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miércoles, agosto 12, 2026
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Robótica en Bolivia: hay talento, pero el sistema frena el despegue

Francisco Triveño, doctor boliviano en Ingeniería con trayectoria en Brasil, Asia y Oriente Medio.

Sandra Arias Lazcano | Activo$ Bolivia

Mientras en varias potencias se libra una carrera por dominar la inteligencia artificial, los vehículos autónomos y la robótica humanoide, en Bolivia la discusión tecnológica todavía tropieza con carencias básicas como laboratorios cerrados, docentes desactualizados y estructuras universitarias cuestionadas. Esa es la lectura de Francisco Triveño, doctor boliviano en Ingeniería con trayectoria en Brasil, Asia y Oriente Medio, donde participa en proyectos de alta complejidad vinculados al diseño de controladores de vuelo y sistemas avanzados.

Su diagnóstico es duro, pero no pesimista. Repite una idea central y es que el problema no es la capacidad de los bolivianos, sino el sistema que no logra convertir talento en desarrollo sostenido.

Inteligencia sin estructura

Para Triveño, Bolivia produce estudiantes brillantes capaces de destacar en cualquier escenario internacional. Ha visto casos concretos de jóvenes bolivianos superando expectativas en universidades extranjeras. Sin embargo, considera que esos éxitos siguen siendo “puntos singulares”, excepciones individuales más que resultados de una política educativa sólida.

En su análisis, la enseñanza de la robótica en el país suele comenzar con una confusión conceptual. En etapas tempranas se asocia robótica con manualidades o competencias escolares, cuando en realidad se trata de una disciplina que integra programación, electrónica, control automático, diseño mecánico y, sobre todo, matemática aplicada.

El riesgo, advierte, es crear expectativas falsas. El estudiante cree que construir un prototipo básico equivale a dominar robótica, cuando los estándares internacionales exigen capacidades mucho más profundas.

Robótica productiva

El experto valora que en Bolivia se impulse la robótica desde primaria y secundaria, pero sostiene que eso no basta. El siguiente paso debe ser conectar esa formación con aplicaciones reales como la automatización industrial, mantenimiento predictivo, logística inteligente, agricultura de precisión y soluciones energéticas.

Menciona con optimismo iniciativas en Santa Cruz, donde algunos de sus exalumnos comenzaron a introducir robótica industrial dentro del polo productivo regional. Para él, ahí está la ruta correcta, pasar de competir por medallas a resolver problemas económicos concretos.

Bolivia, dice, no puede limitarse a ser usuaria de tecnología importada. Necesita formar desarrolladores capaces de adaptar y crear soluciones propias.

El costo de cerrar puertas

Sobre el trato al talento formado en el exterior, Triveño lamenta que muchos profesionales que regresan con doctorados, experiencia internacional y redes globales encuentren resistencia institucional en lugar de oportunidades.

Sostiene que el país debería aprovechar ese capital humano para modernizar carreras, abrir líneas de investigación y elevar estándares docentes. Cuando eso no ocurre, la consecuencia natural es la fuga de cerebros.

Para un país pequeño, perder especialistas de alto nivel no es un detalle menor, es renunciar a acelerar décadas de aprendizaje.

Diseñar el “cerebro” de los aviones

Desde mercados de Asia y Oriente Medio, Triveño trabaja en áreas donde se define buena parte del futuro tecnológico con software embarcado, integración entre hardware y software y sistemas de control para aeronaves.

Explica que varias naciones con fuerte capacidad financiera están invirtiendo para dominar tecnologías estratégicas de punta. No solo se trata de fabricar vehículos, sino de controlar sus componentes críticos como procesadores, sensores, baterías, telecomunicaciones y algoritmos.

En ese tablero global, quien domina el conocimiento no solo vende productos, sino que también fija reglas, genera empleo altamente calificado y multiplica innovación.

La base olvidada: matemáticas

Francisco Triveño insiste en que la mayor barrera para competir globalmente no es la falta de creatividad, sino la debilidad en matemáticas.

La robótica industrial, los drones, los sistemas aeronáuticos y los humanoides requieren modelado, álgebra, cálculo, optimización y análisis de datos. Sin ese lenguaje técnico, cualquier avance queda limitado al nivel demostrativo.

“Hay que volver a hacer de la matemática un gusto”, recomienda.

La reforma pendiente

Al final, su propuesta va más allá de la robótica. Plantea una revisión profunda de todo el sistema educativo en Bolivia con más disciplina y preparación docente en la escuela y colegio; y una transformación universitaria enfocada en excelencia académica, transparencia y resultados medibles.

Su mensaje de fondo no es de derrota, sino de urgencia. Bolivia sí tiene talento; pero le falta es construir el ecosistema que lo potencie. En tiempos donde la tecnología redefine economías enteras, seguir postergando esa tarea puede resultar mucho más costoso que emprenderla ya mismo.

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