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La universidad boliviana que da cátedra en inclusión y rompe barreras

Jhoel Mamani y Alex Bustamante superaron barreras para titularse y lo lograron con el apoyo de un programa de inclusión en la UMSA.

Redacción | Activo$ Bolivia

Perder la vista a los 19 años no detuvo a Jhoel Mamani para hacer una carrera universitaria. Tampoco un accidente que afectó la movilidad de sus manos cambió el deseo de Alex Bustamante de construir una carrera profesional. Aunque sus historias son diferentes, ambos comparten una convicción, las barreras pueden superarse cuando existen perseverancia, oportunidades y una comunidad dispuesta a acompañar.

Los dos estudiaron en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en La Paz, y encontraron en la educación una oportunidad para transformar sus vidas. Sus experiencias también reflejan los desafíos que todavía enfrentan los estudiantes con discapacidad para acceder a una formación universitaria inclusiva.

Jhoel Mamani, perdió la vista y se tituló por excelencia

Jhoel estudió Ciencias de la Educación para el Desarrollo Sostenible en el municipio de Caranavi, al norte del departamento de La Paz. Su formación estuvo marcada por el aprendizaje de nuevas herramientas y la búsqueda constante de alternativas para superar las dificultades de accesibilidad.

Para estudiar, aprendió a utilizar programas que leen en voz alta los textos de su computadora y celular. También grababa sus clases y buscaba soluciones cuando debía rendir exámenes que no estaban adaptados a sus necesidades.

En ese camino encontró docentes que le facilitaron materiales y evaluaciones accesibles. Con otros, en cambio, tuvo que insistir para conseguir las condiciones necesarias para demostrar sus conocimientos.

Su esfuerzo tuvo recompensa en agosto de este año, cuando logró titularse por excelencia académica. Sin embargo, ese reconocimiento no marcó el final de sus objetivos profesionales.

Actualmente, Jhoel estudia Derecho en la UMSA. Su propósito es combinar sus conocimientos en educación con una formación jurídica que le permita contribuir a la defensa de los derechos de las personas con discapacidad.

“Quiero aplicar mi primera carrera en el proceso de aprendizaje para personas con discapacidad y quizá en un futuro defender nuestros derechos cuando termine mi segunda carrera”, cuenta.

Su historia muestra cómo la tecnología puede convertirse en una herramienta clave para el acceso a la educación, pero también evidencia la importancia de que las universidades adapten sus materiales, evaluaciones y métodos de enseñanza.

Alex Bustamante convirtió un accidente en una vocación

La historia de Alex Bustamante comenzó con un accidente que afectó la movilidad de sus manos. Durante su rehabilitación conoció de cerca el trabajo de los fisioterapeutas y descubrió una profesión que despertó su interés por ayudar a otras personas.

Esa experiencia lo llevó a estudiar Fisioterapia y Kinesiología en la UMSA, donde se tituló en julio de este año. Lejos de detenerse con la obtención de su título, decidió continuar su preparación profesional.

Actualmente cursa dos posgrados, uno en fisioterapia intrahospitalaria y otro en oncología, con el objetivo de ampliar sus conocimientos y capacidades en el área de la salud.

Su recorrido también está marcado por el acompañamiento que recibió durante su etapa universitaria. Alex recuerda con especial cariño a las personas que lo apoyaron y a la comunidad que encontró dentro de la institución.

“Todo cuesta, pero de verdad vale la pena”, afirma al animar a otros jóvenes con discapacidad a continuar sus estudios y perseguir sus metas profesionales.

Para él, la universidad no solo representó un espacio de formación académica, sino también una oportunidad para construir vínculos y encontrar personas que comprendieran sus desafíos.

Tawa, una familia que acompaña a estudiantes con discapacidad

Jhoel y Alex tienen algo más en común, ambos formaron parte de Tawa K’iklluq Wasi, el programa de la UMSA que acompaña a estudiantes con discapacidad durante su formación universitaria.

Alex incluso llegó a ser presidente de esta comunidad, que se convirtió en una parte importante de su experiencia académica y personal.

“Dentro de la UMSA conocí una familia, que llegó a ser Tawa”, recuerda.

El programa cumple 11 años este 16 de octubre y trabaja para mejorar las condiciones de inclusión en la universidad pública paceña. Entre sus actividades están la orientación a estudiantes, el apoyo psicopedagógico, el acompañamiento en trámites y la capacitación de docentes para facilitar una enseñanza accesible.

Este año, la UMSA registra más de 340 estudiantes con discapacidad distribuidos en más de 28 carreras. Sin embargo, la cifra podría ser mayor, debido a que algunos estudiantes no declaran su condición.

El trabajo de Tawa busca responder a las necesidades de esta comunidad y contribuir a que la discapacidad no se convierta en un obstáculo para el ingreso, la permanencia y la conclusión de los estudios superiores.

Inclusión universitaria significa ofrecer oportunidades

Para Ketty Arce, coordinadora general de Tawa, la inclusión no consiste en aprobar a un estudiante por lástima ni en sobreprotegerlo. El objetivo es brindar las condiciones necesarias para que cada persona pueda aprender, desarrollar sus capacidades y demostrar sus conocimientos.

Esto implica adaptar materiales y evaluaciones, incorporar herramientas accesibles y sensibilizar a los docentes sobre las distintas necesidades de sus estudiantes.

Una de las características del programa es que los propios universitarios con discapacidad participan como capacitadores. La iniciativa se guía por el principio “Nada de nosotros sin nosotros”, que promueve la participación directa de las personas con discapacidad en las decisiones que afectan su formación y sus derechos.

En esa misma línea, la UMSA desarrolla esta semana el IV Ciclo Científico Universidad Inclusiva, con la participación de especialistas nacionales e internacionales. El encuentro busca avanzar en propuestas de políticas y guías que contribuyan a eliminar las barreras que todavía persisten en el ámbito educativo.

El desafío de construir una universidad más accesible

En el Día Nacional de las Personas con Discapacidad, que se conmemora cada 15 de octubre en Bolivia, las historias de Jhoel Mamani y Alex Bustamante ponen el foco en los desafíos y las oportunidades de la educación inclusiva.

Sus títulos universitarios son el resultado de años de esfuerzo, decisiones personales y perseverancia, pero también del apoyo de docentes, compañeros y programas que contribuyeron a que pudieran avanzar.

Ambos reconocen que todavía queda mucho por mejorar en accesibilidad y sensibilización. Sus experiencias muestran que la inclusión no depende únicamente de la voluntad individual de superar dificultades, sino también de que las instituciones eliminen barreras y garanticen condiciones adecuadas para aprender.

Jhoel quiere utilizar sus conocimientos para contribuir a la educación y defender los derechos de las personas con discapacidad. Alex busca seguir especializándose para ayudar a sus pacientes desde la fisioterapia.

Sus caminos son distintos, pero comparten una misma lección, la educación inclusiva no consiste en reducir las exigencias, sino en crear las condiciones para que todos puedan demostrar lo que son capaces de hacer.

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