
Redacción | Activo$ Bolivia
La deuda externa de Bolivia sigue creciendo, aunque de manera moderada. Hasta junio de 2026, el país acumuló una deuda pública externa de 14.357,7 millones de dólares, una cifra que puede sonar alarmante a primera vista, pero el economista Fernando Romero considera que todavía se mantiene dentro de parámetros sostenibles a nivel internacional.
Entonces, ¿debemos preocuparnos? La respuesta corta de Romero es que sí, pero no por las razones que muchos imaginan.
El principal problema de la economía boliviana, dice, no es que el país esté quebrado o que no pueda pagar sus deudas. El verdadero desafío es que cada vez le cuesta más conseguir los dólares necesarios para cumplir con sus obligaciones financieras.
La deuda sigue aumentando
Durante el primer semestre de este año, Bolivia recibió más de 1.200 millones de dólares en nuevos créditos externos y pagó cerca de 1.285 millones entre capital, intereses y comisiones. El saldo total aumentó apenas un 1,4% respecto a finales de 2025.
A simple vista, el incremento no parece preocupante. Sin embargo, detrás de las cifras existen algunos cambios importantes que merecen atención.
Uno de ellos es el regreso del país a los mercados internacionales de capitales con la emisión de 1.000 millones de dólares en Bonos Soberanos. Esto permitió dar oxígeno a las finanzas públicas, pero también implica asumir financiamiento más caro que los tradicionales créditos de organismos multilaterales.
La buena noticia: Bolivia no está insolvente
Los indicadores internacionales muestran que la deuda externa equivale al 26,5% del Producto Interno Bruto (PIB), muy por debajo del umbral del 40% que organismos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional utilizan como referencia para economías similares.
Además, cerca del 75% de la deuda está contratada con organismos multilaterales como el BID, CAF y el Banco Mundial, que ofrecen mejores condiciones financieras, con tasas más bajas y mayores plazos para pagar.
Esto significa que, desde el punto de vista técnico, Bolivia aún tiene capacidad para responder por sus obligaciones, dice Romero.
El problema es la falta de dólares
Si la deuda no es excesiva, ¿por qué preocupa? La respuesta de Romero está en la liquidez. El país necesita dólares para pagar sus compromisos externos y hoy genera menos divisas que hace algunos años.
Las exportaciones han disminuido debido a la caída de la producción de gas natural, un menor dinamismo en algunos minerales y los problemas económicos y sociales que afectaron al comercio exterior durante los últimos meses.
Al mismo tiempo, el pago del servicio de la deuda representa ya el 19,4% del valor de las exportaciones, superando el límite de referencia del 15% que utilizan los organismos internacionales.
En otras palabras, el problema no es cuánto se debe, sino que cada vez hay menos dólares disponibles para pagar.
¿Existe riesgo de default?
Por ahora, no, afirma Romero. Bolivia continúa cumpliendo con el pago de su deuda y mantiene acceso al financiamiento internacional. No existe un escenario de default inminente.
Sin embargo, el economista advierte que la combinación de déficit fiscal, inflación, desaceleración económica, escasez de divisas y menores exportaciones sí aumenta el riesgo de que, en los próximos años, el país tenga mayores dificultades para refinanciar sus obligaciones.
A ello se suma que las Reservas Internacionales Netas cuentan con una disponibilidad limitada de divisas líquidas, lo que reduce el margen de maniobra frente a eventuales crisis externas o mayores presiones sobre el mercado cambiario.
¿Un préstamo del FMI podría ayudar?
Uno de los escenarios que comenzó a discutirse en los últimos meses es la posibilidad de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional por aproximadamente 5.000 millones de dólares.
Desde una perspectiva económica, Romero dice que un financiamiento de esta magnitud permitiría fortalecer las reservas internacionales, reducir la presión sobre el dólar y recuperar parte de la confianza de los mercados internacionales.
No obstante, el dinero no llegaría sin condiciones. El FMI probablemente exigiría un programa de ajustes económicos orientado a reducir el déficit fiscal, mejorar la eficiencia del gasto público y generar un entorno más favorable para las inversiones.
Romero hace notar que ningún préstamo resolverá por sí solo los problemas estructurales de la economía boliviana.
¿Qué necesita hacer Bolivia?
El economista identifica tres tareas urgentes:
- Reducir gradualmente el déficit fiscal y mejorar la sostenibilidad de las finanzas públicas.
- Recuperar la capacidad del país para generar dólares mediante más exportaciones e inversiones.
- Priorizar créditos multilaterales y mejorar la gestión estratégica de la deuda pública.
La conclusión es que Bolivia todavía tiene margen para administrar su deuda externa, pero el tiempo para corregir los desequilibrios económicos comienza a acortarse.
El gran desafío ya no es conseguir más préstamos. Es lograr que la economía vuelva a crecer, genere más divisas y recupere la confianza necesaria para sostener sus obligaciones financieras en el largo plazo.