
Redacción | Activo$ Bolivia
Seguro te ha pasado o conoces a alguien que lo hace mes a mes: abrir una app en el celular, poner unos cuantos datos y, en cuestión de minutos, enviar dinero a la familia en América Latina. El dinero vuela, literal. Las remesas digitales están viviendo su época dorada en la región, marcando récords año tras año y facilitándole la vida a millones de personas. Suena al escenario perfecto, ¿verdad? Bueno, no tan rápido, porque no todo lo que brilla es oro.
Bloomberg Línea reporta que la aseguradora Chubb se puso a investigar a fondo este fenómeno y acaba de destapar una realidad bastante incómoda y es que enviar plata por una plataforma digital es rápido y comodísimo, pero este tremendo boom también le abrió la puerta de par en par a nuevas vulnerabilidades, alertas y dolores de cabeza que antes no teníamos en el radar.
El principal problema es lo que los expertos llaman la «trampa de la confianza». Nos hemos vuelto tan dependientes de la tecnología y confiamos tanto en que «la app no falla», que nos olvidamos de los riesgos reales. El informe de Chubb revela un desfase enorme entre lo seguros que nos sentimos al usar estos servicios y las amenazas a las que realmente estamos expuestos. ¿De qué estamos hablando? Principalmente de fraudes cibernéticos, hackeos, retrasos inesperados y tarifas ocultas que terminan mordiéndole un buen pedazo al dinero que con tanto esfuerzo se envía. Por ejemplo, solo en México, más de la mitad de los beneficiarios se quejan de las altas tarifas que terminan pagando.
Bloomberg Línea señala que la cosa se pone más seria cuando miramos a los protagonistas de esta historia pues muchos de los que envían dinero desde el extranjero son trabajadores independientes o de la famosa gig economy (repartidores, conductores, freelancers). Para ellos, si la app falla, si les clonan la cuenta o si el dinero se queda «atrapado» en el limbo digital por un error del sistema, el impacto no es solo un mal rato; es un golpe directo a la comida, la salud o la educación de sus familias. Las remesas en Latinoamérica no son un lujo, son un salvavidas.
Entonces, ¿cuál es la solución? Según Chubb, la pelota ahora está en la cancha de los bancos y de las plataformas digitales. Ya no basta con que hagan la app más bonita o que el envío tarde tres minutos menos; la industria tiene que ponerse las pilas para ofrecer protección financiera de verdad. La idea es empezar a integrar seguros directamente en el punto de transferencia y mejorar los sistemas de soporte en varios idiomas. Es decir, que si algo sale mal (como un fraude o un ciberataque), el usuario no se quede flotando en la nada, sino que tenga un respaldo real.
La demanda y las ganas de usar tecnología están ahí, de eso no hay duda. Ahora la verdadera pregunta es qué tan rápido van a reaccionar las empresas para que enviar dinero a casa siga siendo sinónimo de ayuda y no de un susto digital. Mientras tanto, el consejo para todos nosotros es el de siempre: ojo con las contraseñas, usa apps verificadas y no te fíes a ciegas.