

Cuando se habla de la “nueva carretera” La Paz–Cochabamba, no se trata de una autopista mágica ya terminada, sino de un proyecto vial estratégico que avanza por tramos y que busca conectar ambas ciudades de forma más directa, sin tener que dar la larga vuelta por Oruro como ocurre actualmente con la ruta tradicional (RN4).

La idea es ambiciosa. Se proyecta una carretera de doble vía que pase por zonas como Mecapaca, Huancarani, Millucato e Inquisivi, cruzando incluso el río Sacambaya, que marca el límite departamental. Esta ruta alternativa no solo apunta a reducir tiempos de viaje, sino también a convertirse en un complemento fundamental del corredor vial principal del país, que une La Paz, Cochabamba y Santa Cruz.

En los últimos años se han ido dando pasos concretos. Algunos tramos ya fueron licitados y ejecutados, como Ornuni–Caxata, mientras que otros siguen en etapa de diseño final, como el tramo Quime–Inquisivi. A inicios de 2026, el proyecto se encuentra en distintas fases de avance, con una segunda etapa anunciada que, según proyecciones previas, podría concluirse en aproximadamente dos años.

Eso sí, el camino no es sencillo. La topografía de la zona es uno de los principales desafíos con terreno pedregoso, ríos, pendientes y condiciones geográficas que encarecen la obra y alargan los plazos. A esto se suma el tema del financiamiento, que genera dudas sobre qué tan rápido podrá completarse el proyecto en su totalidad.

Pese a ello, la nueva carretera ya cumple un rol importante. En situaciones de emergencia, cuando la ruta principal se bloquea por derrumbes o conflictos, esta vía alternativa se convierte en una salida estratégica para mantener la conexión entre occidente y el centro del país.

Los beneficios, de concretarse el proyecto completo, serían significativos. Se habla de reducir el tiempo de viaje entre La Paz y Cochabamba a unas cuatro o cinco horas (aproximadamente a la mitad), además de impulsar la integración económica y el desarrollo de las comunidades que se encuentran a lo largo de la ruta.

En resumen, la “nueva carretera” La Paz–Cochabamba no es una sola vía terminada ni una promesa vacía. Es una obra en construcción por tramos, compleja pero clave, que apunta a mejorar la conectividad del país y a convertirse en una arteria vital para Bolivia.

Elaboran un traje a medida para el sector energético de Bolivia

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Energía, inversión y litio: el plan del Gobierno para reactivar la economía.

Redacción | Activo$ Bolivia

Con la mirada puesta en reactivar la economía, actualizar las reglas del juego y atraer inversiones, el Ministerio de Hidrocarburos y Energías avanza en la elaboración de un paquete de cuatro leyes que apunta a una reforma estructural del sector energético boliviano.

El ministro del área, Mauricio Medinaceli, explicó que el proceso se desarrollará por etapas. En una primera fase, el Ejecutivo priorizará medidas para dinamizar la economía nacional y, posteriormente, impulsará la aprobación de cuatro normas clave: la nueva Ley de Hidrocarburos, la Ley de Electricidad, la Ley Verde y la Ley del Litio. Todas ellas, según la autoridad, marcarán un antes y un después en la política energética del país.

Uno de los cambios más relevantes llegará con la nueva Ley de Hidrocarburos. Medinaceli adelantó que se plantea una tipología contractual renovada y un sistema impositivo diferenciado, que tome en cuenta las particularidades de cada campo y región productora. Para explicarlo de forma sencilla, el ministro usó una comparación directa: actualmente todos los campos pagan el mismo impuesto, sin importar si están en Tarija, Cochabamba o Santa Cruz. “Es como si todos los bolivianos usáramos el mismo terno y la misma talla. A algunos les queda grande y a otros, pequeño. Necesitamos un sistema impositivo a medida”, afirmó.

El segundo pilar de la reforma será la nueva Ley de Electricidad, que abrirá la puerta a una mayor participación del sector privado en la generación de energía. El énfasis estará puesto en fuentes alternativas como la biomasa y la energía fotovoltaica, con el objetivo de diversificar la matriz energética y reducir la dependencia de fuentes tradicionales.

El tercer eje corresponde a la denominada Ley Verde, enfocada en el impulso de energías limpias que no están directamente ligadas a la generación eléctrica. Aquí entran el etanol, los biocombustibles y el hidrógeno, además de la creación de planes para acceder a bonos verdes, fomentar la participación de las regiones y avanzar hacia un programa de conversión vehicular que apueste por la electromovilidad.

Finalmente, Medinaceli se refirió a la Ley del Litio, una de las más sensibles y estratégicas. Como primer paso, la norma contemplará la delimitación de áreas protegidas en los salares, destinadas exclusivamente al turismo, con el fin de preservar el paisaje y la actividad turística. “Queremos que esas zonas no se toquen, que el litio quede protegido allí. Lo que no esté dentro de esa reserva podrá desarrollarse mediante proyectos de industrialización del litio”, explicó.

Con este paquete de leyes, el Gobierno busca no solo modernizar el sector energético, sino también sentar las bases para atraer inversiones, cuidar el medio ambiente y abrir nuevas oportunidades de desarrollo para el país.

Por qué el transporte no debería subir más de 40 centavos en el país

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El debate por el ajuste tarifario del transporte público vuelve al centro de la agenda nacional.

Redacción | Activo$ Bolivia

El debate por el aumento del pasaje urbano volvió con fuerza al centro de la agenda nacional. El retiro de la subvención a los combustibles reactivó la presión de los transportistas y la población teme que el ajuste termine siendo mucho más alto de lo que realmente corresponde.

Pero, ¿qué dicen los números? Según Eduardo Pando, analista de la consultora GEDESA, ningún incremento del transporte público en Bolivia debería superar los 40 centavos. Y no se trata de una opinión al aire, es el resultado de un estudio técnico basado en datos oficiales, aplicado a ciudades como La Paz, El Alto, Cochabamba, Oruro y Potosí.

El punto de partida del análisis es simple y es que la tarifa es un precio regulado, no un número antojadizo. Depende de los costos operativos por kilómetro y de cuántos pasajeros se transportan en ese trayecto.

Con esa metodología, Pando calculó los llamados “techos tarifarios”, es decir, hasta dónde podría subir el pasaje sin romper la lógica técnica.

¿Cuánto podría subir realmente el pasaje?

Los resultados son bastante claros:

  • La Paz: de 2,40 a un máximo de 2,78–2,80 (entre 38 y 40 centavos).
  • Cochabamba: con tarifa vigente de 2,50 desde enero de 2025, el techo llega a 2,85 (35 centavos).
  • El Alto: de 1,50 a 1,74 (24 centavos).
  • Oruro: tarifa actual de 2,00; el ajuste máximo sería de 32 centavos.
  • Potosí: también con tarifa de 2,00, el tope técnico es 2,32.

En Santa Cruz, aunque el estudio no fija una cifra exacta, el diagnóstico es similar: la alta eficiencia del sistema —casi 4 pasajeros por kilómetro— hace que el impacto del combustible sea menor. Traducido a términos simples quiere decir que tampoco hay justificación para subidas por encima de los 40 centavos.

El diésel subió en 163%, pero aquí aparece uno de los datos más reveladores del estudio y es que el combustible representa solo alrededor del 20% de los costos operativos del transporte urbano.

Además, en ciudades como Cochabamba, Oruro y Potosí, el 98% de los vehículos usa gas vehicular, cuyo precio no tuvo incrementos significativos. Es decir, el argumento del “combustible imposible de absorber” pierde fuerza cuando se miran los datos completos.

Entonces, ¿por qué se habla de subir 80 centavos o 1 boliviano?

Para Pando, la respuesta es que no es un problema técnico, sino dirigencial.

Según el consultor, cualquier intento de llevar el pasaje 80 centavos o incluso 1 boliviano por encima de la tarifa actual responde a intereses internos del sector, no a una estructura real de costos. De hecho, incorporando correctamente el uso del gas, el ajuste razonable podría estar incluso entre 15 y 25 centavos.

La crisis no debe pagarla el ciudadano

En un país golpeado por la devaluación y con una inflación cercana al 20% anual, trasladar las ineficiencias del sistema —como el exceso de minibuses— directamente al bolsillo del ciudadano sería una medida correcta.

Por eso, el llamado final del estudio es que debe haber menos consigna política y más evidencia técnica. Además, se precisa un acuerdo nacional entre alcaldías, gobernaciones y transporte.

El pasaje no se define con presión ni con megáfono, sino con números. Y los números, al menos esta vez, hablan bastante claro.

Precios sincerados, tensiones reales: Bolivia frente a su ajuste más delicado

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Vehículos cargan combustible en un surtidor de La Paz. (Foto: Jornada)

Redacción | Activo$ Bolivia

Tal como advertía el economista Gonzalo Chávez, Bolivia ha entrado de lleno en una fase de corrección abrupta de precios relativos, con una decisión que marca un quiebre histórico: el retiro de la subvención generalizada a los hidrocarburos. No es un ajuste gradual ni silencioso; es un golpe directo al corazón del modelo económico que sostuvo precios artificialmente bajos durante años.

Los números hablan por sí solos. La gasolina subió 86,1%, mientras que el diésel (el combustible que mueve camiones, tractores y buses) se encareció en 163%. Como bien señala Chávez, esta diferencia no es menor porque el diésel es la columna vertebral de la producción, el transporte y la logística. Cuando sube el diésel, todo sube después.

El efecto dominó que viene

El encarecimiento del diésel anticipa un efecto cascada sobre los costos de producción y, finalmente, sobre el precio de los alimentos y bienes básicos. No se trata de una hipótesis académica, sino de una dinámica conocida en la economía boliviana, donde transporte más caro significa insumos más caros y comida más cara.

Junto a este shock, el Gobierno también presentó un paquete de compensaciones sociales. Aumentó el salario mínimo en un 20%, elevó la Renta Dignidad en 43% y el bono Juancito Pinto en 50%. El mensaje, como apunta Gonzalo Chávez, es que hay que proteger con mayor fuerza a adultos mayores y estudiantes, mientras se confía en que el ajuste salarial sostenga el consumo de los trabajadores formales.

¿Y el sector informal?

Aquí aparece la primera gran tensión estructural. Bolivia es, ante todo, una economía informal. Cerca del 80% de la población económicamente activa no tiene salario mínimo, contrato ni estabilidad. Como advierte Chávez, para este enorme segmento el ajuste llega solo por el lado de los precios con transporte más caro e insumos más caros; pero sin compensación equivalente.

El diseño de las medidas beneficia principalmente al sector formal y a los beneficiarios de bonos estatales, dejando fuera a comerciantes, transportistas informales, cuentapropistas y pequeños productores urbanos y rurales.

El nuevo salario mínimo y la presión empresarial

El aumento del salario mínimo busca preservar el poder adquisitivo, pero también introduce un problema adicional. Muchas empresas privadas, especialmente pequeñas y medianas, ya operan en un contexto de recesión, caída de ventas y escasez de crédito. Como subraya Gonzalo Chávez, la política salarial funciona como compensación social, pero también como un factor de presión sobre el empleo formal.

El riesgo es conocido con menos contratación, más informalidad o, en el peor de los casos, cierre de unidades productivas.

Política, consensos y conflictos latentes

A este escenario se suma un componente político delicado. El ajuste se implementó sin un acuerdo amplio en la Asamblea Legislativa, algo que, según Chávez, habría sido clave para dotar de legitimidad y sostenibilidad a la medida. En Bolivia, los ajustes sin consenso suelen terminar en bloqueos, retrocesos o conflictividad social.

El caso del transporte es emblemático. No existen definiciones claras sobre tarifas urbanas, interprovinciales o interdepartamentales. Si suben, empujan la inflación; si se congelan, trasladan las pérdidas a un sector ya golpeado por el alza del diésel.

¿Y el Estado? La pregunta incómoda

Uno de los puntos más críticos del análisis de Chávez es lo que no se tocó: el gasto público. No hubo anuncios sobre cierre de empresas estatales deficitarias, recortes en planillas ni una racionalización más agresiva del aparato estatal. Al final, el ajuste recae principalmente sobre los precios y los ingresos de los hogares, en lugar de distribuir los costos entre el sector público y el privado.

La inflación y el dilema monetario

El riesgo macroeconómico más serio es una aceleración inflacionaria persistente. El shock del diésel puede desanclar expectativas, activar ajustes preventivos y empujar una espiral difícil de controlar. Para frenarla, el Gobierno podría verse obligado a aplicar una política monetaria contractiva: subir tasas de interés y restringir el crédito.

Pero, como advierte Chávez, esa medicina tiene efectos colaterales severos como menos inversión, menos consumo y una recesión más profunda. En una economía informal, con bajo acceso al crédito, este tipo de política suele ser regresiva y poco eficaz para controlar precios, mientras castiga con fuerza al empleo y la producción.

El verdadero examen

Bolivia enfrenta hoy un ajuste fiscal clásico, pero en un contexto social y productivo extremadamente frágil. El desenlace dependerá de tres factores clave, como resume Chávez:

  1. Si el aumento salarial logra sostener el consumo.
  2. Si se amplían las compensaciones hacia el sector informal y el transporte.
  3. Y si la respuesta social convierte un ajuste anunciado en un conflicto abierto.

El equilibrio entre estabilizar la economía y evitar una recesión profunda será el verdadero examen de esta etapa. Fallar en ese equilibrio puede llevar al peor escenario posible: inflación alta con recesión, una combinación que en Bolivia suele erosionar rápidamente la legitimidad política y reactivar la conflictividad social.

El precio de poner orden en las empresas públicas

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La planta estatal de papas fritas, ubicada en El Alto, requirió una inversión de Bs 162 millones.

Redacción | Activo$ Bolivia

Son 667 millones de bolivianos los que el Gobierno dice que necesita para cerrar de forma ordenada un grupo de empresas públicas deficitarias. No se trata de compañías estratégicas ni productivas, sino de firmas que están en quiebra técnica, con patrimonios negativos y pérdidas que se acumulan año tras año, según datos difundidos por el ministro de la Presidencia, José Luis Lupo.

Dijo que este grupo de empresas representa un severo daño económico para el país, ya que lejos de aportar al desarrollo, se convirtieron en una carga permanente para las finanzas públicas.

No todas las empresas estatales son el problema

El ministro fue claro al marcar una diferencia importante. Empresas estratégicas como YPFB, ENDE y Comibol siguen siendo rentables y concentran nada menos que el 95% de los ingresos de las empresas públicas. El problema está en compañías que no cumplieron su función productiva y hoy sobreviven solo con recursos del Estado.

A estas firmas, Lupo las denominó “empresas zombis” porque operan con pérdidas estructurales, arrastran deudas con el Banco Central de Bolivia (BCB) y con proveedores y no tienen capacidad real de recuperación.

Ni vendiendo todo alcanza

Uno de los datos más duros del informe es que ni siquiera la venta total de activos permitiría cerrar estas empresas sin que el Estado tenga que poner dinero adicional. Aun liquidándolo todo, el país tendría que desembolsar Bs 667 millones más solo para cumplir obligaciones pendientes y concretar su cierre definitivo.

El historial tampoco ayuda. Con el cierre de empresas como ECOBOL, ENATEX, BOLTUR y Construcciones del Ejército, el país perdió 122 millones de dólares. Y en las empresas que hoy están en quiebra técnica se invirtieron 1.294 millones de dólares, recursos que, según el ministro, constituyen un perjuicio directo para las finanzas públicas.

Una política que también se pone en duda

El informe presentado cuestiona además la política de expansión empresarial impulsada durante el gobierno de Luis Arce, que proyectaba destinar 1.100 millones de dólares a la creación de nuevas empresas estatales, pese a los resultados negativos de varias de las ya existentes.

Para el Ejecutivo, la cifra de Bs 667 millones no es un gasto más, sino el costo mínimo para frenar una sangría fiscal que compromete recursos públicos y limita la capacidad del Estado para invertir en áreas prioritarias como salud, educación, infraestructura y desarrollo productivo.

Cerrar estas empresas no es una decisión sencilla, pero seguir manteniéndolas abiertas cuesta mucho más que ponerles punto final, asegura el Gobierno.

Por qué los jóvenes son los más golpeados por la informalidad

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Los jóvenes tienen empleo pero es demasiado precario.

Redacción | Activo$ Bolivia

Hablar de trabajo en Bolivia es, casi siempre, hablar de informalidad. Y no es una exageración. Nuestro país lleva años encabezando los rankings regionales y mundiales de empleo informal, una situación que se agravó tras la pandemia y hoy se profundiza con una economía en recesión y una inflación que aprieta cada vez más.

El economista Fernando Romero explica que Bolivia no tiene un problema de desempleo, sino de empleo precario, informal y de baja calidad. Y los datos confirman esta afirmación.

Según el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre el Panorama Laboral de América Latina y el Caribe, Bolivia ocupa el primer lugar en informalidad laboral. Al primer semestre de 2025, el 82,3% de los trabajadores bolivianos está en la informalidad. Para tener una referencia, Uruguay (que está en el otro extremo) registra solo un 22,3%.

Los jóvenes son los más vulnerables del sistema

Si el panorama general ya es preocupante, la situación de los jóvenes es directamente alarmante. Datos de la OIT muestran que en 2024 la tasa de empleo informal en Bolivia fue del 96,2% entre jóvenes de 15 a 24 años. Es decir, casi todos.

Mientras tanto, hombres y mujeres adultos también enfrentan altos niveles de informalidad (81,9% y 86,1%, respectivamente), pero son los jóvenes quienes cargan con el mayor peso de la crisis. Para muchos de ellos, el salario mínimo no es un derecho, es un privilegio ocasional.

Y aquí aparece una paradoja. Bolivia tiene una de las tasas más bajas de desocupación juvenil de la región, con apenas 5,1%, frente a un promedio regional del 12,5%. ¿Eso es una buena noticia? No necesariamente. Lo que pasa es que los jóvenes sí trabajan, pero lo hacen en condiciones informales, inestables y sin protección social.

Un problema estructural, no pasajero

A diferencia de otros países, la informalidad en Bolivia no es coyuntural, es estructural, dice Romero. Más del 80% de la fuerza laboral vive del autoempleo, el subempleo o actividades de subsistencia. Sin seguro de salud, sin aportes para la jubilación y sin estabilidad.

Comparado con la región, la brecha es enorme. En América Latina, la informalidad laboral ronda el 47% tanto en hombres como en mujeres. Bolivia duplica esas cifras. Y por edad, los jóvenes siguen siendo los más rezagados en el acceso a empleo formal, incluso a nivel regional.

¿Qué se puede hacer?

Romero plantea una idea sencilla, pero poderosa, hacer que la formalidad sea más barata, más fácil y más útil que la informalidad, empezando por los jóvenes y las microempresas.

Si un empleo formal ofrece ingresos estables, acceso a salud, crédito y oportunidades reales de crecimiento, la informalidad puede reducirse de manera gradual y sostenible, incluso en contextos de crisis.

Pero para que eso funcione, Romero dice que la formalización debe dejar de ser sinónimo de trámites interminables, costos altos y burocracia. Mientras ser formal sea complicado y caro, millones de jóvenes seguirán atrapados en trabajos precarios solo para llevar comida a casa.

Una tarea de Estado y de todos

Reducir la informalidad y mejorar las condiciones laborales no es solo un tema económico, debe ser una política de Estado. Romero señala que requiere coordinación entre el gobierno, los gobiernos subnacionales y el sector privado.

Porque detrás de cada cifra hay jóvenes que trabajan duro, pero sin futuro claro. Y mientras no se cambien las reglas del juego, la informalidad seguirá siendo la única opción para toda una generación.

Mucho talento, poca exportación: la contradicción del vino boliviano

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Foto: Cancillería de Bolivia.

Redacción | Activo$ Bolivia

Aunque los vinos bolivianos se lucen cada año en concursos internacionales y más de una etiqueta nuestra ya tiene un lugar reservado en podios y catas especializadas, las cifras del comercio exterior siguen mostrando una realidad menos glamorosa y es que todavía no logran despegar en los mercados internacionales.

Según los datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), las exportaciones de vino están lejos de su mejor momento. La última cifra “fuerte” fue en 2019, cuando Bolivia alcanzó un récord de apenas 233 mil dólares. Desde entonces, las ventas externas han ido bajando y, para 2024, el avance apenas llega a 182 mil dólares y a octubre de 2025 cayó incluso más, a 127 mil. Entonces, hacemos vinos increíbles, pero vendemos poco.

Lo más llamativo es que solo 11 países compran vino boliviano y más del 60% de las compras se concentra en tres: Francia, Estados Unidos y Bélgica. Es decir, hay algunos nichos donde ya nos quieren, pero no estamos generando volumen ni presencia sostenida.

Mientras tanto, las importaciones sí se mueven con fuerza. Argentina domina con un abrumador 76% del mercado de vinos que entran al país, seguida por Francia (8%) y Chile (6%). En otras palabras, somos un país que ama el vino, pero que toma más vino extranjero que el propio.

La paradoja es evidente. Bolivia produce vinos premiados, reconocidos y con enorme potencial; pero afuera todavía no logramos que despeguen. Hay talento, hay calidad y hay historias increíbles en cada botella; pero falta estrategia, presencia y constancia para conquistar mercados más grandes.

El desafío está servido. Quizás es momento de que nuestro vino deje de ser un secreto bien guardado y empiece a hacer ruido donde realmente cuenta: en los anaqueles del mundo.

Un jabón ecológico hecho en Tarija pasó de ser rechazado a ser orgullo local

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Redacción | Activo$ Bolivia

En plena pandemia, cuando el mundo estaba en pausa, los esposos Ana María Aguilera y Edwin Quecaña estaban empezando una aventura dentro de su casa. Dos ingenieros químicos, recién estrenados como papás, con las cuentas apretando y el miedo rondando por la enfermedad. Su laboratorio era la cocina, su materia prima el aceite usado que otros desechaban y su meta era simple pero enorme: demostrar que lo que se hace en Tarija sí sirve.

Ana María recuerda cómo, en aquellos primeros domingos de feria, vendía zapatillas usadas y al lado una cajita con unos jabones que casi nadie miraba. Cuando se enteraban que el jabón era tarijeño, lo desdeñaban por ser nacional. Y claro, a ella le dolía; pero con una mezcla de testarudez y determinación, al siguiente domingo volvía a llevar sus jabones a la feria.

Así pasaron tres años en los ellos seguían probando, mezclando, fallando, reformulando y volviendo a intentar hasta dar con el punto exacto. Así nació Río, un jabón en barra que hoy compite de tú a tú con marcas industriales. Pero con una diferencia que lo cambia todo y es que cada pieza de 200 gramos proviene del reciclaje de aceite que, de no haberse recuperado, habría contaminado hasta 10.000 litros de agua. No es solo jabón, es impacto puro.

Ahora procesan entre 800 y 1.500 litros de aceite cada mes, recolectados de restaurantes, snacks y puestos de comida rápida. Además, recuperan más de mil kilos de grasa animal de carnicerías del Mercado Campesino y Bolívar. Todo lo transforman a través de saponificación en frío, un proceso artesanal que conserva propiedades, evita altas temperaturas y trata al medio ambiente con respeto.

El camino, por supuesto, no ha sido fácil. Edwin debe trabajar siete días en Oruro y descansa siete en Tarija; y esos siete se los dedica completos a producir. Ana María coordina la recolección, cuida a sus hijos y resiste ante una burocracia que parece diseñada para desanimar a cualquiera con permisos para manejo de sustancias controladas, licencias, impuestos, permisos y trámites para los que debe ir hasta La Paz.

Aun así, siguieron adelante. En 2024 fueron uno de los emprendimientos ganadores de la Incubadora de Empresas, recibiendo un impulso de 21.000 bolivianos que invirtieron en el proyecto. Hoy producen unas 100 cajas mensuales —5.000 jabones— y distribuyen en mercados, tiendas y supermercados de Tarija, La Mamora y Padcaya.

Río es algo más que un emprendimiento. Es decirle sí al reciclaje, sí al cuidado del río Guadalquivir, sí al talento tarijeño que no necesita pedir permiso para brillar. “No es solo un jabón que limpia, contribuye a un futuro más sostenible”, dice Ana María, convencida de que cada compra es un voto de confianza a una Tarija que quiere ser más limpia en sus plazas, pero también en su conciencia ambiental.

Lo que empezó en una cocina familiar, ahora se fortalece en una pequeña planta en el barrio 3 de Mayo de Tarija y el jabón Río avanza con la fuerza del río que quiere proteger.

(Fuente: El País de Tarija)

La cocina boliviana vuelve a hacer historia con Arami

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Arami se abre camino y pone a Bolivia en el mapa gastronómico.

Redacción | Activo$ Bolivia

El restaurante Arami está dando de qué hablar. Bajo el talento de la chef Marsia Taha Mohamed y la mirada precisa de la sommelier Andrea Moscoso, acaba de ser elegido como The Best Restaurant in Bolivia 2025 por Latin America’s 50 Best Restaurants y además entró en la lista regional en el puesto 48.

Para Bolivia esto no es cualquier logro. Hasta hoy, el único restaurante del país que había logrado colarse entre los mejores era Gustu y ahora Arami se suma a este club exclusivo.

Abierto en 2024 en el barrio paceño de Achumani, Arami nació con la idea de ofrecer una experiencia de lo que denomina “casual fine dining” (comida casual pero fina) que celebrara los sabores y las historias del país.

Su propuesta viaja por los territorios bolivianos con un cariño especial por la Amazonía y un puente constante hacia los Andes. La cocina creativa de Marsia, el trabajo en sala y los vinos que ofrece Andrea terminan construyendo una identidad que combina biodiversidad, cultura y conservación de manera natural.

El reconocimiento de 50 Best no solo destaca una cocina bien hecha. También apunta a algo más grande. Arami trabaja de la mano de productores, agricultores y comunidades que aportan ingredientes únicos y técnicas ancestrales. La visibilidad que gana el restaurante impulsa a Bolivia como destino gastronómico emergente, un lugar donde todavía queda mucho por descubrir y saborear.

Para el equipo de Arami, este premio es una celebración colectiva. Dicen que es un homenaje a todos los que participan en el viaje del ingrediente, desde quienes lo cultivan hasta quienes lo transforman en el plato. También aseguran que es una motivación enorme para seguir investigando y elevando los productos locales que cuentan la historia del país en cada bocado.

Arami, cuyo nombre proviene de un término guaraní que significa pedacito de cielo, está ubicado en Achumani en la ciudad de La Paz y se convierte en el segundo restaurante boliviano en entrar a la prestigiosa lista de Latin America’s 50 Best Restaurants. Una noticia que confirma que la gastronomía boliviana sigue creciendo, explorando y sorprendiendo al mundo.

La yuca tiene ADN boliviano: un hallazgo que cambia paradigmas

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Bolivia es el origen inesperado de la yuca, según los estudios de la UMSS.

Edwin Carpio San Miguel | Activo$ Bolivia

Un hallazgo científico desarrollado en el Centro de Biotecnología y Nanotecnología (CByN) de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) está cambiando la narrativa global sobre uno de los cultivos más importantes del planeta: la yuca.

Investigaciones genómicas dirigidas por la especialista Esther Rojas apuntan a que este tubérculo, base alimentaria para más de mil millones de personas, habría sido domesticado en Bolivia, no una sino dos veces, y posiblemente por culturas precolombinas distintas.

Domesticación

La domesticación es el proceso mediante el cual los pueblos transforman plantas silvestres para hacerlas más productivas y seguras. En el caso de la yuca, esto implicó “entrenar” una especie tóxica y diversa para convertirla en un cultivo estable, con raíces comestibles y adaptadas al entorno humano.

Los estudios del centro de la UMSS comparan el genoma de la yuca cultivada (Manihot esculenta Crantz) con poblaciones silvestres bolivianas, integrando análisis moleculares con evidencias arqueológicas y conocimientos etnobotánicos actuales.

El rol de dos pueblos de tierras bajas

Los resultados, presentados en simposios especializados en Bolivia y en la Universidad de Lieja (Bélgica), indican que dos culturas de las tierras bajas habrían protagonizado este proceso: la cultura casarabe, con su avanzada ingeniería hidráulica y agricultura en montículos, y los pueblos guaraníes, reconocidos por su profundo manejo de la biodiversidad regional.

La evidencia genética sugiere que ambas sociedades habrían transformado de manera independiente la yuca silvestre o que al menos existió un complejo flujo de intercambio entre sus variedades.

Más allá de revalorizar el rol de las civilizaciones amazónicas bolivianas, este trabajo científico abre nuevas rutas para el desarrollo agrícola futuro. La diversidad genética conservada en Bolivia podría ser clave para obtener variedades de yuca resistentes al cambio climático, elevando el valor estratégico del germoplasma nacional para la seguridad alimentaria global.

El estudio, próximo a publicarse en una revista internacional, posiciona a Bolivia como un centro de domesticación crucial en la historia agrícola del continente y del mundo.

¿Dónde está el dinero de los jubilados? Así se mueve la plata que administra la Gestora

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Foto: ABI

Redacción | Activo$ Bolivia

En medio de la discusión pública sobre el manejo de los aportes de los trabajadores, es importante mirar los datos oficiales y entender, sin rodeos, dónde está invertido el dinero de los 2,8 millones de afiliados al Sistema Integral de Pensiones (SIP). Sí, son 2,8 millones de personas cuyo ahorro mueve la gigantesca cifra de Bs 192.830 millones, unos $us 28.109 millones al segundo trimestre de 2025.

Según el análisis del economista Fernando Romero, el 63% de la plata está en el sector público y el 37% en el sector privado. Y aunque suena a mucho riesgo, la verdad es que la mayor parte de la cartera está en instrumentos financieros considerados “de bajo riesgo”.

Casi un cuarto (22,66%) tiene calificación AAA, otro 16,55% está en AA1 y así sucesivamente, bajando a AA2 y AA3. Eso sí, hay un dato que llama la atención y es que el 36,3% del total está en deuda soberana, lo que siempre abre el debate sobre la exposición a las finanzas del Estado.

Otro punto clave es que el 94% de las inversiones están en moneda nacional, apenas un 5% en dólares y un resto en UFV y MVDOL (Moneda Nacional con Mantenimiento de Valor). Este sesgo hacia lo nacional tiene sus ventajas y sus tensiones, dependiendo del momento económico.

Si se mira dónde fue a parar la plata solo en el segundo trimestre de 2025, el SIP la movió así:

  • 48,78% en depósitos a plazo fijo,
  • 30% en bonos del Tesoro General de la Nación (TGN),
  • 8,52% en cuotas de participación FIC,
  • 3,29% en bonos de largo plazo,
  • 2,79% en cupones de bonos,
  • y el resto, 6,22%, en otros instrumentos.

En pocas palabras, nada fuera de lugar. Incluso, se estima que el SIP solo tiene 313 millones de dólares en alta liquidez, lo que confirma que la estrategia está más orientada a inversiones de largo aliento que a cajas rápidas.

En cuanto a los aportantes, los números muestran que el 61% son hombres y 39% mujeres, y que la mayoría (88%) son trabajadores dependientes. Solo un 12% aporta como independiente, una señal de lo difícil que es formalizarse en Bolivia.

La recaudación también muestra movimiento. Solo en octubre de 2025, el SIP recibió Bs 1.169 millones, unos $us 170 millones, lo que representa un crecimiento del 9% respecto al mismo mes del año anterior. Con ese flujo mensual, es natural que surjan debates sobre cómo se usa el dinero.

Y es que la polémica reciente entre autoridades actuales y anteriores puso los reflectores sobre la Gestora Pública. Por eso, Romero comparte estos datos para que la discusión no se base en sospechas sino en cifras.

Aun así, recalca que mostrar los datos no excluye la necesidad de auditorías serias y estudios financieros que aclaren si los recursos fueron gestionados de manera eficiente y a favor de los aportantes.

Entonces, la plata está invertida, se mueve, tiene lógica técnica; pero también necesita transparencia total. Porque al final, estamos hablando del ahorro de toda una vida.

“Clima Perfecto”: el plan de Ramón Daza para hacer de Cochabamba un motor económico

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El empresario Ramón Daza Salamanca, ahora precandidato a la Alcaldía de Cochabamba. (Foto: RR.SS. R. Daza)

Redacción | Activo$ Bolivia

Ramón Daza Salamanca, líder empresarial y uno de los pensadores de desarrollo más influyentes del departamento, decidió dar un paso más y lanzó oficialmente su precandidatura a la Alcaldía de Cochabamba.

Lo hace con una propuesta que no suena a eslogan, sino a plan de trabajo y es convertir a Cochabamba en el “centro de gravedad económico” de Bolivia. Nada menos.

Su idea parte de un diagnóstico sencillo pero contundente: durante décadas, Cochabamba fue el “punto medio” entre occidente y oriente, un territorio de tránsito. Daza quiere romper esa etiqueta y transformar la condición geográfica en una ventaja competitiva.

A ese proceso lo bautizó como Efecto Cochabamba, un cambio de chip que apunta a que la región deje de ser un corredor y se convierta en un nodo decisivo de energía, talento y logística.

Su propuesta fue bautizada como “Clima Perfecto”, una estrategia territorial a diez años que articula tres ejes con identidad quechua: Kallpa (energía limpia), Yan (logística e infraestructura) y Sumaj (bienestar integral). No es poesía ancestral, es un plan con cifras, plazos y obligaciones. “Clima Perfecto no es una metáfora, es una manera de gobernar”, insiste Daza.

El corazón del plan es la confianza. Para él, no hay inversión sin instituciones sólidas, ni empleo sin inversión, ni bienestar sin empleo. Por eso plantea lo que denomina una Estrategia Global de Desarrollo Regional acompañada de una Marca Territorial, ambas blindadas por un principio innegociable que es la tolerancia cero a la corrupción.

El nuevo rol de Cochabamba

En un mundo donde la transición energética, el nearshoring (reubicar las operaciones comerciales en un país cercano) y la economía del dato mandan, Cochabamba —con agua regulada, temperatura estable, baja sismicidad y buena conectividad— podría posicionarse como el nodo interior más competitivo de Bolivia.

Daza cree que aquí hay una ventana real para atraer industrias verdes, centros de datos y nuevas fábricas de tecnología.

Kallpa, el primer eje, apuesta por elevar la generación de energía limpia de 480 MW a 1.100 MW hasta 2035, apoyándose en el triángulo Misicuni–Corani–Ivirizu y en nuevos parques solares. La visión va más allá de producir energía, se trata de unir agua, clima y tecnología para que Cochabamba se vuelva tierra fértil para data centers y ecosistemas de software.

El segundo eje, Yan, propone convertir Santiváñez en un hub logístico nacional e internacional, con una Zona Económica Especial Exportadora, aduana interna, parque industrial, silos, cadena de frío y control digital de carga. La meta es mover seis millones de toneladas al año y generar más de 25.000 empleos.

Finalmente, Sumaj pone el bienestar en el centro del desarrollo. Daza habla de educación bilingüe productiva, certificaciones tecnológicas, salud preventiva, turismo médico, cultura como industria y transporte público 100% eléctrico. Todo ello medido con un futuro Índice de Bienestar Urbano.

El cerebro del proyecto

Uno de los componentes más llamativos es la reinvención del Campo Ferial de Alalay como centro permanente de innovación, diplomacia económica y planificación regional. Un laboratorio donde academia, empresas y gobiernos trabajen juntos los 365 días del año.

Para asegurar continuidad, propone además un Comité de Estrategia Global y Marca Territorial, una instancia técnica y consultiva encargada de coordinar, evaluar y blindar la coherencia del modelo. “La confianza no se decreta, se construye con actos”, recalca Daza.

Ramón Daza entra a la contienda electoral con una idea ambiciosa: que Cochabamba deje de ser un punto en el mapa y se convierta en el corazón económico de Bolivia. El desafío ahora es convertir esa visión en obras, contratos, inversión y resultados. Él afirma que ese es el verdadero “Clima Perfecto”.