
Edwin Carpio San Miguel | Activos$ Bolivia
En consulta, no todo se mide bajo la lupa de los análisis clínicos ni se resuelve con una prescripción médica. Hay silencios, temores y hábitos que también enferman. La doctora Maryliz Torrico dice que detrás de cada paciente hay una historia que necesita ser entendida antes de ser tratada. Por eso, su práctica médica trasciende lo convencional y convierte cada diagnóstico en un punto de partida para transformar no solo la salud, sino también la forma de vivir.
Formada en la Universidad Privada del Valle y especializada en Medicina Interna en el Hospital Belga, Torrico lleva más de ocho años construyendo una relación cercana con sus pacientes, basada en la confianza y el acompañamiento integral.
La Medicina Interna, su especialidad, se enfoca en entender al paciente como un todo; en abordar enfermedades no quirúrgicas como la diabetes, la hipertensión, la obesidad, patologías respiratorias o gastrointestinales desde una mirada global. En su consulta, cada diagnóstico es también una historia que debe ser comprendida.
El riesgo silencioso en el plato
En Cochabamba, donde la cultura gastronómica es motivo de orgullo, también se esconde un riesgo silencioso. La frase “vivir para comer” se ha normalizado, pero para la doctora Maryliz Torrico representa uno de los principales factores detrás del aumento de enfermedades como la obesidad, la diabetes y la hipertensión.
“El problema no es la comida, sino el exceso”, explica. El consumo desmedido de grasas, azúcares y sal está desencadenando un deterioro progresivo en la salud de la población. “Todo en exceso hace daño”, subraya la especialista, enfatizando en la necesidad de encontrar equilibrio.
Más que prohibir, su enfoque apunta a educar. Comer bien no significa dejar de disfrutar, sino aprender a moderar, a elegir mejor y a entender que la alimentación es el combustible del cuerpo.

La especialista afirma que no se trata de dejar de comer, sino de aprender a hacerlo con responsabilidad. Porque la salud, en gran medida, también se construye desde el plato de comida.
La calidez es tan importante como los medicamentos
Pero lo que marca la diferencia en su ejercicio profesional es su enfoque humano. Torrico reconoce que muchos pacientes necesitan algo más que medicamentos. “Necesitan ser escuchados. A veces tenemos que a ser también psicólogos”, admite, al explicar cómo el acompañamiento emocional se convierte en una herramienta clave en procesos complejos como el diagnóstico de enfermedades crónicas.
Su trabajo cobra especial relevancia en una sociedad donde patologías como la diabetes y la presión alta van en aumento, muchas veces impulsadas por hábitos alimenticios inadecuados y por el sedentarismo. En ese escenario, su rol no solo es curativo, sino educativo pues la receta dispensada incluye enseñar a vivir mejor.
Con una atención personalizada y un enfoque integral, Torrico no solo trata enfermedades, sino que guía a sus pacientes hacia un cambio de vida porque sanar también implica comprender, aceptar y transformar.