
Redacción | Activo$ Bolivia
A las nueve de la noche, cuando la mayoría de las oficinas ya apagó las luces y muchos hombres sienten que el día terminó, para cientos de mujeres bolivianas empieza otra jornada. Una que no tiene salario, aguinaldo ni aportes para la jubilación. Cocinar, ordenar la casa, revisar tareas escolares, cuidar a padres mayores, organizar horarios y mantener funcionando el hogar forma parte de un trabajo invisible que sostiene a las familias y también a la economía.
Eso es justamente lo que revela un estudio de la Cámara de Mujeres Empresarias de Bolivia (CAMEBOL), realizado junto a Ipsos CIESMORI, que pone cifras a una realidad que millones de mujeres viven todos los días, incluso quienes alcanzaron independencia económica y cargos de liderazgo siguen cargando con la mayor parte del cuidado doméstico.
Las encuestadas no son precisamente mujeres alejadas del mercado laboral. Son empresarias, ejecutivas, profesionales independientes y emprendedoras. El 54% tiene maestría y un 5% doctorado. Muchas toman decisiones importantes, manejan equipos y administran negocios. Pero al llegar a casa, la mayoría sigue trabajando.
La investigación muestra que dedican, en promedio, 10,5 horas diarias entre trabajo remunerado y tareas de cuidado. Algunas incluso superan las 55 horas semanales, un límite que organismos internacionales consideran riesgoso para la salud.
Y el problema no es sólo físico. También es emocional y mental.

La mayoría asegura que las tareas domésticas se realizan principalmente de noche, cuando termina la jornada formal. El tiempo libre prácticamente desaparece. Casi la mitad admite tener “muy poco” tiempo personal y algunas reconocen no tener ninguno.
Ahí aparece uno de los datos más duros y es que un tercio de las mujeres asume sola las responsabilidades del hogar y del cuidado. Incluso viviendo en pareja, la distribución sigue siendo desigual. Y entre quienes consideran injusta esa carga, el 84% quisiera redistribuirla.
En otras palabras, el problema ya no es únicamente que las mujeres tengan acceso al empleo. El problema es que ahora trabajan dentro y fuera de casa al mismo tiempo.
El estudio también conecta con una realidad que el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA) viene advirtiendo con un estudio hecho en 2023 que señala que el trabajo doméstico y de cuidado funciona como un enorme subsidio invisible para la economía boliviana. Si las mujeres dejaran de cuidar niños, cocinar, atender adultos mayores o sostener emocionalmente a sus familias, gran parte del sistema simplemente no funcionaría.

Pero como ese trabajo no se paga ni aparece en las estadísticas económicas tradicionales, muchas veces se lo considera “natural” o “parte del rol femenino”.
Y ahí está una de las trampas más grandes.
Porque incluso entre mujeres con ingresos propios y capacidad de contratar apoyo, el cuidado sigue resolviéndose principalmente dentro de la familia. Más de la mitad recurre a familiares para cuidar dependientes y sólo una parte logra acceder a apoyo remunerado permanente.
“La familia cuida a la familia”, resume el estudio. Pero en la práctica, quienes más cuidan siguen siendo las mujeres.
Además de las horas visibles, existe otra carga más silenciosa: la mental. Son ellas quienes recuerdan citas médicas, coordinan actividades escolares, organizan comidas, anticipan problemas y mantienen funcionando la logística emocional del hogar mientras cumplen jornadas laborales exigentes.
Ese desgaste constante tiene consecuencias. Menos tiempo para descansar, estudiar, emprender nuevos proyectos, participar en política o simplemente tener vida personal.

Por eso la economista Alejandra Candia, autora del estudio, insiste en que el cuidado no puede seguir tratándose como un asunto privado.
“La economía del cuidado no es un tema doméstico, es un tema económico importante, de bienestar y de participación. Redistribuir el cuidado es redistribuir oportunidades”, sostiene.
La frase resume perfectamente lo que ocurre hoy en Bolivia porque muchas mujeres no están eligiendo entre trabajar o cuidar. Están haciendo ambas cosas al mismo tiempo.
Y mientras ese esfuerzo siga siendo invisible, el éxito profesional femenino seguirá teniendo un costo mucho más alto que el de los hombres.